Paetongtarn Shinawatra cuando llegó al poder el año pasado
Cómo una conversación telefónica filtrada podría poner fin a una de las grandes dinastías de Asia
La familia más importante de lo que va de siglo en Tailandia se encuentra en la cuerda floja después de una conversación filtrada y una histórica decisión del Constitucional
En el año 2001, Thaksin Shinawatra, un empresario tailandés multimillonario que fundó el partido Thai Rak Thai, llegó al poder con un mensaje populista centrado en las clases trabajadoras y rurales del norte y noreste del país, a quienes convenció. Posteriormente, su política de subsidios agrícolas, acceso sanitario universal y microcréditos le ayudó a construir una base de apoyo sólida y leal, pero también el rechazo de las élites tradicionales. Concretamente del Ejército, la monarquía y los sectores empresariales más conservadores.
Años después, en el 2006, Thaksin fue derrocado por un golpe militar y tuvo que exiliarse para evitar cargos por corrupción. Aun así, siguió siendo una figura omnipresente desde la distancia. En 2011, su hermana Yingluck Shinawatra ganó las elecciones y se convirtió en la primera mujer en gobernar el país. También fue destituida por los tribunales en 2014, poco antes de otro golpe militar.
Es por eso que, cuando el año pasado Paetongtarn Shinawatra, hija de Thaksin, llegó al poder fue, en muchos sentidos, el último intento del clan por mantener su influencia política. Joven, carismática y sin experiencia previa en la Administración Pública, fue presentada como un nuevo rostro con el que reconciliar el legado familiar el fragmentado escenario político con el que convive el país asiático. Por si fuera poco, su elección también vino acompañada de concesiones: el Pheu Thai, el partido del clan, pactó con sus antiguos enemigos para formar Gobierno y dejar fuera al reformista Move Forward, que había ganado en las urnas una amplia base joven. Mientras tanto, Thaksin, que había vivido los últimos años en el extranjero, regresó al país sin pasar ni 24 horas en prisión.
Teniendo en cuenta este polarizado escenario, se sabía que Paetongtarn vivía en la cuerda floja. Cuando el pasado mes de mayo se produjo un enfrentamiento entre los Ejércitos de Tailandia y de Camboya en una zona limítrofe, que se saldó con la muerte de un soldado camboyano, muchos lo vieron como el punto de apoyo o de quiebre del Gobierno de Paetongtarn.
Buscando calmar las aguas, la primera ministra tailandesa llamó por teléfono a Hun Sen, el poderoso exlíder de Camboya. Sin embargo, la relación entre ambos no es tan buena como creía Paetongtarn y el propio Hun Sen ha difundido la conversación entera, que duró 17 minutos.
Paetongtarn Shinawatra, ahora ministra de Cultura
En la misma, se puede escuchar como la tailandesa critica claramente a un alto comandante del Ejército tailandés, catalogándole como «oponente», unas declaraciones que han provocado un auténtico terremoto político en un país donde el Ejército es una de las institiuciones mejor valoradas. De hecho, estas últimas semanas miles de personas —entre ellos los llamados «camisas amarillas», partidarios del Ejército y la monarquía— se han concentrado en Bangkok pidiendo la dimisión de la mandataria.
Finalmente, este martes, el Tribunal Constitucional decidió suspender temporalmente a Paetongtarn mientras decide si violó el código ético. A la espera de una resolución definitiva, Paetongtarn ha jurado como ministra de Cultura, lo que le permitirá seguir asistiendo a las reuniones del gabinete, mientras Phumtham Wechayachai ha jurado como nuevo primer ministro interino. Paralelamente, el partido político Bhumjaithai, que se salió de la coalición gobernante después de que se filtrara el audio, ya ha anunciado que presentará una moción de censura.
Por si fuese poco, el mismo día que Paetongtarn fue suspendida, su padre Thaksin también compareció ante el tribunal para afrontar cargos por lesa majestad. Probablemente esperaba que el caso —relacionado con comentarios que hizo en una entrevista en 2015 con medios surcoreanos— ya hubiese prescrito.
El futuro no parece esperanzador para una dinastía, los Shinawatra, que, con sus idas y venidas, ha estado dirigiendo Tailandia durante una gran parte del siglo XXI. Si el golpe de gracia para Al Capone fue un caso de evasión de impuestos, ahora parece que lo que va a sellar el destino de los Shinawatra es una voz grabada que sonó en el momento equivocado.