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Fotomontaje de Giorgia Meloni y la líder de la oposición italiana, Elly SchleinFotomontaje de David Díaz

Meloni contra Schlein: el duelo de damas que anima la política italiana

La conservadora y la progresista disfrutan de su agrio enfrentamiento: a ambas les conviene

De la encuesta publicada –es, en realidad, un tracking semanal– el 27 de enero por el instituto demoscópico Wtg para el canal televisivo La 7 se desprende que tanto Fratelli d'Italia, la formación encabezada por la primera ministra Giorgia Meloni, como el Partido Democrático (PD, pidí si se pronuncian las iniciales a la italiana) liderado por Elly Schlein ganan una décima porcentual en intención de voto. Esto sería 31,2 % para la conservadora, 22,6 % para la progresista. Mientras, el resto de las fuerzas políticas retroceden, empezando por el Movimiento Cinco Estrellas que, en tiempos no muy lejanos, entre 2018 y 2021, dio a un primer ministro, Giuseppe Conte.

Innegable es que Schlein sigue nueve puntos por detrás de Meloni, distancia difícilmente salvable de aquí a 2027, año en el que habrán de celebrarse las próximas elecciones generales. Mas también es innegable que la joven líder progresista –cumplirá 41 años en mayo– se ha consolidado desde que, en febrero de 2023, tomara las riendas de un Partido Democrático hecho trizas tras la dura derrota padecida a manos y Meloni cuatro meses antes. De entrada, Schlein superó la primera prueba de fuego, las europeas de junio de 2024, en las que el PD quedó a algo más de cuatro puntos de Fratelli. Por lo menos detuvo la hemorragia.

Desde entonces se ha instalado en el tablero político un duelo que tiene todos los visos de sedimentarse: hay una primera ministra y una jefa de la oposición. Se acabó, por los menos durante una temporada larga, la época en que los inquilinos del Palacio Chigi –la Moncloa italiana– y sus contrincantes parlamentarios cambiaban casi a la velocidad del sonido.

Ahora hay un duelo de damas a la que casi todo enfrenta. Por un lado, Meloni, conservadora desacomplejada, defensora de la familia de siempre, de la identidad y de todas las tradiciones culturales y civilizatorias que estructuran a Italia y a Occidente. Por el otro, Schlein, lesbiana confesa, nacida en Suiza de padre estadounidense y madre italiana de familia socialista, igual de desacomplejada que Meloni en defensa de sus convicciones, que coinciden de pleno con las del progresismo europeo. Uno de los escasos puntos comunes es la dicción rápida, con el matiz de una voz más aflautada en el caso de la primera ministra y más suave en el caso de la jefa de la oposición.

Ingredientes lo suficientemente sólidos como para que los choques en sede parlamentaria, sin ser tan broncos como en el Congreso de los Diputados –«manca finezza», solía decir Giulio Andreotti sobre la vida política española–, sí que excluyen a cualquier otro contendiente a incidir en el debate. Un buen ejemplo vino dado en el último pleno antes de Navidad, centrado en el poder adquisitivo.

La estocada inaugural corrió a cargo de Schlein: «Mientras usted, presidenta, sigue actuando como en un cabaré, incluso en este hemiciclo…» A continuación, desgranó una serie de cifras que demostrarían, en su opinión, la cada vez mayor precariedad de un cada vez mayor número de italianos. Llegó el turno de Meloni, con tono grave: «El asunto del carovita [coste de la vida] nos preocupa a todos, pero me parece irresponsable presentar a Italia como un país en el que hay desnutrición».

Ambas cumplieron porque a ambas les conviene el guion. Sobre todo a Schlein, que así mantiene en los márgenes a Conte, buen orador empeñado en disputarle el liderazgo del centro izquierda. Meloni, por su parte, hace tiempo que ya afirmó su supremacía sobre sus principales socios de coalición, la Liga Norte de Matteo Salvini y lo que queda del berlusconismo, agrupado en Forza Italia, antaño partido dominante del centro derecha italiano. Al elegir a Schlein como principal adversaria, descarta a Conte.

Mas el mecanismo casi perfectamente engrasado entre Meloni y Schlein tiene sus críticos. Uno de ellos es el columnista de Il Dubbio Paolo Delgado. «Los hechos, o mejor dicho, las próximas elecciones, revelarán cuál de las dos reinas tiene más que perder en un año y medio de este tira y afloja. La ya de por sí mediocre calidad de la política italiana, por otro lado, sin duda tiene todas las de perder, cualquiera que gane». Igual es demasiado pesimista. La respuesta al dilema llegará en septiembre de 2027, como muy tarde.