Jack Lang, símbolo de la izquierda de salón francesa, cae por el caso Epstein
Exministro estrella de la era Mitterrand, se ve obligado a dejar la presidencia del Instituto del Mundo Árabe, último cargo de una prolífica carrera
El exministro de Cultura francés y hasta ahora presidente del Instituto del Mundo Árabe (IMA), Jack Lang
La presión se había hecho insostenible para Jack Lang, de 86 años: las 673 evocaciones de su nombre en la tanda de archivos del pedófilo Jeffrey Epstein han forzado su dimisión como presidente del Instituto del Mundo Árabe, un organismo semi oficial, que Francia utiliza para desplegar una diplomacia paralela en Oriente Próximo. De ahí que su permanencia en el cargo empezara a resultar perjudicial tanto para la institución como para los intereses nacionales.
La verdad es que ninguna de las 673 evocaciones del nombre del exministro de Cultura de François Mitterrand, encontradas en los documentos estadounidenses, lo implica en la trata perpetrada por el pedófilo. Sin embargo, su recurrencia plantea interrogantes sobre la continuidad de las relaciones estrechas e interesadas con Jeffrey Epstein, mucho después de su condena de prisión en 2008 por incitar a la prostitución de menores.
La ayuda de Epstein, en particular para financiar una película a la gloria de Lang, el préstamo de un avión privado para un viaje a Marrakech e incluso un coche para un trayecto de París a Chantilly, las invitaciones a recepciones públicas y privadas, la intervención de Lang para establecer contactos en Francia y la venta -siempre en Marrakech- de un Riad nutren las relaciones entre el exministro y el pedófilo. La suma de servicios prestados, financieros o «amistosos», descritos en los correos electrónicos publicados, pone de relieve los estrechos vínculos de una relación aparentemente indiferente a los problemas legales de Epstein, de los que el Lang afirma haber estado al tanto.
El exministro de Cultura francés Jack Lang y el pederasta confeso Jeffrey Epstein en París
Demasiado, en todo caso, como para que la Fiscalía Nacional Financiera -equivalente en Francia de la Fiscalía Anticorrupción en España- anunciase el pasado viernes 6 de febrero la apertura de una investigación por fraude fiscal agravado y blanqueo de capitales contra Lang y su hija Caroline, una conocida productora cinematográfica. El veterano político ha negado todas las acusaciones hasta que la doble presión ejercida desde el Elíseo y el ministerio de Asuntos Exteriores le han obligado a dimitir por primera vez en su vida.
Porque Lang ocupa un lugar específico en la vida pública gala: ministro de Cultura durante diez años -en dos ocasiones, lo mismo que con la cartera de Educación- a lo largo de los dos septenios de François Mitterrand, ha dejado una huella duradera y polémica. Símbolo de un Estado gastador sin límites y de ambiciones faraónicas en materia cultural, creó centros de danza, teatros nacionales, museos y fondos regionales de arte contemporáneo por toda Francia. Bajo la atenta mirada del Palacio del Elíseo, participó en la creación del Gran Louvre y la pirámide de Pei, la construcción de la Gran Biblioteca -de nombre François Mitterrand, el Gran Arco de la Defensa y la Ópera de la Bastilla. Cuarenta años después, estas instalaciones han encontrado su lugar, aunque también requirieron costosas renovaciones.
Una política que tuvo sus admiradores y también muchos detractores, empezando por el historiador Marc Fumaroli, que la impugnó severamente en su ensayo L’État culturel, que traspasó las fronteras de Francia. Bien es cierto que Lang alimentaba la polémica con su omnipresencia mediática, fruto de un afán de protagonismo desmesurado y con una pasión nunca ocultada por el lujo, lo que le convirtió en el símbolo por antonomasia de la gauche caviar, la expresión francesa para describir a la izquierda de salón.
Y con un sentido innato de la provocación: sin ir más lejos, llegó a comparecer en el Parlamento luciendo un traje de tipo cuello Mao. Mas a diferencia de los integrantes del universo de la gauche caviar, que suelen irritar al pueblo llano, Lang siempre supo mantener una notable cota de popularidad. Hombre de paradojas, esta figura de la escena parisina, catedrático de Derecho público de profesión, también fue durante largos años cargo electo -parlamentario y alcalde- en provincias y hasta por el distrito obrero de Boulogne-sur-Mer.
Pero la excentricidad siempre terminó haciendo mella en él. Incluso, el ridículo: por ejemplo, había que verle detrás de Mitterrand -sobre quien escribió un «Diccionario amoroso»- caminando como un perro detrás de su amo en la escalada anual del cerro borgoñón de Solutré, donde el presidente de la República congregaba a sus cortesanos. Mas grave, en 1977 firmó una petición, con otras figuras de la intelectualidad de izquierdas, pidiendo la despenalización de las relaciones sexuales entre adultos y menores. Terminó arrepintiéndose. Hoy abandona la vida pública por su amistad con un pedófilo.