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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Los hombres de Sánchez

No hagamos bromas por la sentina descrita por un gran Aldama en el Supremo: es la historia del presidente por capítulos

El primero de los juicios al sanchismo ya está resuelto, incluso sin necesidad de conocer los testimonios de Aldama, Koldo y Ábalos. Las pruebas acumuladas y refrendadas por la UCO ya son suficientes para presagiar una dura condena a los hombres de confianza de Sánchez, que además no será la última. Esto acaba de empezar.

A partir de ahí, lo declarado por Aldama, un bien a proteger por su increíble disposición a colaborar con la Justicia y la solvencia de su relato, sirve ante todo para conocer la trastienda moral de quienes llevan más de una década convirtiendo a España en rehén de una Mafia en la que el negocio económico y el político se han sincronizado para alimentarse a la vez.

Prostitución, chanchullos, dedazos, enchufes, contratos, adjudicaciones, comilonas, sobres, billetes y todos los adornos habituales de las bandas latinas, los carteles y en general las organizaciones criminales están presentes en el Gobierno, con una constancia y contundencia sin precedentes.

Y es precisamente esa vulgaridad la que puede auxiliar a Sánchez, aislándole de los hechos y convirtiéndole es una especie de espectador inocente de un concurso casposo de telerrealidad, algo del tipo de La isla de los puteros.

Y no, en los imputados en el Supremo y en otros juzgados, se resume la época más siniestra de España en medio siglo, el modus operandi global del sanchismo, la combinación perfecta de falta de escrúpulos y codicia que ha hecho caudillo a un perdedor y ha transformado la democracia en un mercadeo espurio más propio de camellos suburbiales.

Koldo era el «gigante de la militancia», custodio de los avales de Sánchez para conquistar el PSOE con trampas. Ábalos era su fiel escudero, determinante en perpetrar el asalto a la Presidencia con una moción de censura espuria.

Cerdán, que no estaba en el banquillo pero lo estará, urdió la última investidura de su patrón, negociada a oscuras o en el extranjero con canallas como Otegi o y prófugos como Puigdemont.

Y a Aldama le utilizaron todos, y no al revés, prácticamente completar sus ambiciones políticas con fantasías personales a menudo viciosas. Por eso todos le abrieron las puertas, empezando por Sánchez, y todos los ministerios y comunidades a tiro, para que prosperaran negocios en frentes tan diversos como los hidrocarburos, las mascarillas, los rescates o la obra pública.

No son el trío de la chistorra, la banda del Peugeot o el Clan de los Soles, etiquetas casi cómicas que trivializan los hechos y los aíslan en una burbuja miserable: son los hombres de Sánchez y él ha sido su máximo promotor y su primer beneficiario.

Posdata. Aldama, por cierto, le ha hecho un favor a España con un gran acto de contrición y penitencia. Nunca un testigo privilegiado de tanta corrupción había hecho, delante de un juez, un relato tan valiente, detallado, creíble y honesto de una trama que llega tan arriba. Y acepta su propio castigo. Ahora el coro sanchista le despellejará, pero hemos visto a un hombre sincero e irrebatible. Mis respetos y mi agradecimiento.

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