Una imagen tomada de las redes sociales muestra a las fuerzas de seguridad iraníes utilizando gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes en el bazar de Teherán el martes.
Los iraníes se rebelan contra el régimen de los ayatolás a pesar de la brutal represión: «Disparan en las calles contra la gente indefensa»
El pasado 28 de diciembre, Irán vivió un episodio inusual que puso de manifiesto la gravedad de la crisis económica que atraviesa el país persa. Los comerciantes de Gran Bazar de Teherán –gran termómetro de la economía de la República Islámica– convocaron un paro general. Detrás de esta decisión se esconde la frustración de los tenderos por el alza de los precios, la continua depreciación del rial y la pérdida del poder adquisitivo de los iraníes de a pie, incapaces ya de afrontar los gastos más básicos. La situación que enfrenta Irán es tan desesperada que, a pesar de las amenazas del régimen iraní, los comerciantes decidieron seguir adelante con su jornada de paro.
Desde ese día, la República Islámica ha experimentado protestas a diario, cada vez más multitudinarias. Los primeros en sumarse a los comerciantes del Bazar de la capital fueron los universitarios. Más de la mitad de la población del país persa es menor de 30 años y son precisamente estos jóvenes los que más sufren la terrible crisis económica que atraviesa el país desde hace años.
Las manifestaciones, motivadas en un principio por la escasez, han evolucionado para pasar a reclamar la caída del régimen de los ayatolás y ya se han propagado a más de 150 ciudades. Neda Javid, iraní residente en España desde hace 14 años, reconoce a El Debate que lo que ve «es un país donde la gente está cansada, agotada de sobrevivir, y donde cada protesta tiene un precio muy alto». «Lo vivo con preocupación por la gente que está allí», confiesa Javid, cuya familia sigue en el país persa.
Mientras que el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha pedido contención al aparato de seguridad de la República Islámica y ha ordenado que no se tomen medidas de seguridad contra los manifestantes, el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ha optado una vez por reprimir a su pueblo. En los últimos catorce días de protestas, al menos 51 personas han muerto, ocho de ellas menores, y más de 2.000 han sido detenidas, según datos facilitados por varias organizaciones de derechos humanos como Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo (Noruega).
Asimismo, las autoridades han sometido a la población a un apagón total de internet que ya dura más de 36 horas. Con todo, la joven iraní asegura que es «consciente de que ningún cambio llega sin un precio», pero dice que «espera de verdad que no tengamos que pagar un precio demasiado alto». Sin embargo, las últimas medidas anunciadas por el Ejecutivo de Pezeshkian como un subsidio directo de cinco euros por ciudadano o un aumento de los salarios de los funcionarios del 20 al 40 % no han servido para aplacar el hastío de los iraníes que vuelven a clamar: «Muerte al dictador».
Ningún cambio llega sin un precioIraní residente en España
«Este nuevo levantamiento era inevitable, ya que el pueblo iraní ha sufrido mucho en los últimos tiempos: económica, social y psicológicamente. Se preguntan por qué deben pagar el precio de las políticas erróneas, agresivas y destructivas de los funcionarios de la República Islámica de Irán», explica a El Debate el periodista iraní, Ali Ameri. El experto señala que el régimen «ha demostrado que no le importan los sufrimientos y las demandas del pueblo» y que, por lo tanto, «se necesitaba una chispa para encender la mecha de la ira del pueblo».
En este sentido, Ameri augura que la represión contra las legítimas reivindicaciones de su pueblo continuará, pero apunta que la principal diferencia de este levantamiento con respecto a los de años atrás es que esta vez el régimen «se ha debilitado, mientras que la miseria de la nación se ha agravado». El periodista iraní, ahora condenado al exilio, argumenta además que «la moral de las fuerzas de seguridad represivas también ha disminuido y muchos de ellos se han vuelto escépticos sobre el futuro». El pasado año, la República Islámica sufrió múltiples reveses a manos de sus enemigos que ha dejado muy tocada su imagen, también a nivel interno.
Iraníes se congregan mientras bloquean una calle durante una protesta en Teherán, Irán
Sus principales tentáculos en el exterior, como Hezbolá, en el Líbano; Hamás, en la franja de Gaza; los hutíes, en Yemen; o la dictadura de Bashar al-Asad, en Siria, han colapsado o se han quedado completamente descabezados y sin poder real de amenaza. Asimismo, la Guerra de los Doce Días contra Israel, el pasado mes de junio, y el ataque de Estados Unidos contra varias instalaciones nucleares en el territorio persa han dejado en evidencia los fallos del sistema de defensa iraní y de su aparato militar.
A pesar de todo, Ameri ve muy difícil un cambio de régimen, al menos, a corto plazo. Por su parte, Javid apostilla que «no es que la sociedad no haya querido cambiar, es que no se le ha permitido hacerlo. Y aun así, la gente sigue intentándolo». Pero todo levantamiento contra la teocracia islámica conlleva un derramamiento de sangre. «Duele de una forma muy profunda. No solo porque maten, sino porque a los que disparan no les pasa absolutamente nada. Eso es lo que más duele: la impunidad», denuncia la joven iraní. Así, Ali Vaez, experto en Irán del think tank International Crisis Group, apunta que ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y tras las amenazas de intervenir si el régimen de los ayatolás sigue reprimiendo las manifestaciones, ha introducido una nueva variable.
El régimen está abonando el terreno para justificar una intervención militarPeriodista iraní
«Los líderes iraníes no necesitan el precedente de Venezuela para ver la credibilidad de la amenaza: el ataque contra [el general iraní Qasem] Soleimani hace seis años y la Operación Martillo de Medianoche hace seis meses demuestran que Trump está bastante dispuesto a dar luz verde a acciones, especialmente si se consideran llamativas, limitadas y controlables», expone Vaez.
Esta misma idea defiende Ameri, que sentencia que «ahora que se está disparando contra personas indefensas en las calles, el régimen está sentando las bases para que [Trump] pueda justificar una intervención militar, especialmente si la represión contra la población se intensifica y se produce un mayor derramamiento de sangre». En definitiva, concluye el periodista, este levantamiento –el más multitudinario desde las protestas de 2022 bajo la consigna de 'Mujer, Vida y Libertad'– «es el resultado de muchas demandas insatisfechas de la nación iraní a lo largo de décadas».