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Hillsborough, una de las grandes tragedias de la historia del fútbol©RADIALPRESS

El motivo por el que el mayor homicidio por negligencia en el Reino Unido ha quedado impune 36 años después

El veredicto final es que hubo homicidio, negligencia, encubrimiento y manipulación del poder, pero también impunidad del Estado

Treinta y seis años después de la tragedia de Hillsborough, el mayor homicidio por negligencia de la historia del Reino Unido ha quedado definitivamente impune. El informe final del Independent Office for Police Conduct (IOPC) reconoce por primera vez de forma oficial que hasta doce antiguos agentes habrían tenido que responder por faltas gravísimas de conducta, entre ellos el entonces jefe de la Policía de South Yorkshire, Peter Wright, clave en el intento de desviar las culpas hacia los aficionados del Liverpool. Sin embargo, como todos esos agentes están retirados o fallecidos, no habrá procesos disciplinarios. Es decir, el Estado británico admite que 97 personas fueron asesinadas de forma ilegal, pero certifica al mismo tiempo que nadie pagará por ello.

Para poner la situación en contexto hay que remontarse 36 años atrás, al 15 de abril de 1989, cuando tuvo lugar la semifinal de la FA Cup entre el Liverpool y el Nottingham Forest disputada en Hillsborough, el estadio del Sheffield Wednesday. En ese entonces, una concatenación de decisiones policiales erróneas convirtió un partido de fútbol en una ratonera mortal que acabó con la vida de casi un centenar de personas

Los fallos fueron numerosos, como la asignación al Liverpool de la grada con menos capacidad pese a contar con más aficionados, los controles excesivos en los accesos que retrasaron la entrada de miles de personas y, sobre todo, la decisión del comandante David Duckenfield de abrir sin control las puertas del estadio cuando la multitud ya se agolpaba en el exterior, desencadenaron una avalancha humana en el túnel que llevaba al fondo de Leppings Lane. La Policía tardó en reaccionar, bloqueó el acceso de ambulancias creyendo que se trataba de un problema de hooliganismo y condenó a decenas de personas a morir asfixiadas contra las vallas. Ese día murieron 94. En los años siguientes se alcanzarían las 97 víctimas.

Pese a la magnitud del desastre, los errores no acabaron ahí y las personas implicadas intentaron desviar las culpas. Desde las primeras horas, altos cargos de la Policía de South Yorkshire, con el apoyo de sectores del Gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher –metida de lleno en una cruzada contra el hooliganismo– y de medios como The Sun, construyeron un relato falso para proteger al poder según el cual los muertos habrían sido culpables de su propia muerte por ir borrachos, sin entrada y fuera de control. Una mentira que marcó a toda una generación de familias.

Durante más de veinte años, ese relato oficial resistió. Por ejemplo, en 1991, el primer jurado dictó que las muertes habían sido accidentales. Dos años después, en 1993, los tribunales rechazaron reabrir el caso. Sin embargo, en 2012, tras una larguísima presión social, una comisión independiente reveló la magnitud del encubrimiento policial, y en 2016, tras el juicio más largo de la historia judicial británica, un jurado concluyó que las 96 víctimas de entonces –hoy ya 97– fueron ilegalmente asesinadas por una actuación policial gravemente negligente, y que ningún comportamiento de los aficionados contribuyó a la tragedia.

Los aficionados del Liverpool en Hillsborough, aplastados

A pesar de semejante veredicto, la justicia penal nunca llegó. Duckenfield fue juzgado por homicidio imprudente y absuelto en 2019. El resto de imputaciones se fue cayendo una a una antes incluso de llegar a juicio. El nuevo informe del IOPC expone ahora hasta qué punto el sistema se protegió a sí mismo, con investigaciones policiales a cargo de otros cuerpos también policiales, interrogatorios a supervivientes adolescentes bajo una presunción de culpabilidad, informes sesgados centrados en el consumo de alcohol de las víctimas y ocultación de pruebas determinantes. Incluso dos altos mandos de la Policía de West Midlands fueron enviados en 2017 a la Fiscalía por posible obstrucción a la justicia. En 2018, el caso fue archivado por «falta de pruebas suficientes».

El documento del IOPC reconoce ahora que Peter Wright habría incurrido en una conducta gravísima al tratar de minimizar la responsabilidad de su fuerza y cargar la culpa sobre los aficionados. Sin embargo, también sostiene que el resto de agentes se limitó a «defender la posición de su cuerpo». La consecuencia es que el mayor homicidio por negligencia del Reino Unido no tendrá castigo.

De ese fracaso institucional nació la Hillsborough Law, una ley concebida no solo para reparar simbólicamente a las víctimas, sino para impedir que otra tragedia vuelva a ser enterrada bajo la maquinaria del poder. Su objetivo es imponer un deber legal de transparencia a las instituciones públicas y garantizar igualdad de medios jurídicos entre el Estado y las víctimas. Pese a que el laborismo prometió aprobarla cuando venció las elecciones, pasaron meses hasta que aceptó desbloquearla. Ahora todavía debe recorrer el Parlamento y puede ser descafeinada por quienes nunca quisieron que existiera.

Sea como fuere, treinta y seis años después, el veredicto final es que hubo homicidio, negligencia, encubrimiento y manipulación del poder, pero también impunidad del Estado. Para acabar de cerrar herida, este mismo miércoles se enfrentaron el Liverpool y el Nottingham Forest, los protagonistas de tan aciago día. En las gradas de Anfield se pudo leer el siguiente mensaje: Unfairly blamed. Unlawfully killed (Culpados injustamente. Asesinados ilegalmente).