William Lai, presidente de Taiwán
El pulso por Taiwán amenaza la estabilidad tecnológica de Europa
La tensión entre China y la isla no es un conflicto lejano, sino que afectaría al suministro de chips, al comercio mundial y a la posición estratégica de la Unión Europea frente a Pekín y Washington
El Gobierno de la República Popular China, a través de sus más altos portavoces, ha vuelto a reforzar sus posiciones respecto a la isla de Taiwán: la «reunificación» con ella se presenta como una causa irrenunciable, y para lograrla no se comprometerá a descartar el uso de la fuerza.
A través de su informe anual, el primer ministro chino, Li Qiang, afirmó que su Gobierno «avanzará con firmeza la causa de la reunificación de China y trabajará con nuestros compatriotas taiwaneses para realizar la gloriosa empresa de rejuvenecer la nación».
Por otro lado, en una rueda de prensa, un portavoz del Ejecutivo chino subrayó que la política de Pekín hacia Taiwán «no renuncia al uso de la fuerza», pese a mostrarse dispuesto a explorar la vía del diálogo. «Podemos tener la mayor sinceridad para la reunificación pacífica», señaló el portavoz, «pero no nos comprometemos a renunciar al uso de la fuerza».
Estas declaraciones se producen en un momento de creciente tensión en el estrecho, con maniobras militares chinas y un claro endurecimiento del discurso oficial. Taiwán, gobernada de forma autónoma desde 1949, insiste en que solo sus ciudadanos pueden decidir su futuro político, mientras refuerza su defensa y su cooperación con Estados Unidos.
El presidente taiwanés, William Lai, instó a oponerse a la «anexión» de China con «mayor firmeza» a falta de un día para el posible encuentro en Corea del Sur entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y China, Xi Jinping. Asimismo, denunció que el ejército chino «continúa llevando a cabo hostigamientos» a los alrededores de la región, lo cual «ejerce presión» sobre la seguridad nacional de la isla y «amenaza a la paz regional y al desarrollo económico global».
«Además de mostrar su determinación de proteger su hogar, Taiwán debe, con mayor firmeza, oponerse a la anexión, a la agresión y a la promoción de la 'unificación'», manifestó el mandatario isleño.
China, a través de su disposición al diálogo mientras se mantiene la presión, busca contener a Taipéi y, al mismo tiempo, advertir a Washington y a sus aliados de que cualquier paso hacia la independencia formal tendrá consecuencias.
Consecuencias en Europa
El pulso por Taiwán tiene efectos directos en Europa. La isla concentra el 60 % de la producción mundial en semiconductores, esenciales para la industria tecnológica y automovilística, y cerca del 90 % de los chips más avanzados.
Una crisis en el estrecho alteraría la estabilidad económica global y afectaría de forma directa a las cadenas de suministro europeas. Asimismo, un bloqueo marítimo unido a la interrupción de la producción tendría consecuencias inmediatas como una ralentización de la industria, inflación tecnológica y dependencia acrecentada de proveedores externos.
Por el estrecho, circulan cada año mercancías que superan los tres billones de dólares. Un conflicto alteraría las cadenas logísticas y encarecería de forma significativa el transporte de productos hacia Europa. Las empresas europeas, ya afectadas por la guerra de Ucrania y las tensiones energéticas, verían un nuevo centro de incertidumbre en Asia.