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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Una democracia secuestrada

Un presidente cuyo partido se ha convertido en una máquina de perder elecciones debe devolver la voz a un pueblo que no lo quiere ahí

Act. 16 mar. 2026 - 12:11

Nada nuevo bajo el sol. Centrémonos en lo medular: una vez más, el PP gana las elecciones y el otro gran partido, el PSOE, las pierde. Resumen de la noche: Feijóo se va acercando a la Moncloa y Sánchez puede ir preparando la mudanza, porque el giro a la derecha en toda España es irreversible.

Sánchez encadena una serie impresionante... de derrotas. Su PSOE se ha convertido en una auténtica máquina de palmar elecciones. Ha perdido las municipales y autonómicas de 2023, las últimas generales, las europeas y en el nuevo ciclo regional ya ha resultado derrotado en Extremadura, Aragón y Castilla y León (haciendo méritos para ello, pues en qué cabeza cabe elegir como teloneros para el mitin de cierre al turbio lobista Zapatero, el mejor amigo de las dictaduras, y al bronco ministro Puente, cuya deficiente labor tiene mucho que ver con un pavoroso accidente ferroviario que debería haberle costado la dimisión).

La sobadísima consigna del «hay que parar a la derecha y la ultraderecha» y el no menos gastado «¡No a la guerra!» no le han funcionado al PSOE. Ni tampoco a la ya comatosa extrema izquierda camisetera, con Podemos que se queda sin escaño y con menos votos que el pintoresco partido de Alvise.

Es una noche feliz para el PP, que gana y sube cuatro puntos en votos con un presidente que lleva ya siete años en el cargo y que no ha acusado ese desgaste. Los castellanos, uno de los pueblos más cabales de España, no quieren experimentos con gaseosa y han dado la victoria a un político que es más aburrido que el que toca el triángulo en una orquesta sinfónica, pero que a cambio ofrece eso que en la política inglesa llaman «un par de manos seguras».

El PSOE, con un candidato de pasado antisanchista y fogueado en el municipalismo, pierde los comicios subiendo dos escaños y aumentando un 0,7 % sus votos. A ello se acogerá el sanchismo para hablar de una impresionante victoria socialista (una tertuliana del régimen celebraba anoche en TVE el resultado del derrotado Martínez como si hubiese ganado la Champions). En un discurso de una oratoria rara, un tanto friki, el propio Martínez proclamaba tras perder, y ante una parroquia socialista eufórica, que «nos hemos cargado de razón con toda rotundidad».

Por su parte, Vox frena su ritmo de crecimiento y esta vez sube solo un escaño, tal vez pagando el circo interno con Ortega Smith y Antelo y el no haberse avenido a pactar con el PP en Extremadura y Aragón, que es lo que quiere el votante de derechas. Pero su resultado es engañoso, pues en porcentaje de voto obtiene su mejor dato hasta la fecha, con un 18.9 %, superando el obtenido en Extremadura y Aragón.

¿Qué pasaría en una democracia de verdad tras los resultados de estos comicios? Pues que el presidente del Gobierno convocaría elecciones generales, toda vez que tres comicios regionales consecutivos muestran que su partido no goza del apoyo de los españoles, que lo han mandado a la oposición en las tres ocasiones. La foto es nítida: la suma de PP y Vox gana holgadamente en todas partes, y así ha sido también anoche, pues logran cómoda mayoría absoluta. Ahora solo falta que dejen su estéril peleíta y se entiendan.

El PSOE conserva un suelo asombroso, dada la suma de calamidades de todo tipo del sanchismo. Pero al final del día ya no gana unas elecciones ni en las saunas de Sabiniano. Los españoles están pidiendo a gritos que se les dé la oportunidad de pronunciarse en las urnas. No lo veremos. Sánchez sabe que si convoca está fuera de la Moncloa, porque la suma de PP y Vox desborda a la de la izquierda y los separatistas. Con su mujer y su hermano en tribunales, con Ábalos en la cárcel y con Zapatero bajo la lupa de la ley, necesita seguir parapetado en la Moncloa con su ejército de 700 asesores, con su Marlaska intentando controlar a los policías y con su Bolaños acosando a los jueces.

Nos gobierna una persona que claramente no es querida por los españoles de carne y hueso. Y esta situación, dicho rápido y para entendernos, equivale a una democracia secuestrada.

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