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Sébastien Lecornu, nuevo primer ministro de FranciaAFP

Sébastien Lecornu, el nuevo primer ministro de Francia que estuvo a punto de ser monje

El joven político, de solo 39 años, ha sido el elegido por Macron para liderar el Ejecutivo y aprobar los presupuestos que tanto necesita Francia

De la contemplación en una abadía benedictina al despacho de Matignon. Así podría resumirse el peculiar recorrido de Sébastien Lecornu, el político normando de 39 años que Emmanuel Macron ha nombrado nuevo primer ministro de Francia tras la dimisión de François Bayrou. Hijo único de una secretaria y de un técnico aeronáutico, Lecornu confesó en una ocasión que, a los 16 años, estuvo a punto de ingresar en el monasterio de Saint Wandrille. «Fue un periodo de discernimiento, muy íntimo», explicó años después. La vida política terminó imponiéndose, aunque mantiene cierto poso de ese espíritu reservado y prudente que ahora deberá desplegar para sortear el laberinto parlamentario francés.

Pese a su juventud, Lecornu no es un recién llegado. «Por desgracia, nací viejo», suele decir con ironía. Con 19 años se convirtió en el asistente parlamentario más joven del país, tras afiliarse a la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido de Nicolas Sarkozy. Se licenció en Derecho y, en paralelo, se incorporó como oficial de reserva de la Gendarmería, otra de sus pasiones junto a la vida monacal que nunca llegó a abrazar.

Alcalde de Vernon con apenas 28 años, presidente de un consejo departamental al año siguiente y protegido de Bruno Le Maire y Édouard Philippe, Lecornu fue ascendiendo con discreción pero con paso firme. Su gran salto llegó en 2017, cuando abandonó Los Republicanos tras el escándalo de François Fillon y se sumó al incipiente macronismo.

Su primera experiencia en el Gobierno fue como secretario de Estado de Transición Ecológica. Desde entonces, su carrera ha estado marcada por una habilidad poco común, la de acercarse a Macron sin despertar excesivas enemistades. «Es un técnico astuto que teoriza todo», lo describe Gérald Darmanin, uno de sus amigos más cercanos y padrino de su hijo. Otros, sin embargo, lo ven como un «cortesano», siempre dispuesto a complacer al presidente y a Brigitte Macron.

Sea como fuere, esa cercanía le abrió las puertas de puestos clave: Colectividades Territoriales, Ultramar y, en 2022, el Ministerio de Defensa. Allí gestionó la aprobación de la mayor ley de programación militar de la historia reciente —413.000 millones hasta 2030— y reforzó su imagen como negociador pragmático, capaz de dialogar incluso con la oposición más dura.

Sébastien Lecornu, este martesAFP

Con su nombramiento como primer ministro, Lecornu se convierte en el quinto jefe de Gobierno del segundo mandato de Macron y el séptimo desde 2017. Su reto es monumental, hercúleo. Tendrá que gobernar con una Asamblea Nacional partida en tres bloques irreconciliables, con la calle en ebullición y con una deuda que roza los tres billones de euros. Macron ya pensó en él hace nueve meses para sustituir a Michel Barnier, pero finalmente optó por Bayrou. Ahora, tras la caída del líder centrista, Lecornu llega al puesto con la misión de lograr lo que ni Barnier ni Bayrou consiguieron. Es decir, aprobar los presupuestos.

«Habrá rupturas en el fondo y no solo en la forma», ha reconocido Lecornu este miércoles en el acto organizado en Matignon para tomar posesión como primer ministro. «Debemos lograr poner fin a esta doble fractura: la fractura entre la situación política y la fractura con lo que nuestros conciudadanos legítimamente esperan en su vida cotidiana», ha añadido el ya mandatario galo.

Lecornu es el perfil más conservador de todos los que contemplaba Macron para liderar el Ejecutivo. Con él, espera el presidente, podría estar la llave de contentar lo suficiente a Marine Le Pen como para que no censure al Gobierno, pero este esfuerzo parece haber sido en vano. «Macron está lanzando el último cartucho del macronismo. Está atrincherado en su pequeño círculo de leales . Tras las inevitables elecciones legislativas, el primer ministro se llamará Jordan Bardella», afirmó la mandataria en su cuenta de X, reclamando elecciones legislativas.

Sin Le Pen de su lado, ni tampoco la extrema izquierda –Jean-Luc Mélenchon ha anunciado su intención de presentar una moción de censura en su primera sesión parlamentaria–, la única esperanza para el primer ministro es lograr el apoyo de los socialistas, de quienes en determinado momento se esperó que fuesen elegidos para liderar el Ejecutivo. Esta misma tarde se espera que Lecornu se reúna con el dirigente socialista Olivier Faure, que por el momento no ha manifestado su rechazo al Gobierno aunque sí le ha pedido que no apruebe los presupuestos mediante 'decretazo'.

Por ahora, su nombramiento ha sido recibido con escepticismo. Solo el 18 % de los franceses quería verlo en Matignon, según una encuesta reciente publicada por Le Figaro. Pero Macron confía en él porque, en un país en bloqueo político y social, Lecornu se presenta como lo que más falta hace. Es decir, un negociador con fama de prudente, fiel al presidente y, por encima de todo, resistente al desgaste. Lo necesitará si quiere rescatar a su país.