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Zoé Valdés
AnálisisZoé Valdés

Un cacho de hielo para Donald Trump

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desempeñó un papel fundamental en la derrota de la Alemania nazi y sus aliados

Soldados daneses durante una práctica de tiro en Groenlandia

Soldados daneses durante una práctica de tiro en GroenlandiaAFP

Donald Trump, conocido por sus declaraciones provocadoras y cargadas de ironía, ha hecho referencia en varias ocasiones al papel de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En este caso concreto, en Davos, Trump señala que, Europa debería estar agradecida a Estados Unidos por no estar «hablando alemán y un poco de japonés», en clara alusión a lo que habría sucedido si el bloque nazi y el Imperio japonés hubieran ganado la guerra.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desempeñó un papel fundamental en la derrota de la Alemania nazi y sus aliados. La intervención militar y el apoyo económico estadounidense, junto con la participación de la Unión Soviética y otros países aliados, fue crucial para el desenlace final del conflicto. Trump utiliza este hecho histórico para justificar la importancia estratégica de Estados Unidos en Europa y resaltar la deuda moral y económica que, en su opinión, Europa tendría con su país. Y, lleva razón.

La «Rusia comunista» añade otra capa de contexto, ya que la Unión Soviética fue también determinante en la derrota del nazismo, aunque posteriormente se convirtió en el principal adversario de Occidente durante la Guerra Fría. Los movimientos políticos actuales, con tendencia al «islamoizquierdismo», son una consecuencia indirecta de la influencia comunista y de los cambios ideológicos (el islam es una ideología y no una religión) que se han producido en el continente desde entonces.

El término «islamoizquierdismo» no debiera ser polémico, se utiliza en algunos debates políticos para describir una real alianza entre movimientos de izquierda y corrientes islámicas en Europa, generalmente con una connotación exacta. Trump no usa el término directamente para criticar la involución política y anticultural de Europa, pero sugiere que la influencia estadounidense en la Segunda Guerra Mundial evitó una Europa dominada por regímenes totalitarios, aunque la deriva actual sería consecuencia de otros factores históricos, como el comunismo soviético.

La intervención de Donald Trump en Davos estuvo cargada de ironía, de exactitudes históricas, mediante las que buscaba resaltar la importancia de su país en los acontecimientos históricos que han liberado y definido Europa. Él mismo se describió como un norteamericano de origen europeo, nacido de una madre cien por ciento escocesa y un padre cien por ciento alemán.

Al mismo tiempo, utiliza referencias históricas y políticas para sopesar la situación actual del continente, relacionando la evolución ideológica europea con el pasado comunista y la presencia de movimientos destructivos de Occidente, en una mezcla de análisis y provocación típica de su estilo.

He sido crítica de Trump cuando lo he creído conveniente, en esta oportunidad le aplaudo y le doy enteramente la razón. Acaben de darle ese «cacho de hielo», que bien poco es en comparación a lo que América le ha dado al mundo, y además hará un gran uso para la seguridad mundial. En su discurso, al que les remito, está. Y, si en el pasado se sonaban admirados los discursos del Orador Orate de Castro de más siete horas, bien pueden oír ahora al rubio que ha cruzado el Rubicón.

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