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DIRECTO | Nueva jornada de protestas en Francia

Señal en directo desde las protestas en diferentes ciudades de FranciaAFP

Numerosos incidentes en una nueva jornada de bloqueo en Francia: «Terminemos con esto de una vez»

El primer ministro busca el apoyo de los socialistas como última esperanza para conseguir aprobar los presupuestos

Cuenta el dicho que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, va camino de la tercera. Una vez cayó la semana pasada el Gobierno de François Bayrou, a Macron se la abrían tres opciones: convocar nuevas elecciones legislativas, nombrar primer ministro a alguien de la oposición –tanteó al líder socialista Olivier Faure– o empecinarse con alguien de su cuerda que tendría que lograr apoyos en tiempo récord. Insistió en esto último, pese a los precedentes.

Sébastien Lecornu, el joven nuevo primer ministro galo, se enfrenta, por tanto, al hercúleo reto de lograr apoyos contrarreloj, pues los necesita para aprobar los presupuestos el mes que viene. Si no lo logra, también caerá y la presión sobre el presidente será insoportable.

De primeras –y ante el rechazo inmediato de la extrema izquierda francesa–, se esperaba que Lecornu pudiese lograr el apoyo de Marine Le Pen y su Reagrupamiento Nacional. De hecho, una de las teorías detrás de su elección era precisamente esa, el acercamiento que ha tenido hacia las fuerzas lepenistas durante los ocho años que ha estado desempeñando cargos en el Gobierno: secretario de Estado de Transición Ecológica y ministro de Colectividades Territoriales, Ultramar y Defensa.

Sin embargo, si esas eran las intenciones, salieron mal. «Macron está lanzando el último cartucho del macronismo. Está atrincherado en su pequeño círculo de leales. Tras las inevitables elecciones legislativas, el primer ministro se llamará Jordan Bardella», afirmó Le Pen en su perfil de X tras el nombramiento de Lecornu. El primer ministro no ha logrado darle la vuelta a la tortilla a esa postura.

Por tanto, solo le queda una carta. Los socialistas, que llevan varios meses marcando distancias con Jean-Luc Mélenchon y que podrían sostener a un Ejecutivo a quien el resto de la izquierda querría derribar. Pero su apoyo no será gratis. Este miércoles, los líderes socialistas presentaron sus condiciones para ofrecer su apoyo, entre las que se incluye la derogación de la reforma de las pensiones, la aplicación del impuesto Zucman a los multimillonarios, medidas fiscales para estimular el poder adquisitivo y un relanzamiento económico basado en la inversión. Varios miembros del Gobierno, como el ministro del Interior, Bruno Retailleau, consideran estas concesiones «inaceptables».

Bayrou y Lecornu, antiguo y nuevo primer ministro francés

Bayrou y Lecornu, antiguo y nuevo primer ministro francésEFE

Lecornu se había abierto a matizar el plan económico presentado por Bayrou en julio –que a la postre supuso su caída–, y que contemplaba recortes por un valor de 44.000 millones de euros para hacer frente a la billonaria deuda que asola al país. Por ejemplo, valora cancelar la medida de suprimir dos días festivos que tantas críticas causó. Pero parece que no será suficiente para convocar a los socialistas.

Llegados a este punto, Lecornu solo espera que o socialistas o la derecha gaullista se traguen su orgullo y acepten el presupuesto. También cuenta con la baza de que un adelanto electoral vendría especialmente mal a estas dos fuerzas, que se encuentran en pleno proceso de regeneración.

Esto en la arena política. En las calles, la cosa está lejos de ser mejor para Lecornu. Este jueves, una semana después de que el movimiento 'Bloqueemos todo' tomara las calles de las principales ciudades francesas, en una jornada masiva de protestas que finalizó con cientos de detenidos y la quema de un edificio en París, se está viviendo una situación similar.

Ocho sindicatos han presentado una nueva jornada de protestas contra el plan de recorte presupuestario de Bayrou que, de acuerdo con las declaraciones del Gobierno francés, movilizará a unas 800.000 personas. A primera hora de la tarde, Retailleau ya ha anunciado 114 detenidos y 94 bloqueos repartidos a lo largo del país, especialmente en centros escolares. En Lyon se han quemado contenedores, en Rennes ha habido enfrentamientos y en Nantes se han encendido bombas de humo. La manifestación más multitudinaria de todas, sin embargo, que es la de París, está siendo pacífica.

Mélenchon, en un discurso desde el Puerto Viejo de Marsella, ha afirmado que la jornada se perfila como «un gran acontecimiento». «Lo que está sucediendo hoy es importante para nosotros, Lecornu no ha logrado nada y eso era previsible. Terminemos con esto de una vez», ha afirmado el líder de La Francia Insumisa.

Macron, mientras tanto, espera en el Elíseo con una calma tensa. Con la calle en llamas y la Asamblea fragmentada, necesita una victoria que amaine el temporal. Si Lecornu cae en el mismo escalón donde lo hicieron Barnier y Bayrou, seguramente la única salida posible serían nuevas elecciones legislativas. O, incluso, presidenciales.

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