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Príncipe Davoud Pahlavi

Príncipe Davoud PahlaviCortesía del entrevistado

Entrevista

El príncipe Davoud Pahlaví: «Trump amenaza y Europa condena, pero la victoria de Irán llegará de la calle»

El sobrino nieto del sah desmenuza en El Debate los entresijos de las revueltas y explica por qué la opción de su primo Reza es las más realista

Tiene 53 años, es nieto mayor por línea de varón del Príncipe Ali Reza, fallecido en 1954 y hermano menor del último sah. Fiel a su primo el Príncipe Reza, actual jefe de la Casa Imperial, intensifica en los últimos tiempos su presencia en medios y redes sociales. No para hablar en vano: tiene un mensaje.

¿Qué es lo que hace usted pensar que el movimiento de protesta es imparable?

–El rial ya no es más que papel mojado, la inflación devora los sueños, y la electricidad vacila como la legitimidad del régimen. Las calles están teñidas de rojo; algunas estimaciones sugieren hasta 20.000 víctimas. Adolescentes, madres, trabajadores, estudiantes, abatidos a tiros con balas reales, por francotiradores en los tejados, por desalmados Basij [paramilitares]. Los hospitales están asediados, los heridos son perseguidos incluso en sus camas. Y, sin embargo... la gente sigue ahí. Todavía.

¿Tiembla el régimen?

–Tiembla. Cierra los cielos a los aviones civiles, se aísla del mundo exterior, promete ejecuciones rápidas, culpa a Trump, a Israel, a Estados Unidos; a todo menos a su propia corrupción. Pero el miedo ha cambiado de bando; están contra las cuerdas. El mundo observa; Trump amenaza, Europa condena y el G7 debate nuevas sanciones. Pero la victoria llegará de las calles de Teherán, los callejones de Shiraz, los pueblos de Kurdistán y Baluchistán. Les aseguro que este no es el final, sino el comienzo de un nuevo futuro.

3.248 es el número de muertos hasta la fecha, según la ONG Human Rights Irán. ¿Es probable que esto empeore? ¿O esta cifra hará reflexionar al ayatolá Alí Jamenei?

–El número de muertos, difícil de establecer debido al apagón de internet varía considerablemente según la fuente. Estas cifras, a pesar de sus discrepancias, revelan una represión de extrema brutalidad: disparos con munición real contra multitudes desarmadas, francotiradores apostados en los tejados, asaltos a hospitales y morgues como en Kahrizak, cadáveres amontonados para ocultar la verdad.

Insisto: ¿cederá Jamenei?

–Todo indica que no. Fiel a su inflexible postura ideológica, el líder supremo considera estos levantamientos no como demandas legítimas, sino como conspiraciones orquestadas por potencias extranjeras, Estados Unidos e Israel. Sus recientes declaraciones exigen una respuesta «decisiva» contra los «alborotadores» y «saboteadores», sin la menor señal de ceder. Rodeado de la línea dura de la Guardia Revolucionaria y del clero conservador, Jamenei antepone la supervivencia del sistema a cualquier consideración humanitaria. Incluso las advertencias de Donald Trump, «la ayuda está en camino» si las matanzas continúan, parecen haber reforzado su postura desafiante.

Jamenei antepone la supervivencia del sistema a cualquier consideración humanitariaPríncipe Davoud Pahlaví

¿Cuáles son los escenarios que maneja, en su opinión, el líder supremo?

–Podría, por el contrario, acelerar la maquinaria represiva para aplastar lo que el régimen percibe como una amenaza existencial. Sin una improbable desescalada, un inusual motín interno o una intervención externa masiva, la crisis promete ser aún más trágica. El futuro de Irán pende de un hilo en estos momentos oscuros, y el silencio mundial corre el riesgo de ser duramente juzgado por la historia. Solo el fin de este régimen pondrá fin a la barbarie y le permitirá acatar la voluntad del pueblo que se manifiesta pacíficamente.

¿Se puede detener este baño de sangre?

–Es imperativo golpear donde más duele: en sus bolsillos. Deben imponerse sin demora sanciones económicas sin precedentes, acompañadas de la congelación inmediata de los activos de los funcionarios del régimen, que ascienden a miles de millones de dólares. Estos fondos, a menudo ocultos en paraísos fiscales o invertidos en bienes raíces y negocios en Canadá, Estados Unidos y Europa, representan una colosal reserva de capital que debe ser drenada para debilitar permanentemente los cimientos de esta tiranía. Al mismo tiempo, la comunidad internacional debe emitir un ultimátum claro e inequívoco: o el régimen cesa sus abusos y respeta los derechos humanos fundamentales, o se enfrentará a una escalada de medidas punitivas, incluyendo el aislamiento diplomático total y restricciones comerciales que paralizarían su economía.

¿Seguirá habiendo régimen dentro de un mes?

–Es muy difícil responder a esa pregunta, pero el fin de este régimen llegará. Sin embargo, su supervivencia se asemeja más a una agonía prolongada que a una victoria. Cada día que pasa erosiona un poco más su legitimidad, cada bala disparada ensancha un poco más el abismo, cada apagón fortalece la determinación de quienes no tienen nada que perder. 2026 se perfila como el año en que todo podría cambiar. El pueblo iraní, tras cuarenta y siete años de resiliencia, parece haber cruzado el punto de no retorno.

¿No está siendo un poco imprudente tu primo, el Príncipe Reza Pahlaví, al atizar la revuelta?

–No, el Príncipe Reza no está incitando la revuelta imprudentemente. Al contrario: apoya al pueblo iraní, comprende profundamente sus aspiraciones y apoya un movimiento que ya ha nacido en las calles, con la sangre y el coraje de tantos iraníes anónimos. Durante años, y más aún desde el levantamiento de «Mujer, Vida, Libertad», hasta las inmensas manifestaciones de estos últimos días, su mensaje no ha flaqueado: esta lucha pertenece al pueblo. Es su revolución, su lucha por reclamar su libertad, su dignidad y su futuro. Lejos de buscar inflamar las pasiones para su propio beneficio, llama incansablemente a las fuerzas de seguridad, al Ejército y a la Guardia Revolucionaria a que dejen de disparar contra sus hermanos y hermanas, a que prefieran a su nación por encima del régimen.

¿Y en relación con los manifestantes?

–Elogia su valentía, los anima a mantener las calles a pesar de la feroz represión y reitera que el régimen se tambalea: está dividido, le faltan mercenarios leales, y su caída es inminente si el pueblo se mantiene unido y decidido. El Príncipe Pahlaví no enciende el fuego; intenta iluminar el camino para quienes ya lo han encendido. Da voz política, coherencia y visibilidad internacional a una ira que existe desde hace tiempo, alimentada por décadas de humillación, pobreza y terror. Acusarlo de «alimentar» la revuelta sería como culpar a un salvavidas por animar a una persona que se está ahogando a nadar hasta la orilla.

¿Cómo explica los gritos de «Javid sah» [¡Viva el sah!] cuando la mayoría de los manifestantes no ha cumplido 30 años?

–Son gritos que no se explican por una nostalgia que nunca han vivido. Expresan algo mucho más profundo y actual. Esta generación ha nacido y crecido íntegramente bajo la República Islámica: solo han conocido la corrupción endémica, el empobrecimiento generalizado, la humillación cotidiana, las ejecuciones públicas, la represión de las libertades más elementales, el aislamiento internacional y las guerras por poder que no les aportan nada más que miseria y odio hacia el mundo. Cuando gritan «Javid sah» en las calles de Teherán, Isfahán, Mashhad, Zahedan, Ardabil o Kermanshah, no es para resucitar el pasado: es para matar simbólicamente el presente y abrir un futuro posible. Es un acto de reapropiación de su identidad nacional frente a una ocupación ideológica que viven como ajena a la «iranidad».

¿Cree que la opción Pahlaví es la opinión mayoritaria en Irán?

–Sí, la opción Pahlaví es, sin duda, la opinión mayoritaria en Irán hoy en día. No es simplemente nostalgia ni una idea impuesta desde fuera: surge del corazón mismo del pueblo, como lo demuestran las calles, inundadas de manifestaciones en las últimas semanas. Las calles corean sin cesar «Javid sah» y exigen el regreso del Príncipe Reza Pahlaví. Es el símbolo viviente de la unidad nacional, la transición hacia la libertad y la ruptura definitiva con la tiranía islamista. No necesitan haber conocido al sah para saber lo que ya no quieren. Y lo que rechazan tan radicalmente es precisamente lo que la República Islámica les ha impuesto toda su vida. Para ellos, «Javid sah» significa un Irán libre y soberano.

Sin embargo, en redes sociales, figuras como el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, abogan por otra figura de la oposición, Mariam Rajavi, para liderar una posible transición.

–Sí, es cierto que figuras internacionales como Giuliani han defendido públicamente a Rajavi y a la Organización de Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK) en redes sociales, presentándolos como una alternativa viable para una transición en Irán. Sin embargo, la imagen que pintan estas voces extranjeras no se corresponde en absoluto con la realidad del pueblo iraní sobre el terreno. Todo lo contrario: los Muyahidines del Pueblo son profundamente odiados por la gran mayoría de los iraníes, que los consideran traidores a la nación.

¿No es hora de que la oposición se una bajo una sola bandera hasta que caiga el régimen?

–La unidad es lo más difícil de lograr, ya que las ambiciones personales a menudo prevalecen sobre los problemas reales. Por otro lado, el pueblo rechaza visceralmente cualquier cosa que se asemeje a una ideología extremista o a una injerencia percibida como extranjera, y el MEK encarna precisamente eso. Los observadores sobre el terreno y los vídeos filtrados a pesar de la censura muestran a una multitud unida en torno a la aspiración de una monarquía constitucional o una democracia laica, no en torno a un grupo como el MEK, considerado una reliquia tóxica del pasado. Lo que el pueblo desea es una figura unificadora capaz de guiar una transición pacífica a la democracia, sin el caos posterior al régimen. Y esa figura, hoy, es el Príncipe Reza.

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