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Protestas contra el régimen de los ayatolás en Teherán, Irán

Protestas contra el régimen de los ayatolás en Teherán, IránAFP

¿Por qué el régimen de los ayatolás en Irán no termina de caer?

A pesar de que el régimen de los ayatolás ha conseguido reprimir con sangre las últimas protestas, los expertos coinciden en que la República Islámica se encuentra actualmente en su punto más débil

Irán experimenta cada vez con más frecuencia multitudinarias protestas que piden el fin de la República Islámica. El pasado mes de diciembre, concretamente el día 28, los comerciantes del Gran Bazar de Teherán –normalmente afines a las autoridades– convocaron una huelga general por la grave crisis económica. Este paro evolucionó hasta transformarse en un levantamiento contra el régimen iraní, al grito de: «Muerte al dictador», en referencia al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Para aplacar las protestas, la maquinaria represiva ha tenido que emplearse a fondo, llegando a someter al país a un apagón total para que el mundo no viera las atrocidades que cometía contra su propia población.

Las manifestaciones se propagaron rápidamente a las principales ciudades de Irán, llegando a las 31 provincias del país. Organizaciones de derechos humanos como HRNA, con sede en Estados Unidos, elevan ya el número de muertos a más de 5.000 personas, mientras que otras 10.000 están desaparecidas. Este mismo miércoles, medios oficiales iraníes admitían 3.177 fallecidos en el marco de las manifestaciones, por lo que los activistas temen que ese balance sea mucho mayor, llegando incluso a hablar de más de 15.000. A pesar de la brutal represión desatada por las autoridades iraníes a través, principalmente, de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y su milicia Basij, los iraníes han perdido el miedo y las protestas contra el régimen ocurren con menor frecuencia.

El último gran levantamiento se registró en 2022, tras la muerte a manos de la Policía de la Moral de la joven kurda Mahsa Amini, arrestada por supuestamente llevar mal puesto el velo islámico. El asesinato de esta joven fue la última gota que colmó el vaso y miles de mujeres se rebelaron contra la opresión de los ayatolás. Unas protestas, secundadas por muchos otros jóvenes, que acabaron también siendo un baño de sangre. Antes, en 2019, los iraníes tomaron las calles para protestar contra la subida del precio del combustible y, en 2009, protagonizaron la conocida como «Revolución Verde» por el fraude electoral a favor del candidato ultraconservador Mahmoud Ahmadineyad frente al reformista Mir Husein Musavi.

Pero, con todo, la República Islámica sigue resistiendo mientras que en la región está cada día más aislada. «Los iraníes están completamente hartos del régimen clerical y son capaces de una valentía asombrosa; siguen estando en desventaja frente a un Estado cuya estrategia de supervivencia es simple y despiadada: matar a suficientes personas, con la suficiente rapidez, para aterrorizar al resto y someterlo», reflexiona el experto del Instituto de Oriente Medio Siamak Namazi.

Para Namazi, uno de los principales motivos por los que el régimen se mantiene aún en el poder es que la oposición en el exilio sigue «profundamente fragmentada». «Sus líderes suelen carecer de experiencia en la organización de la resistencia civil y, lo que es más preocupante, de una apreciación de la disposición del régimen a masacrar a sus propios ciudadanos», explica el experto.

El periodista iraní en el exilio Ali Ameri aporta otro motivo, y es que «Occidente, y en particular Europa, dudan en respaldar en la práctica las protestas iraníes». Por su parte, Raffaele Mauriello, profesor de la Universidad Allameh Tabataba'i de Teherán, expone, en conversación con El Debate, que el sistema en Irán se comporta como un consorcio de intereses: no se trata de una dictadura con una jerarquía vertical. En este sentido, apunta Mauriello que acabar con Jamenei no traería la democracia, ya que simplemente se sustituiría por un nuevo líder supremo, puesto que quien realmente sustenta el poder en la República Islámica es la Guardia Revolucionaria.

«Irán funciona por consejos. De hecho, el elemento más importante a nivel político se llama Alto Consejo de Seguridad Nacional». Mauriello descarta, por tanto, la figura del hijo del último sah de Persia, Reza Pahlaví –que se ha erigido como una figura capaz de unir a los movimientos de oposición–, y defiende que el cambio tiene que venir del propio régimen.

De la misma opinión se muestra Hamidreza Azizi, investigador del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP), que considera que el «cambio generacional» dentro de la Guardia Revolucionaria de Irán puede conllevar un cambio de sistema. «Su visión del mundo tiende a ser más centrada en Irán y nacionalista en materia de seguridad que ideológicamente universalista. Priorizan la disuasión, la influencia regional y la capacidad estatal, a menudo extrayendo lecciones del colapso estatal y la guerra indirecta en zonas como Siria, en lugar de la mitología revolucionaria», señala.

Azizi continúa diciendo que «este pragmatismo se ha traducido en ocasiones en críticas a la vieja guardia revolucionaria en cuestiones que abarcan desde su participación económica hasta la asunción de riesgos en política exterior». Con todo, y aunque el régimen ha logrado sofocar con sangre este último levantamiento, todos los expertos coinciden en un mismo diagnóstico: la República Islámica se encuentra actualmente en su punto más débil.

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