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David Barnea, director del MossadAFP

El Mosad teme que una guerra abierta con Irán deje consecuencias graves y de largo alcance

Si Teherán lanzara oleadas de misiles y drones, se prevé que incluso un sistema de defensa robusto podría verse saturado. En cuanto a la defensa antiaérea persa, fue superada totalmente el año pasado

Un análisis del Mosad sostiene que un choque militar con Irán tendría consecuencias graves y de largo alcance, tanto en términos materiales como humanos. Esta estimación no es una conjetura, se basa en simulaciones, cifras del conflicto de 2025, el estado de los arsenales balísticos de Teherán y la evaluación de las defensas antiaéreas israelíes.

Los expertos señalan que una guerra abierta sería más destructiva que la anterior, con daños directos a infraestructuras, pérdidas humanas significativas y un costo económico que podría modificar el panorama regional durante años. Incluso sin intención, la retórica pública puede ser malinterpretada y conducir a una escalada no deseada. Esto es particularmente peligroso porque ambas partes observan cuidadosamente los movimientos del otro, y pueden responder a señales ambiguas como amenazas reales.

Los analistas señalan que, aunque la posibilidad de un conflicto existe, no hay indicios claros de que una guerra total sea inminente, y las agencias de inteligencia israelíes monitorean muy de cerca a Irán para detectar cualquier señal que altere la situación. Existe preocupación sobre la capacidad militar persa (misiles y drones) y el riesgo de un conflicto ampliado si decide atacar. Irán considera la etapa actual más como una fase de guerra que un alto el fuego.

El diario Jerusalem Post señala que Israel ha estado cerca de atacar en varias ocasiones, y que errores de cálculo pueden desencadenar un conflicto que ninguna parte desea actualmente. El periódico ha explicado que una confrontación con Irán podría prolongarse y que Israel no puede confiar en que el conflicto sea breve. Existen planes del ejército para diferentes escenarios, incluso sin participación estadounidense.

Riesgos demasiado altos

Teherán puede seguir desarrollando drones y misiles que representan una amenaza para todos sus adversarios. Los ayatolas, tras haber asesinado a decenas de miles de opositores, enfrentan una gran presión económica debido a sanciones, inflación alta y disminución de las exportaciones de petróleo.

Estos factores han destruido su economía y la capacidad del régimen para sostener una guerra prolongada sin consecuencias internas profundas. Se siguen produciendo protestas con exigencias de cambio político y críticas al liderazgo clerical. Aunque las autoridades mantienen por ahora el control, la situación es compleja y puede influir en sus decisiones.

La élite iraní esta dividida sobre si continuar la confrontación militar o ceder en las negociaciones con Washington. Podrían preferir restaurar la estabilidad interna en lugar de buscar un choque mayor con Israel y EEUU, aunque la «lógica» del extremismo islámico no es ni parecida al razonamiento occidental. Si lo fuera ya habrían firmado la paz con un estado con el cual ni siquiera tienen fronteras comunes.

Los informes de inteligencia coinciden en que Israel sería capaz de dar golpes decisivos a la infraestructura militar iraní, afectando instalaciones nucleares, centros de mando y redes de misiles balísticos. En el breve conflicto de 2025, ataques combinados alcanzaron objetivos dispersos y muchos sistemas quedaron dañados o destruidos.

La destrucción de parte del programa nuclear fue suficiente para retrasar su capacidad de enriquecimiento, pero no la eliminó por completo. El arsenal balístico iraní –que en 2025 sumaba miles de misiles– podría causar daños significativos, aunque la alta tasa de intercepción de los sistemas defensivos implica un importante nivel de protección. No obstante, si Irán lanzara oleadas de misiles y drones, se prevé que incluso un sistema de defensa robusto podría verse saturado. En cuanto a la defensa antiaérea persa, fue superada totalmente el año pasado.

Según expertos militares, tanto en Jerusalén como en Washington, existe la percepción de que una contienda abierta tendría un costo humano y material que ningún bando puede sostener sin consecuencias políticas profundas. Y por improbable que parezca, ante un riesgo excesivo, ya durante la «Guerra de Yom Kipur» en 1973, Golda Meir estuvo a punto de utilizar el arsenal atómico que Israel posee.