Supuestos trabajadores de centros de estafas y víctimas se sientan junto a aparatos informáticos y electrónicos desmantelados, en Myanmar
Así es la red de ciberestafas china que opera en el mundo bajo las órdenes de un magnate en busca y captura
La organización, liderada por el magnate Chen Zhi, recluta a miles de trabajadores, en su mayoría ciudadanos engañados con ofertas laborales en el sudeste asiático, especialmente en Camboya y Myanmar, zonas donde la presencia del Estado es débil y la corrupción permite operar con impunidad
Las autoridades internacionales han puesto el foco en una gigantesca red de ciberfraude con origen en China y ramificaciones en todos los continentes. Detrás de ella, según investigaciones judiciales, se encuentra un magnate conocido como Chen Zhi, hoy en paradero desconocido, acusado de construir un entramado delictivo que combina estafas financieras a gran escala, trabajo forzado, manipulación emocional y explotación de las criptomonedas para lavar dinero. El caso se ha convertido en uno de los mayores desafíos internacionales de los últimos años en la lucha contra el crimen digital.
El modelo de negocio criminal construido por Chen es tan frío como rentable. La organización recluta a miles de trabajadores, en su mayoría ciudadanos engañados con ofertas laborales en el sudeste asiático, especialmente en Camboya y Myanmar, zonas donde la presencia del Estado es débil y la corrupción permite operar con impunidad. Una vez allí, muchos son despojados de su documentación y encerrados en complejos privados.
Estos centros funcionan como auténticas «fábricas del fraude» en las que los reclutados trabajan en régimen de esclavitud moderna, según denunció el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos. Las víctimas deben operar terminales informáticas y teléfonos móviles para contactar con ciudadanos de todo el mundo y ejecutar estafas siguiendo guiones milimétricos.
La clave para entender el éxito de esta red radica en la combinación de ingeniería social y tecnología. Una de las modalidades más utilizadas es el llamado «pig butchering», que consiste en establecer un vínculo afectivo o de confianza con la víctima antes de conducirla a realizar inversiones en plataformas falsas de criptomonedas o divisas.
Estas plataformas, controladas por la propia organización, muestran beneficios ficticios y gráficos manipulados para convencer a los afectados de seguir aportando dinero. Muchos de ellos incluso llegan a aportar los ahorros de toda una vida antes de descubrir que la plataforma deja de funcionar o que simplemente no existe forma de retirar los fondos.
El proceso está optimizado hasta el detalle: se asignan perfiles falsos con fotografías atractivas, se enseñan técnicas de conversación, manipulación emocional, estudio psicológico de cada víctima e incluso análisis de patrones de comportamiento para saber cuándo presionar más o cuándo ser paciente. Nada queda al azar y la maquinaria criminal funciona con una profesionalización impropia de un delito común. De hecho, los propios trabajadores esclavizados tienen objetivos diarios, rankings internos y amenazas de castigo si no alcanzan las cuotas de dinero exigidas. Las consecuencias van desde golpes y privación de comida hasta torturas o venta del trabajador a otra red criminal, como si se tratara de mercancía.
El dinero obtenido es canalizado de manera internacional, así como sus operaciones. Se utilizan cientos de billeteras de criptomonedas, empresas pantalla, cuentas bancarias en paraísos fiscales y conversiones sucesivas de divisas para borrar el rastro. Varias investigaciones estiman que el volumen total generado por estas actividades supera los miles de millones de dólares, lo que la convierte en una de las mayores operaciones de fraude digital registradas hasta la fecha. Además del rédito económico, la red ha adquirido poder, conexiones políticas, propiedades e influencia en países donde las instituciones son permeables al soborno.
Investigaciones estiman que el volumen total generado por estas actividades supera los miles de millones de dólares
Mientras tanto, las víctimas siguen aumentando. Pensionistas, trabajadores, jóvenes, empresarios, usuarios de aplicaciones de citas y redes sociales: cualquiera puede caer. Los ciberdelincuentes trabajan con bases de datos masivas que les permiten seleccionar objetivos con probabilidades altas de éxito y adaptar su mensaje al perfil concreto del afectado.
La detención de Chen Zhi, sobre el que recae una orden de búsqueda y captura internacional, se ha convertido en objetivo prioritario para varios gobiernos, entre ellos Estados Unidos, que consideran que este entramado ya no es sólo un problema de fraude económico, sino una amenaza para la seguridad internacional y una forma de crimen organizado que mezcla explotación humana, corrupción, desinformación y debilitamiento del sistema financiero global.