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Varios niños juegan entre las ruinas de edificios del sur de la franja de GazaBashar Taleb / AFP

Comienza la segunda fase de la tregua en Gaza en medio de grandes desafíos

Según la Casa Blanca, esta etapa marca el paso de una tregua frágil a una transición política sólida, condicionada a que Hamás cumpla con su desarme

La nueva realidad, surgida del acuerdo alcanzado en 2025 entre EE.UU., Israel y mediadores regionales, pretende transformar la franja de Gaza –tras dos años de guerra– en una zona segura y reconstruida, bajo una administración internacional, supervisada por Washington.

La primera fase fue una tregua y la liberación de rehenes; la segunda, que acaba de comenzar, intenta:

• Crear un órgano técnico de administración palestino, supervisado por una Junta de Paz internacional impulsada por Washington, que gobernará provisionalmente.

• Iniciar el desarme de Hamás y garantizar que grupos armados no tengan presencia en el futuro gobierno.

• Comenzar la reconstrucción de infraestructura y viviendas.

Según la Casa Blanca, esta etapa marca el paso de una tregua frágil a una transición política sólida, condicionada a que Hamás cumpla sus obligaciones, como el desarme total. Esta etapa apunta a la creación de un Comité Nacional para la Administración de Gaza, compuesto por expertos y sin terroristas. La supervisión internacional será responsabilidad de la Junta de Paz –liderada por EE.UU. e integrada por países aliados– cuya función es coordinar seguridad y reconstrucción.

El punto clave es el desmantelamiento de los arsenales de Hamás y otros grupos yihadistas armados. Aquí está el «truco» para el éxito del proyecto y el avance de los gazatíes hacia una vida normal. Se discute además el despliegue de fuerzas internacionales de estabilización en las zonas estratégicas.

Hay planes de reconstrucción ambiciosos -definidos por Jared Kushner, yerno y principal asesor de Trump sobre Medio Oriente- como revolucionarios, con torres residenciales, zonas industriales y turismo costero «tipo Riviera». Los detalles como financiación y derechos de propiedad están aún por definir. Vale destacar que hubo épocas de gran prosperidad en Gaza –hasta 2005– donde turistas israelíes y europeos pasaban el día en sus playas –consideradas las mejores de la zona– y el dinero ingresaba fluidamente en la Franja. Hamás destruyó todo eso.

¿Quiénes participarán en esta segunda fase?

Washington lidera la iniciativa y financia la supervisión y coordinación. Unos 18 países ya han aceptado integrar la Junta de Paz, especialmente aliados cercanos y países árabes, que cooperan con Jerusalén. Es importante destacar que Vladimir Putin ha ofrecido su apoyo. El Reino Unido y Francia han declinado sumarse, cuestionando su «marco legal» y respeto al derecho internacional.

Paralelamente varios países árabes –especialmente Arabia Saudí y Egipto– han impulsado planes alternativos, que rechazan el desplazamiento de palestinos y priorizan la reconstrucción sin movimientos. Otros estados como Qatar y Jordania han expresado preocupación por la falta de «participación palestina directa» en el control futuro de Gaza. Una objeción extraña, pues la única fuerza poderosa en la Franja, pese a su derrota militar, son los asesinos de Hamás y la Jihad Islámica.

En general, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha respaldado el plan como una forma de consolidar seguridad y poner fin al control terrorista, celebrando la liberación de rehenes y la retirada de fuerzas enemigas de la frontera.

Acciones como la reapertura del cruce de Rafa –importante para la ayuda humanitaria pero potencial peligro por el contrabando de armas– han generado tensión con Washington. El plan es que su apertura sea este miércoles para preparar todo. Comenzaría luego a funcionar normalmente. Un funcionario estadounidense que pidió mantener el anonimato dijo que la salida hacia Egipto será controlada por «una fuerza policial palestina, mientras el ingreso desde Egipto lo controlará Israel». Se establecerá también un cupo de personas que podrán entrar y salir diariamente.

La Casa Blanca ha defendido su plan como la mejor oportunidad de estabilizar Gaza y reducir la violencia, insistiendo en la necesidad del desarme y salvaguardar los derechos de la población civil, aunque sin detallar cronogramas.

Marco Rubio ha defendido el plan como «generoso y pacificador», aunque reconoció que el conflicto no ha terminado y la implementación enfrenta desafíos. La reconstrucción y el plan, que elude a la ONU –acusada de ineficacia y cooperación con los terroristas– puede agilizar el trabajo.

La segunda etapa es solo el inicio de un largo proceso. Si Hamás se desarma y la administración técnica muestra eficacia, podrá avanzar la reconstrucción. Si persisten tensiones, obstáculos o falta de financiación, el plan podría estancarse. Es de esperar que, tras tanta violencia, la apuesta por la paz y el progreso se imponga.