El principio del fin de la UNRWA
En 2025, la Knéset (Parlamento) aprobó una ley que prohíbe operar a UNRWA dentro de Israel y eliminó sus privilegios, pues el organismo está «asociado a actividades criminales», según el ministerio de Defensa
Entrada de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Educación administrada por la UNRWA en Cisjordania
Creada en 1949 por la ONU tras el ataque árabe a Israel de 1947-48, para ayudar a los palestinos –750 mil– que abandonaron sus pueblos por la guerra. Su mandato original fue temporal, pero con el tiempo se amplió indefinidamente.
Ha ayudado a millones de personas en Gaza, Líbano, Jordania y Siria, ofreciendo educación, salud y alimentos. Sin embargo, el status de «refugiado hereditario» ha hecho que generaciones posteriores –nacidas en países árabes– conserven el estatus de «refugiado» sin recibir ciudadanía o ubicación permanente, un punto que sus críticos señalan como la perpetuación artificial del conflicto.
Para entender el contexto, cabe señalar que en la época de su creación decenas de millones de refugiados esperaban soluciones en Europa, tras la II Guerra Mundial.
El nuevo estado judío recibió también unos 800 mil expulsados de países árabes, además de sobrevivientes del Holocausto. Los refugiados palestinos eran una gota en ese mar, pero a diferencia de los demás fueron los únicos no integrados en sus países de acogida. Mantuvieron su status por motivos políticos de las naciones musulmanas.
Entre 1947-48 Cisjordania y Gaza eran gobernadas por Jordania y Egipto respectivamente. Ni se les ocurrió crear allí un estado árabe-palestino, lo cual recién empezaron a reclamar desde 1967. La OLP de Arafat se fundó en 1964, tres años antes del control israelí de estas zonas.
Una de la mas serias críticas a UNRWA es que su propia estructura y mandato perpetúa el problema en vez de resolverlo. La agencia opera con un enfoque que mantiene atrapados a cuatro millones de palestinos en estado de dependencia, sin fomentar soluciones definitivas, y ello alimenta discursos extremistas y una cultura eterna de victimización, en lugar de la necesaria integración.
Promoción del odio
Tras el devastador ataque de Hamás del 7/10/2023 en Israel, las acusaciones contra UNRWA aumentaron. El gobierno israelí ha documentado que empleados de la agencia eran terroristas de Hamás. Por ello se le retiró su inmunidad diplomática, y se ve a la agencia como una amenaza de seguridad.
En 2025, la Knéset (Parlamento) aprobó una ley que prohíbe operar a UNRWA dentro de Israel y eliminó sus privilegios, pues el organismo está «asociado a actividades criminales», según el ministerio de Defensa. Organizaciones como UN Watch han afirmado que sus investigaciones identificaron terroristas dentro de escuelas y oficinas, acusando a la UNRWA de no hacer controles mínimos de personal y promover el fanatismo entre niños y maestros.
Las acusaciones también señalaron el contenido de los programas educativos que «contienen narrativas que glorifican la violencia y el martirio, rechazando valores de paz y coexistencia» con Israel. Estos argumentos son expuestos para sostener que UNRWA no sólo falla en neutralidad, sino que es parte integral de una narrativa histórica manipulada y hostil.
En conjunto, aunque ha despedido a empleados implicados y cooperado en investigaciones, Israel y sus aliados sostienen que la agencia no ofrece suficientes garantías y ha sido utilizada como plataforma para atentados y asesinatos.
Desvío -robo- de fondos
Una línea crítica importante se centra en la gestión financiera de UNRWA. Analistas han cuestionado la falta total de transparencia en el uso de fondos, argumentando que los recursos donados por Occidente no son utilizados con la supervisión adecuada, y terminan reforzando estructuras paralelas de poder que benefician a grupos extremistas y a redes clientelistas, sin mejorar las condiciones de vida. Pese a que la UNRWA defiende sus sistemas de control, estos no responden a los estándares mínimos exigidos a otras agencias similares.
La FDD (Foundation for Defense of Democracies) ha sostenido que el apoyo financiero alimenta, de facto, una «economía de emergencia» permanente y dependiente, con continuos pedidos de más fondos pese a décadas de un presupuesto creciente.
Israel ha convertido la crítica a UNRWA en un tema central de su política exterior. Para Jerusalén, la agencia no sólo es problemática por infiltración de yihadistas, sino porque su existencia institucionaliza el problema de los refugiados palestinos sin fin.
Como parte de esta línea, el gobierno ordenó la expulsión de UNRWA de Jerusalén Este, afirmando que la sede no tiene inmunidad y que había cesado sus operaciones allí. Israel demolió los edificios del complejo en el presente enero. Washington ha suspendido su apoyo y considera aplicarle sanciones relacionadas con terrorismo si se confirma que no garantiza la neutralidad de su personal.
Medios estadounidenses como Fox News han subrayado los problemas de seguridad y terrorismo denunciados por el gobierno israelí, haciéndose eco de informes sobre personal implicado en violencia y la corrupción financiera. Otros como Wall Street Journal han cubierto los eventos recientes de demolición de la sede en Jerusalén con un matiz que resalta la lógica del hecho. Medios europeos, como Le Figaro y La Stampa, han publicado análisis que reflejan el debate internacional: reconocen la preocupación israelí sobre seguridad y neutralidad, pero también citan el papel humanitario de UNRWA en Gaza.
A inicios de 2026, la disputa entre Israel y UNRWA se intensificó con la mencionada demolición de su sede, una medida celebrada por sectores nacionalistas y calificada por la propia agencia como una violación de su «inmunidad diplomática».
Israel sostiene que esta batalla no es contra instalaciones físicas, sino contra un sistema que tolera la infiltración terrorista y fomenta el odio, al tiempo que perpetúa un estatus político-legal interminable para millones de palestinos. A su juicio desmantelar la UNRWA sería un paso hacia un enfoque eficaz en resolver el conflicto, en vez de permitir organismos que fomentan tensiones.
La comunidad internacional se encuentra dividida: unos avalan la visión israelí de que la agencia está políticamente desacreditada, y otros advierten contra el colapso de la asistencia a civiles.
Desde una perspectiva lógica las controversias no son un accidente ni un malentendido aislado, sino el reflejo de problemas profundos, en especial:
1. Perpetuación del estatus de refugiado por descendencia, lo que eterniza el conflicto y alimenta narrativas de perpetuo victimismo.
2. Cooperación con grupos terroristas y una educación opuesta a la convivencia pacífica.
3. Nula transparencia financiera, que ha permitido uso de fondos que no se alinean con la buena práctica administrativa.
4. Uso político de la agencia por parte palestina, lo que ha convertido a UNRWA en un instrumento más de la disputa geopolítica, y no una simple entidad humanitaria.
Desde esta óptica, las acciones contra UNRWA reflejan no sólo medidas de seguridad, sino el intento de reemplazar un modelo que ha demostrado ser contrario a la estabilidad y la paz.