Protestas en Francia contra el Gobierno
Francia sigue en una situación insólita sin Gobierno mientras se prepara para otra gran jornada de huelga
Hace ya casi un mes que el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, nombró a Sébastien Lecornu como primer ministro del país galo. Lo hizo horas después de que su predecesor, François Bayrou, cayese en una moción de confianza por las críticas a su ley presupuestaria. Sin embargo, pese a que eso ocurrió el 9 de septiembre, Lecornu todavía no ha nombrado a ningún gabinete de ministros para dirigir Francia, un récord de tardanza en la historia de la V República. No parece tener prisa el actual residente de Matignon al tiempo que su país se enfrenta a una tercera jornada de huelga y protestas y mientras el gran problema, su billonaria deuda, sigue sin resolverse. Por ahora, Lecornu tampoco ha logrado sumar para su causa el apoyo de ninguna formación política de la oposición, algo que podría precipitar su caída cuando se reanuden las sesiones parlamentarias.
Mientras tanto, el actual primer ministro trabaja para presentar su borrador para los presupuestos, con diferencias clave respecto al de Bayrou. Sin embargo, por ahora sus ideas ya han provocado rechazo en la izquierda, que amenaza con una moción de censura. El primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, pidió al primer ministro una copia completa del proyecto antes de su reunión de este viernes, como condición para no sumarse al intento de censura. «Queremos saber exactamente qué se le pedirá al pueblo francés», declaró Faure en BFMTV/RMC, tras las escasas pinceladas que Lecornu ofreció sobre impuestos y pensiones en la prensa.
Los sindicatos, por su parte, mantienen la presión contra la reforma de las pensiones que eleva la edad de jubilación a 64 años y critican la falta de respuestas a sus demandas. «Estamos esperando una ruptura política», advirtió Marylise Léon, líder de la CFDT, mientras que Denis Gravouil, secretario confederal de la CGT, definió al primer ministro como un «clon de Bayrou». Dominique Corona, de la UNSA, consideró que la postura del Ejecutivo «nos anima aún más a manifestarnos el 2 de octubre».
En el otro extremo, los empresarios celebran la prioridad del Gobierno en la reducción del gasto público. Patrick Martin, presidente de la patronal Medef, elogió que «la reducción del gasto público sea la máxima prioridad», mientras que Michel Picon, de la Unión de Empresas Locales, valoró que el Ejecutivo parece querer «dar ejemplo» al recortar 6.000 millones de euros. Aun así, los directivos han convocado una concentración en París el 13 de octubre para protestar contra la «estigmatización» de las empresas.
Desde el otro lado del espectro político, Marine Le Pen sigue desafiando al presidente: «No tenemos confianza en un lugarteniente del macronismo», declaró este sábado, a la espera del discurso de política general de Lecornu.
Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia
Tras las masivas movilizaciones del 18 de septiembre, con hasta un millón de personas en las calles según los sindicatos (la mitad según las autoridades), la tercera jornada de protestas contra la austeridad presupuestaria se perfila con menor seguimiento. Según la empresa de transportes de París, el metro funcionará con normalidad y no se esperan alteraciones significativas en trenes ni aeropuertos, pese a que se esperan movilizaciones en hasta 250 ciudades y las autoridades han previsto el despliegue de 5.000 agentes.
El presupuesto para 2026, que prevé reducir el déficit del 5,4 % del PIB en 2025 a alrededor del 4,7 % en 2026, debe presentarse a la Asamblea Nacional a más tardar el 13 de octubre. Lecornu enviará este jueves un primer borrador al Consejo Superior de Finanzas Públicas (HCFP) para su dictamen, cumpliendo con el calendario constitucional.
Entre tanto, el primer ministro mantiene la puerta abierta al diálogo con sindicatos y oposición. En una carta anunció mejoras en las pensiones de las mujeres y propone debatir cinco grandes temas con los interlocutores sociales, incluyendo la protección social, la renovación del modelo productivo, las condiciones laborales y la eliminación de barreras al empleo. «El Gobierno se compromete a plasmar fielmente en proyectos de ley los acuerdos formalizados, siempre que respeten el equilibrio adecuado de las finanzas públicas», aseguró.
Mientras tanto, mientras los franceses aguardan por un Ejecutivo que gobierne –algo casi imposible debido a la fragmentada composición de la Asamblea Nacional–, el país vuelve a salir a las calles. Realmente para ellos, Lecornu es lo de menos, pues saben que si cae Macron pondrá a otro, como ocurrió antes con Barnier y Bayrou, antes que enfrentarse al temor de unas elecciones donde el Reagrupamiento Nacional de Le Pen le pasaría por encima, según los sondeos. Así que ha abocado al país a una espiral infinita.