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Roman Starovoit ha sido encontrado muerto en Moscú

Roman Starovoit ha sido encontrado muerto en MoscúAFP

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Las sombras que se cernían sobre Starovoit, el ministro ruso hallado muerto tras ser cesado por Putin

Con una guerra prolongada y una oposición silenciada, el día a día de la política interior rusa, bajo la inmensa sombra del presidente Vladimir Putin, es algo que llega al resto del mundo a cuentagotas, pequeñas noticias que se publican de vez en cuando, como con la que se amanecía este lunes, donde se afirmaba que el mandatario había decidido destituir a su ministro de Transporte, Román Starovoit, como causa, en principio, de los constantes problemas diarios que enfrenta el transporte ruso: de averías a sabotajes, incendios o ataques con drones que llegan desde Ucrania. Apenas unas horas después de esta información, Starovoit era encontrado muerto junto a su coche en Odintsovo, a las afueras de Moscú, con una pistola Makárov a su lado —un arma que había recibido como condecoración estatal— y una nota que, según algunas fuentes, indicaba la ubicación de su cadáver.

Starovoit tenía 53 años y un currículum que combinaba gestión pública, experiencia técnica y una trayectoria ascendente que, hasta hace poco, parecía alineada con las prioridades del Kremlin. Pero dentro de la Plaza Roja nada es realmente como parece, y este ministro convivía con las sombras de la corrupción, la guerra, presión y purgas. Factores que, al final, precipitaron su caída.

Ingeniero de formación, doctor en pedagogía aplicada al deporte, Starovoit representaba ese tipo de funcionarios rusos que construyen su carrera entre despachos ministeriales, empresas públicas y estructuras regionales. Su primer gran encargo llegó en 2012, al frente de Rosavtodor, la Agencia Federal de Carreteras, desde donde supervisó una de las áreas más estratégicas para el Kremlin: la infraestructura vial. Fue su primer gran paso.

En 2018, Putin lo colocó brevemente como viceministro de Transporte, y apenas diez días después fue designado gobernador interino de la región de Kursk, fronteriza con Ucrania. Sustituyó al veterano Alexandr Mijáilov, en lo que se interpretó como una renovación generacional en una de las regiones más sensibles del país.

Kursk, que es una de las llamadas «tierras negras» por la fertilidad de su suelo, se convirtió para Starovoit en un trampolín político. Fue elegido gobernador en 2019 con mandato hasta 2024. Durante esos años, y especialmente tras el estallido de la guerra con Ucrania en febrero de 2022, la región ganó relevancia estratégica. A partir de octubre de ese año comenzaron las fortificaciones en la frontera ante la posibilidad —más tarde confirmada— de incursiones ucranianas.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, visita un puesto de mando del grupo de tropas Kursk

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, visita un puesto de mando del grupo de tropas KurskAFP

Pese al blindaje anunciado, en agosto de 2024 las tropas ucranianas irrumpieron en territorio de Kursk y ocuparon parte de la región durante ocho meses. Moscú tardó hasta abril de 2025 en recuperar el control. La prensa rusa y los canales de Telegram comenzaron entonces a publicar investigaciones sobre el destino de los fondos asignados a las fortificaciones. Según el actual gobernador interino, Alexánder Jinshtein, 4.000 de los 19.000 millones de rublos asignados —unos 40 millones de euros— desaparecieron.

El sucesor directo de Starovoit en la región, Alexéi Smirnov, fue arrestado en abril acusado de corrupción, fraude y malversación. Medios rusos afirman que los testimonios recabados en su contra mencionaban directamente a Starovoit. Aunque no fue formalmente imputado, su nombre ya circulaba entre los posibles próximos objetivos de una campaña anticorrupción impulsada desde el Kremlin tras la caída del ministro de Defensa, Serguéi Shoigú.

Su cese como ministro de Transporte, oficializado el mismo día de su muerte, alimentó la hipótesis de que estaba a punto de ser detenido o apartado definitivamente del poder. Algunos medios afirman que fue interrogado por las autoridades el domingo por la noche; otros aseguran que su muerte ocurrió ese mismo día y fue ocultada por los servicios de seguridad durante varias horas.

Un suicidio con contexto

La versión oficial, sostenida por el Comité de Investigación ruso, apunta a un suicidio. La pistola encontrada a su lado —una Makárov entregada en 2023 como condecoración por su trabajo en seguridad ciudadana— parece apoyar esta tesis, aunque persisten las dudas. Algunos medios, como Kommersant, publicaron que Starovoit dejó instrucciones escritas a sus escoltas para localizar el cuerpo.

Sea como fuere, la muerte de Starovoit no es la primera ni será la última de altos funcionarios. De hecho, este mismo lunes, también ha muerto repentinamente otro alto cargo del Ministerio de Transportes, Andréi Korneichuk, que repentinamente «se cayó al suelo y falleció», según canales próximos a las fuerzas de seguridad rusas. Tres días antes, el vicepresidente de la petrolera Transneft, Andréi Badalov, también murió tras caer «repentinamente» desde un decimoséptimo piso en un edificio en Moscú. Demasiadas coincidencias.

El nombramiento inmediato de su sucesoral cargo del Transporte, Andréi Nikitin, un hombre cercano a los poderosos hermanos Rotenberg, parece confirmar que, en la Rusia de Putin, los espacios vacíos se llenan sin pausa.

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