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Starmer busca desesperadamente cómo paliar los efectos del Brexit y arrimarse a Bruselas

Las encuestas muestran la decepción de unos votantes que ahora se arrepienten de la salida de la UE. Según The Times, seis de cada diez votantes creen que llegado este punto Gran Bretaña debería buscar una relación económica más fluida con Europa

Keir Starmer, primer ministro de Reino Unido

Keir Starmer, primer ministro de Reino UnidoStefan Rousseau / AFP

El tiempo ha demostrado que el Brexit no era lo que creyó buena parte de la población británica que votó en 2016 a favor del divorcio con Europa. El discurso nacionalista de vivir con lo suyo, encapsularse y volver a ser un imperio naufragó al día siguiente de soltar lastre. La realidad ha puesto a los británicos frente al espejo de una crisis de melancolía, económica, política y social.

El primer ministro, Keith Starmer, ha dejado a un lado la diplomacia. El laborista ha decidido hablar sin filtro sobre las consecuencias del resultado de un referéndum provocado, según él, por discursos falaces de una derecha, –moderada y radical–, interesada únicamente en su propio beneficio.

Los dardos de Starmer apuntan especialmente en la dirección de Nigel Farage, el líder populista de Reform UK que hizo campaña, –bajo sospecha de conexiones con la Rusia de Putin–, prometiendo el paraíso para los británicos si daban el portazo a Europa.

Farage le supera en popularidad –un sondeo de Ipsos fija el índice de aprobación del laborista en un 13 %– y ha dejado en la cuneta a unos conservadores que siguen en caída libre. Fue uno de los abanderados de la «independencia» y con Kemi Badenoch, ex secretaria de Comercio Internacional y actual líder del Partido Conservador, recibe las pullas del primer ministro laborista. A ellos les recordó Starmer que «la forma en la que se presentó y se ejecutó [el Brexit] fue, sencillamente, errónea. «Todavía hoy –lamentó– lidiamos con las consecuencias».

En un discurso en la City de Londres el primer ministro insistió en que el modo de abandonar la UE, donde el Reino Unido tenía un status especial, fue «absolutamente imprudente» y criticó las «promesas descabelladas» de los mencionados y de otros a los que no nombró, pero se subieron a la ola del Brexit. Los más activos: Boris Johnson, Michael Gove, Ian Duncan, Theresa Villiers o Douglas Carswell, el diputado que abandonó las filas tories para irse a UKIP (Partido Independentista de Reino Unido).

El «Britain exit», siguió Starmer, «ha dañado significativamente nuestra economía». Entre el lamentó y la resignación anunció que, pese al escenario desfavorable y con las encuestas poco entusiastas con su gestión, no escatimará en esfuerzos para tratar de reparar los perjuicios causados y suavizar «las fricciones» con Bruselas con el objetivo de construir una «renovación económica» en el Reino Unido.

Las encuestas sobre el Brexit muestran la decepción de unos votantes que ahora se arrepienten o se sienten estafados con el resultado. La última de principios de año de YouGob aseguraba que más del 55 % consideraba que fue un error y según publica The Times, seis de cada 10 votantes creen que en el actual escenario el Reino Unido debería buscar una relación económica más estrecha con la Unión Europea.

Los episodios que exponen la vulnerabilidad o debilidad de Londres se suceden. El último, la semana pasada, fue traumático. El Gobierno tuvo que renunciar al programa de rearme de 130.000 millones de libras (142.000 millones de euros) de la UE al exigirle Bruselas, en especial Francia, «pagar para entrar en el juego» de las subastas. La cifra exigida no era menor: una contribución a las arcas de los Veintisiete de 5.700 millones de libras sólo para poder pujar en la adjudicación de contratos de defensa.

The Times recuerda la información publicada y no desmentida por Downing Street que afirmaba que la baronesa Shafik, principal asesora económica de Starmer, le había propuesto intentar dar marcha atrás y sumarse a la unión aduanera del bloque para impulsar el crecimiento de Gran Bretaña.

La recomendación cayó en saco roto. El diario británico cita una fuente gubernamental que no deja dudas sobre el rechazo de plano para volver al pasado. «No habrá una repetición del debate del Brexit... Hoy de lo que se trata es de tener un enfoque pragmático para tener una relación más fluida y estrecha que permita amortiguar los efectos de una mala decisión».

Daniel Finkelstein, resume el escenario de Gran Bretaña en una columna en The Times: «Lo que es seguro es que no se puede lograr el éxito del Brexit y seguir el modelo social europeo. Si este país quiere atraer inversores fuera del mercado único europeo, tendrá que ser ágil, competitivo y flexible, y tendrá que ser económico hacer negocios aquí». That's it.

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