Vladimir Padrino López (Centro) jefe del Ejército de la dictadura chavista y la cúpula militar en Caracas
La industria militar rusa y china sufre un duro golpe tras el colapso de sus sistemas de defensa en Venezuela
La protección de Nicolás Maduro no solo estaba en manos de los cubanos, sino que a nivel de armamento estaba sostenida por tecnología de Rusia y China
La estrepitosa y rápida caída del dictador venezolano Nicolás Maduro no solo ha sido un duro golpe a la reputación de la inteligencia cubana que perdió a 32 agentes que lo protegían si no también para la industria militar rusa y china que ha proveído los equipos y tecnología para la defensa de Venezuela.
La madrugada del 3 de enero quedaron al descubierto las principales debilidades estructurales de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela y la fragilidad de su sistema de defensa aérea de origen chino frente a un adversario con supremacía en guerra electrónica, inteligencia y ataques de precisión.
Durante el corto tiempo en que duró la operación, los militares estadounidenses lograron degradar y cegar los sensores clave del dispositivo defensivo que estaba centrado en una red de radares suministrados por la China Electronics Technology Group, entre ellos los sistemas JYL-1 de vigilancia tridimensional y el radar de onda métrica JY-27, promocionado durante años como un supuesto «cazador de aeronaves furtivas».
«La neutralización de los radares impidió cualquier empleo efectivo de los sistemas antiaéreos de mayor alcance, incluidos los complejos S-300V y Buk-M2, adquiridos a Rusia para conformar una defensa escalonada» señala el portal especializado Zonamilitar.com
Desde el punto de vista militar, analistas consultados por ese portal coinciden en que el colapso de los sistemas de defensa «no se explica por la falla de un sistema puntual, sino por la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo interferencia intensa y ataques multidominio».
Pero lo cierto es que tanto Maduro como el régimen venezolano depositaron su confianza en los proveedores de armas de Rusia y China pagando miles de millones de dólares en sistemas de defensa que prometían ser de vanguardia y efectivos ante las últimas tecnologías occidentales.
El daño reputacional de estos sistemas y equipos de defensa seguramente hará reconsiderar su compra por parte de otros países o clientes potenciales. Por otro lado, la industria armamentista de la que presume tanto Vladimir Putin como Xi Jinping se ha quedado sin un cliente con amplia chequera ya que Venezuela, por su realineamiento forzoso con Estados Unidos, dejará de comprarles armas.
Millones de dólares convertidos en chatarra
El sistema antiaérea S-300VM, vendido por rusia como un escudo impenetrable, costó al pueblo venezolano cerca de 2.000 millones de dólares y prometía detener misiles modernos, neutralizar aviones furtivos y en definitiva cerrar el Caribe al poder naval estadounidense.
«En la práctica fue un faro en la guerra electrónica moderna. Al encenderse, sus radares anunciaron su posición exacta. No defendieron el cielo, se convirtieron en blancos» según detallan analistas militares en redes sociales.
Por otro lado, los aviones Sukhoi venezolanos —exhibidos por el chavismo durante años como símbolos de poder— dependían a su vez de radares funcionales y enlaces de datos seguros que perdieron en los primeros minutos de la ofensiva estadounidense.
La madrugada del 3 de enero quedó en evidencia que la dictadura de Maduro, para su propia desgracia y la del pueblo venezolano, gastó millones sin doctrina moderna, adquirió equipos «de élite» sin personal capacitado y tomó decisiones basadas en propaganda y no en escenarios reales de combate.