Cumbre de la OTAN en La Haya
El apoyo a Ucrania y la guerra en Oriente Medio: las claves de la cumbre de la OTAN más allá del gasto en defensa
La ciudad neerlandesa de La Haya será durante dos días el centro del mundo atlántico. Lo será por la concentración de poder político y militar que acoge su World Forum, por el nivel sin precedentes de seguridad desplegado y, sobre todo, por la magnitud de las decisiones que están en juego. La cumbre de la OTAN de este 24 y 25 de junio promete marcar un punto de inflexión en la estrategia de la Alianza, tanto por lo que se dirá oficialmente como por lo que, previsiblemente, se debatirá entre bastidores.
Aunque la atención mediática se ha centrado en el choque entre algunos gobiernos —como el de España— y la sede de Bruselas por el incremento del gasto militar, lo cierto es que el gasto no es ni de lejos la única preocupación que los líderes llevarán a la mesa. Hay mucho más en juego, cómo sostener el apoyo a Ucrania en un momento en que la fatiga comienza a hacerse visible; cómo reactivar una industria militar europea que se ha quedado corta para el contexto geopolítico actual; y cómo lidiar con conflictos latentes —como el de Oriente Medio— o con amenazas difusas pero crecientes, como el papel de China en el Indo-Pacífico.
Pese a que esta vez no hay una sesión oficial con Volodimir Zelenski, el presidente ucraniano ha sido invitado a la cena de honor con los líderes, lo que deja claro que su país sigue siendo parte central del tablero. La OTAN coordina actualmente el apoyo militar y la formación de las tropas ucranianas, pero la cuestión que se impone es cuánto más puede sostenerse este esfuerzo sin comprometer los recursos defensivos de los propios países aliados.
Muchos de esos arsenales están ya bajo mínimos tras más de dos años de envíos de munición, artillería y sistemas antiaéreos a Ucrania. Por eso la cumbre dedicará una jornada —el martes— a un foro con la industria militar europea. Allí se abordará una de las preguntas clave del momento: ¿puede Europa producir más y más rápido? La respuesta, de momento, es negativa, pero el impulso político pretende cambiar eso.
No hay un punto específico dedicado al conflicto entre Israel e Irán, pero la reciente ofensiva estadounidense sobre instalaciones nucleares iraníes lo ha convertido en un tema ineludible. Nadie en la OTAN puede mirar hacia otro lado cuando la tensión escala en una región clave para la seguridad energética, la estabilidad internacional y, por extensión, la propia defensa europea.
Mark Rutte y Volodimir Zelenski, en una imagen de octubre de 2024
Algunos ya lo vivieron en la última cumbre del G7, en la que Trump se marchó antes de tiempo para atender la situación. En La Haya, su presencia volverá a marcar la pauta. El presidente estadounidense ha sido siempre crítico con la OTAN y esta vez llega con un mensaje aún más duro: Europa debe dejar de escudarse en el paraguas de seguridad que ofrece Washington.
¿Una OTAN mirando al Pacífico?
Aunque aún no se considera una amenaza formal, China está cada vez más en el radar estratégico de la Alianza. Su expansión en el Pacífico preocupa, especialmente a Estados Unidos, que ha dicho sin ambages que quiere centrar sus recursos militares en esa zona. Como muestra de ese giro, los socios de la OTAN en el Indo-Pacífico —Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur— han sido invitados a la cena del martes. No participarán en las reuniones formales, pero su presencia habla por sí sola.
A nivel logístico y de seguridad, la de La Haya es una operación sin precedentes en Países Bajos. Se han desplegado más de 27.000 policías y 10.000 militares. Se han establecido zonas de riesgo donde la policía tiene potestad para actuar sin causa previa, se han restringido los vuelos comerciales y muchas calles de la ciudad han sido directamente clausuradas. Incluso se han desmontado elementos del paisaje urbano, como la noria de Noordwijk, por su proximidad al hotel donde probablemente se alojará Trump.
Países Bajos también ha alertado de la amenaza de ciberataques y campañas de desinformación. En ediciones anteriores, como las cumbres de Washington en 2024 o Vilna en 2023, ya se detectaron intentos de injerencia digital. Esta vez, los servicios de Inteligencia están en alerta máxima.
Mark Rutte, en su primera gran cita como líder de la OTAN, intentará mostrar que es capaz de combinar firmeza con unidad. De momento, ya ha dejado claro que no hay excepciones ni tratos paralelos: quien quiera estar en la Alianza debe cumplir con sus compromisos, y eso —según las estimaciones internas— significa elevar el gasto militar hasta el 3,5 % o incluso el 5 % del PIB.
España, por ejemplo, insiste en que puede cumplir con un 2,1 %, pero la sede de Bruselas no lo ve así. Y el nuevo secretario general tampoco: «La OTAN no tiene cláusulas de salida ni hace acuerdos bilaterales», ha zanjado Rutte. El mensaje es claro: en este nuevo ciclo estratégico, o se está dentro de verdad o no se está.