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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

¿Una proposición indecente?

Desde luego solventaría un problema endémico del modelo político español y daría la vuelta al marcador frente al separatismo

Act. 13 mar. 2026 - 12:05

El pasado día 4, en un acto tipo desayuno en Bilbao, el líder del PP comentó que había mantenido en fecha reciente una conversación «larga, sincera y respetuosa» con Esteban, el jefe del PNV. Acto seguido, Feijóo anunció que «desde el respeto y la educación vamos a mantener una relación de comunicación con el PNV y de lealtad a Euskadi» (el término Euskadi, por cierto, es el neologismo inventado por el PNV para referirse a lo que era el País Vasco o las Provincias Vascongadas).

Mi compañera Ana Martín, probablemente hoy la mejor corresponsal política española, contaba ayer que, ante la modificación del artículo 69.3 de la Constitución para que Formentera pueda contar con un senador propio, el PNV quiere aprovechar para colar en la Carta Magna su misiva a los Reyes Magos.

¿Y qué pide el educadísimo, encorbatado y aparentemente moderado PNV, ese con el que Feijóo quiere mantener una relación de comunicación educada y respetuosa? Pues casi nada. Quieren cambiar la Constitución para eliminar la «indisoluble unidad de la Nación española» del artículo 2, incluir el derecho de autodeterminación, eliminar el artículo 155, limitar la inviolabilidad del Rey y despojar a las Fuerzas Armadas de su función de «defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». Es decir, quieren la rendición total del Estado para que quede abierta de par en par la puerta a la independencia del País Vasco –Euskadi en la terminología de Feijóo–, y por ende, de Cataluña, por supuesto. ¿De qué hay que hablar con un partido que piensa así?

Hago esfuerzos ingentes, pero debo ser medio lelo, pues se me escapa cuando ha sido el PNV ese partido aceptable que ven algunos. ¿Sería cuando su fundador Arana lanzaba comentarios racistas y misóginos? ¿Sería cuando orillaba con circunspecta crueldad a las víctimas de ETA y pactaba con los terroristas en Estella, porque «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces» de la autodeterminación? ¿Sería cuando se aliaron entre tinieblas con Sánchez para echar a Rajoy, cuando acababan de aprobarle los presupuestos? ¿Es ahora, cuando miran hacia otro lado ante la ola de mugre corrupta de Sánchez? ¿Es cuando operan como un partido chupategui, que pasa por completo del interés general de España y solo se mueve por la máxima de «qué hay de lo mío»? ¿O es cuando exigen más y más competencias, a fin de fomentar el extrañamiento hacia España entre los vascos e ir «construyendo nación» para avanzar hacia la independencia?

El principal problema de España, porque es el único que puede destruirla, es el separatismo. La suma de los principales partidos independentistas (Junts, ERC, Bildu, PNV y BNG) obtuvo 1,6 millones de votos en las últimas generales, en un país de 49 millones de almas. Solo Vox logró 3 millones, y el PP ganó con 8. Pero los partidos que suman 1,6 millones mangonean al Gobierno de España y los apoyados por 11 millones de españoles no pintan nada. Curiosa democracia.

Voy a exponer algo que a los actuales responsables de Génova les parecerá una proposición indecente, un exabrupto radical. Pero que estoy seguro que será aplaudido por la inmensa mayoría de sus votantes (y por todos los de Vox). Señor Feijóo, en lugar de anunciar una «relación desde el respeto y la educación» con el PNV y dejar la puerta entreabierta a Junts, promotor del golpe de 2017, anuncie formalmente que si llega a presidente cortará toda relación con los partidos separatistas antiespañoles. Al tiempo, promueva un pacto con el otro partido de la derecha para en caso de sumar mayoría, modificar la ley electoral y acabar de una vez con un chantaje endémico de unas formaciones minoritarias que odian a España.

No lo harán jamás, porque en vez de pensar en lo que quieren la mayoría de los españoles (que es lo que acabo de decir), se dejan intimidar con un extraño complejo de inferioridad por lo que quieren los nacionalistas antiespañoles.

Despierten de una vez: el separatismo es el gran problema de España, su carcoma, y las políticas de «diálogo» y la rendición del PSOE solo han servido para espolear su desafío. Poco a poco están ganando y es tiempo de revertir el marcador. Para desguazar España ya está Sánchez. El PP debe ofrecer exactamente lo contrario.

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