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MontecassinoHermann Tertsch

Washington declara a Europa en quiebra civilizacional y en Bruselas se esfuerzan por darle la razón

Una de las causas que se señalan en el informe como origen tanto de la degradación política como de la decadencia económica es el miedo a la libertad

La direccion política y la colosal burocracia institucional de la Unión Europea odian y temen a Donald Trump tanto como a las fuerzas nacionales, conservadoras y soberanistas europeas. Saben en Bruselas que hay una relación directa entre la segunda llegada a la Casa Blanca de este presidente y la revolución conservadora que se extiende por Estados Unidos, Europa y ya también Iberoamérica y que hace crecer sin pausa a las fuerzas que tienen al menos parcial sintonía política con el presidente norteamericano.

Ahora tienen en Bruselas, Berlín y París más motivo para odiar a Trump. Por un lado, tienen el documento de 33 páginas de Política Estratégica de los EE. UU. en el que se advierte que la decadencia económica y la degradación política y social en Europa no son ya problemas de coyunturas, sino una crisis de civilización que hace de los países de la Unión Europea, arrastrados por una ideología destructiva, sociedades débiles incapaces de ser aliados fiables y válidos para EE. UU.

Así de grave ven la situación en Washington, así de grave la vemos muchos en Europa. Y los medios y la casta política de Bruselas nos podrá eclipsar y callar a los europeos que así pensamos, pero no a la administración de los EE. UU. Eso hace un enorme favor a la verdad que entra por nuevas grietas en el discurso perfectamente falsario y fracasado de la Comisión Europea y gobiernos tan fracasados y débiles como el alemán y el francés.

Una de las causas que se señalan en el informe como origen tanto de la degradación política como de la decadencia económica es el miedo a la libertad y la cada vez mayor censura y persecución de la discrepancia. Pues la Unión Europea ha corrido a dar la razón al informe de la Casa Blanca antes de haber sido publicado al anunciar una multa a la plataforma de Elon Musk, X. Aluden a publicidad engañosa, pero todos saben que la Comisión Europea y sus perros de presa contra las fuerzas nacionales y antisocialistas no soportan los grados de libertad de expresión que Elon Musk reintrodujo en X cuando compró la plataforma. Y el propio Musk ha confirmado que la UE le ofreció evitar multas si volvía a aplicar censura a ciertas opiniones que siempre son las mismas, las conservadoras y nacionales.

Los miembros del Parlamento Europeo somos testigos de una política de la Comisión Europea marcada por el mismo pánico que tienen las mayorías socialdemócratas de populares y socialistas en Alemania, en Austria o en Francia que impiden gobiernos nacionales que ya son la primera fuerza. La presidente de la Comisión Europea no siente ningún ridículo cuando afirma que van a poner mucho dinero a disposición de medios independientes. Ni sienten vergüenza cuando se les exponen hechos difícilmente legales como la subvención con miles de millones en pasados años a ONG, todas ellas izquierdistas y con ideología woke, siempre volcadas en la guerra contra las fuerzas conservadoras. Ahora con el Acta de Servicios Digitales (DSA) –que han utilizado para multar a X– y con el «Escudo democrático» que es el programa contra supuesta desinformación y ataques de enemigos exteriores, pero en realidad es antes que nada el mando conjunto de medidas extraordinarias para combatir a las fuerzas nacionales, conservadoras y soberanistas que cada vez tienen más fuerza en los países miembros.

La relación directa entre la elección de Trump y el crecimiento espectacular de estas fuerzas de la derecha real existe. Pero no es que esta expansión conservadora espectacular por países de América y Europa la haya provocado un presidente que personalmente no es conservador. El cambio de era viene madurando desde hace años porque el fracaso de las políticas socialdemócratas y sus caballos de batalla ideológicos de clima, género, inmigración, multiculturalismo, decrecimiento y empobrecimiento es una catástrofe que pone en peligro toda la civilización occidental en Europa.

La relación directa que más une a estas fuerzas con Washington es la certeza de que la llegada de la nueva administración Trump ha impedido que en Europa la mayoría socialdemócrata de populares, socialistas y verdes que impone su política desde hace décadas tenga las manos libres para aplastar con métodos nada ortodoxos, nada democráticos y muchas veces nada legales, a las fuerzas nacionales que crecen sin parar.

No tiene las manos libres porque las fuerzas nacionales europeas cada vez son mayores, pero muy especialmente porque Washington denuncia y pone un espejo a las democracias europeas que hacen estallar todas sus contradicciones. Una de las primeras, muy sonada, llegó en Munich a principios del año de boca del vicepresidente JDVance. Este papel estratégico no lo es menos.

Toda la casta política y las elites europeas apostaron por un tándem electoral tan grotesco, mediocre e izquierdista como eran Kemala Harris y Tim Waltz, en el ticket demócrata en 2024 porque con ellos se hubiera lanzado ya de forma desaforada y quizás irreversible la ingeniería social globalista. No es una exageración afirmar que una victoria de Harris y Waltz habría traído consigo en Europa una oleada de ilegalizaciones de partidos nacionales. Y que con una administración izquierdista en Washington no se habrían esforzado mucho en buscar los pretextos para imponer esa práctica tan antigua y manida de prohibir hablar, actuar y presentarse a elecciones a fuerzas que con libertad podrían arrebatarles el poder.

Dice la Administración norteamericana en su papel sobre Política Estratégica que Europa se enfrenta a graves problemas causados por la política de la Unión Europea y otras organizaciones transnacionales que socavan las libertades políticas y la soberanía de las naciones y fomenta una inmigración que está transformando el continente y creando conflictos, la imposición de la censura, represión de la libertad de expresión en general y supresión de la oposición política, además del hundimiento de la natalidad, con pérdida de identidad nacional y la autoestima.

Es una pena que en la Unión Europea no haya la suficiente honradez como para publicar documentos semejantes y que cuando se encargan papeles estratégicos se haga siempre sabiendo que los hace algún miembro de la casta europeísta que da la razón la política fracasada de la UE de los pasados lustros o al menos no la combate abiertamente. Sin permitir dentro de las instituciones otras opiniones que las endogámicas de la casta socialdemócrata bipartidista, el fracaso está asegurado. Y los enemigos de Trump le vuelven a dar la razón.