Dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg donde aparece el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (c), junto a su mujer, Cilia Flores (d), compareciendo este lunes ante el tribunal federal.
Así compareció Maduro ante el juez: uniforme azul, auriculares y en presencia de su mujer
El líder venezolano se declara inocente y asegura a un miembro del público que es «un prisionero de guerra»
Aunque el trayecto que hicieron Nicolás Maduro y Cilia Flores desde la prisión de Brooklyn hasta el Tribunal Federal Daniel Patrick no era un largo –apenas una media hora–, el despliegue de seguridad fue muy amplio. Tras viajar en helicóptero sobre el río Hudson, los dos detenidos fueron trasladados hasta la sala en un convoy con cinco vehículos a los que acompañaba una importante escolta policial. Además, la Policía metropolitana de Nueva York tenía cortadas las calles colindantes al tribunal.
Las cámaras no estaban permitidas en la audiencia de este lunes, pero sí que había público y una multitud de periodistas en la sala junto a ilustradores que captaron todo lo que allí sucedía.
Maduro, quien fue capturado por miembros de la Fuerza Delta del Ejército el pasado 3 de enero y trasladado a Estados Unidos, vestía pantalón caqui y una camisa azul marino de manga corta sobre un uniforme de prisión color naranja. Al entrar en la sala, se giró para saludar a varios miembros del público a los que deseó en inglés «¡Feliz Año Nuevo!». En todo momento, el venezolano llevó unos auriculares para la traducción simultánea, ya que se dirigió al tribunal en español.
La comparecencia de hoy era un mero formalismo en la que el juez Alvin Hellerstein ha leído los cargos que se les imputan a los acusados –que se declararon inocentes– e hizo preguntas rutinarias. Mientras Hellerstein resumía los cargos se podía ver a Maduro negando con la cabeza.
Al dirigirse al dictador, el juez le pide que se identifique y Maduro en español se autodefine como «presidente de la República de Venezuela» y comienza a relatar cómo le sacaron por la puerta de su casa en Caracas.
Tanto Maduro como su mujer se declararon no culpables.
En ese momento, el juez Hellerstein, de 92 años, interrumpe a Maduro, quien no estaba esposado, sino con grilletes en los tobillos: «Sólo quiero saber tu nombre. Ya habrá tiempo y lugar para profundizar en todo esto». Claramente, Nicolás Maduro pretendía hacer una declaración personal sobre su situación, pero no le quedó más remedio que acatar las normas de la corte.
En el tribunal, Cilia Flores llevaba unas vendas en la frente y presentaba lo que parecían ser hematomas cerca del ojo derecho. Hablaba en voz baja. Al ponerse de pie para declararse inocente, pareció tambalearse y tuvo que apoyarse en un alguacil.
Cilia Flores, mujer de Nicolás Maduro, con una venda en la frente
Durante la vista, que duró 40 minutos, Maduro ha permanecido reclinado en su silla, con los brazos apoyados en los reposabrazos. A veces, juntaba las manos como si rezara y agachaba la cabeza. También tomó notas que más tarde preguntó al juez si podía conservar consigo.
Los abogados del matrimonio aseguraron que Maduro tiene problemas de salud que requieren de atención médica. Lo mismo que en caso de Flores, de quien afirman que tiene lesiones más graves que se le ocasionaron «durante el secuestro». Para ella solicitan una radiografía de las costillas ante una posible fractura.
Cuando Maduro y Cilia salían de la sala, una persona de entre el público gritó, acusando a Maduro de ser un presidente ilegítimo. Mientras Maduro cruzaba la puerta hacia un pasillo, insistió en español: «Soy un prisionero de guerra».