El patrón tecnológico es reconocible y encaja con la doctrina de Estados Unidos para operaciones de decapitación política
Satélites, drones y Delta Force: así derribó la tecnología el búnker de Maduro
La noche en que Caracas se llenó de explosiones, el verdadero combate se libraba en las órbitas de los satélites, en los servidores de inteligencia y en las pantallas de drones y comandos especiales
Estados Unidos no solo ha capturado a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, también ha demostrado al mundo hasta qué punto la superioridad tecnológica puede doblegar a un régimen atrincherado bajo toneladas de hormigón. La operación que terminó con el matrimonio presidencial embarcado en un avión rumbo a jurisdicción estadounidense es inseparable de años de trabajo de inteligencia electrónica, satelital y cibernética sobre el llamado «búnker de Maduro».
Durante meses, Washington había dejado caer que conocía la ubicación y estructura del refugio subterráneo de Maduro, un complejo situado bajo el entorno del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, supuestamente a unos 40 metros de profundidad y con varios niveles preparados para resistir un asedio prolongado. Filtraciones de exfuncionarios estadounidenses mostraron incluso imágenes satelitales que atribuían a ese búnker, lanzando un aviso al chavismo ya que nada de lo que consideraba secreto lo era ya para la inteligencia norteamericana.
Eefugio subterráneo de Maduro, un complejo situado bajo el entorno del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar
Ese conocimiento previo ha sido la base sobre la que se ha planeado la ofensiva del 3 de enero de 2026, cuando una serie de explosiones sacudió Caracas y distintas instalaciones militares mientras helicópteros de operaciones especiales sobrevolaban la capital. Minutos después, Donald Trump anunciaba que Maduro y su esposa habían sido «capturados y sacados del país», lo que confirmaba que el refugio que debía garantizar su supervivencia terminaba convertido en jaula.
Inteligencia satelital y guerra electrónica
Los detalles de la operación siguen envueltos en secretismo, pero el patrón tecnológico es reconocible y encaja con la doctrina de Estados Unidos para operaciones de decapitación política.
Satélites y análisis geoespacial
• La localización del búnker se apoyó en constelaciones de satélites capaces de detectar movimientos de tierra, estructuras subterráneas y patrones de actividad anómalos alrededor del aeropuerto de Maiquetía y otras bases.
• Sistemas de radar de apertura sintética, combinados con análisis de firmas térmicas, permiten inferir cavidades y flujos de energía bajo superficie, algo clave para mapear un refugio pensado para operar semanas desconectado del exterior.
Guerra electrónica y ciberataques
• Además de los bombardeos, se desplegó un intenso componente de guerra electrónica para cegar radares, descoordinar defensas aéreas y dificultar las comunicaciones de mando del régimen.
• Se habrían lanzado ataques cibernéticos contra redes militares y gubernamentales venezolanas, tanto para obtener inteligencia en tiempo real como para confundir sobre la ubicación exacta del presidente en las primeras horas del asalto.
Drones y fuerzas especiales
La pieza final fue la acción sobre el terreno. Según distintas cadenas estadounidenses, la operación para detener a Maduro estuvo en manos de la Delta Force, la unidad de misiones especiales más secreta del Ejército y en la que Trump confía todas sus operaciones delicadas. Su despliegue encaja con las imágenes de helicópteros de asalto volando a baja altura sobre Caracas y con testimonios de disparos y explosiones en puntos neurálgicos como Fuerte Tiuna y el área de La Carlota.
Un miembro de la Guardia Nacional hace guardia en la entrada de Fuerte Tiuna, el complejo militar más grande de Venezuela
Los MQ‑9 Reaper, drones de vigilancia y ataques de precisión, habrían jugado un papel fundamental tanto en la fase previa controlando movimientos del entorno del búnker y de los convoyes presidenciales, como en la noche del operativo para proporcionar visión situacional, designación de blancos y capacidad de reacción ante cualquier intento de evacuación. El resultado fue un dispositivo de golpes aéreos contra defensas y centros de mando con una irrupción quirúrgica para extraer al presidente y a su esposa antes de que el sistema chavista pudiera reaccionar.
Filtraciones internas
Desde hace meses, investigaciones periodísticas y filtraciones oficiales apuntaban a un trabajo de infiltración humana en el círculo de seguridad de Maduro. La revelación de la estructura del búnker (número de niveles, autonomía, capacidad, rutas de escape) difícilmente podía proceder únicamente de teledetección; requería acceso a planos, constructores o mandos encargados de su seguridad.
Associated Press desveló el intento de reclutar al piloto de Maduro
A esto se suma el intento, destapado por Associated Press, de reclutar al propio piloto de Maduro para convertirlo en pieza clave de un plan de captura, un ejemplo de hasta qué punto Washington ha tratado de explotar cualquier eslabón vulnerable en la cadena de protección del líder venezolano.
Un mensaje al mundo
La captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores cierra un ciclo en el que la tecnología ha sido tan protagonista como la geopolítica. Satélites, drones, guerra electrónica, ciberoperaciones e inteligencia humana han convertido el búnker que debía proteger al líder en un símbolo de vulnerabilidad. Todo refugio deja huella, toda comunicación genera una señal, todo círculo de confianza puede romperse.
Otros regímenes bajo presión toman buena nota de que la profundidad del hormigón importa menos que la profundidad del conocimiento que un adversario acumula sobre tus rutinas, tus redes y tus infraestructuras críticas. Y en esa batalla, Estados Unidos acaba de exhibir que, al menos en Venezuela, la brecha tecnológica sigue siendo abismal.