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Donald Tusk, primer ministro polaco

Donald Tusk, primer ministro polacoAFP

Tusk sale victorioso de la moción de confianza en Polonia pero no despeja las dudas sobre su Gobierno

El primer ministro ha tenido 243 votos favorables por 210 en contra

El presidente en Polonia no tiene competencias ejecutivas ni un gran poder político, pero sí posee una cualidad vital: puede vetar las leyes aprobadas en el Parlamento. Este escenario complica enormemente las cosas si el presidente no está alineado con las políticas del primer ministro, como venía pasando en el país, con Andrzej Duda vetando las reformas propuestas por Donald Tusk.

Es por ello que, en las elecciones presidenciales de hace 10 días, Tusk se jugaba mucho. Si vencía su candidato, Rafał Trzaskowski, Tusk tendría vía libre para gobernar como quisiera. El primer ministro soñó con esa posibilidad cuando los primeros sondeos a pie de urna apuntaron en esa dirección, pero finalmente se dio de bruces con la realidad: Karol Nawrocki, candidato del partido conservador Ley y Justicia (PiS), fue elegido presidente de Polonia y aseguró que seguiría la línea escogida por Duda de bloquear las políticas de Tusk. Golpeado por un duro varapalo electoral, el primer ministro decidió someter su Gobierno a una moción de confianza.

Finalmente, y como se esperaba en todas las quinielas pues cuenta con mayoría en el Parlamento, Tusk ha salido victorioso de dicha moción, apoyado por 243 votos favorables contra 210 en contra. Nadie se abstuvo. La coalición liberal de Tusk cuenta con 242 escaños de los 460, por lo que incluso si perdiese la diferencia de 12 diputados frente a la bancada de la oposición, podría seguir gobernando en minoría, aunque su posición quedaría muy comprometida. La oposición necesitaría una mayoría de 307 diputados para disolver el Parlamento y convocar los comicios.

«Necesitaba este voto de confianza por razones obvias. Saben, hubo un comprensible alboroto, un clamor, especulaciones sobre si el Gobierno sobreviviría, si Tusk sería derrocado. Ya saben a qué me refiero, porque los medios también están llenos de eso y es difícil trabajar en estas condiciones», ha afirmado el primer ministro en sus primeras declaraciones tras la moción.

Pese a esta victoria, Tusk es consciente de que su posición dista mucho de ser ideal. Está atrapado dentro de un Gobierno que no puede legislar y el horizonte hasta las elecciones legislativas de 2027 se presenta complicado. Nawrocki no solo vetará leyes, sino que podrá enviar proyectos al Tribunal Constitucional, todavía controlado por jueces designados por el PiS. Además, tendrá un papel destacado en la política exterior, la seguridad nacional y la designación de altos cargos, lo que refuerza su capacidad para condicionar al Gobierno. La convivencia entre ambos poderes se perfila como una constante colisión.

Tusk ha sobrevivido a la moción de confianza

Tusk ha sobrevivido a la moción de confianzaAFP

Por ahora, para capear el temporal, Tusk ya ha anunciado que piensa reestructurar el Ejecutivo el mes que viene de cara a la segunda mitad de su legislatura. También afirmó que los resultados de las elecciones presidenciales no disminuyen en absoluto la responsabilidad ni el alcance de las competencias del Gobierno, que se encuentra en un momento de plena movilización y plena responsabilidad en condiciones difíciles. Un discurso, el de Tusk, en el que se ausentaron los diputados del PiS, un compartamiento denunciado por Szymon Holownia, presidente del Sejm —el Parlamento polaco—.

Tusk ha sobrevivido a este primer asalto, pero la batalla promete ser larga. Cuando Tusk llegó al mando del Gobierno polaco, prometió centrar su proyecto en restaurar el Estado de derecho, reconstruir la independencia judicial, recuperar los fondos europeos congelados y realinear a Polonia con los valores democráticos de la UE. La victoria de Nawrocki ha puesto en duda la viabilidad de muchas de esas reformas y refuerza la tesis de que el PiS, aunque fuera del Gobierno, sigue teniendo una base social sólida y capacidad de recuperación institucional.

El nuevo presidente, entre muchas cosas, ha mostrado un claro rechazo hacia Bruselas y un escepticismo sobre la integración de Ucrania en la OTAN, unas posturas que abren fricciones con la Comisión Europea. Tusk ha ganado la primera batalla, pero la guerra promete ser larga.

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