Altos cargos iraníes eliminados en la guerra
Más allá del líder supremo: los otros altos cargos del régimen iraní que Estados Unidos e Israel han matado en este mes de guerra
La ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán cumplió un mes este sábado. Washington aseguró que la guerra sería «corta», tan solo cuestión de semanas, y ahora el Pentágono ya tiene planes para incursiones terrestres tanto en islas estratégicas en el estrecho de Ormuz, bloqueado por el régimen iraní como represalia, como en territorio continental. Con todo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado abierta una pequeña ventana para la diplomacia, aunque en sus declaraciones ha insistido en que en Teherán «no hay nadie con quien hablar», porque todas las figuras clave de la teocracia islamista han muerto en este último mes de ataques.
Washington y Tel Aviv, sobre todo este último, confirman golpe a golpe su superioridad e infiltración en la República Islámica. Durante el primer día de bombardeos conjuntos, el pasado 28 de febrero, lograron acabar con la mayor figura de la teocracia islamista, su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, además de herir a su hijo –y ahora sucesor, Mojtaba Jamenei–, al que no se ha oído ni visto en público desde que fuera nombrado nuevo líder supremo el pasado 8 de marzo, lo que ha generado muchas dudas sobre su verdadero estado de salud y capacidad de liderazgo.
Ese mismo día, también cayeron bajo las bombas estadounidenses e israelíes otras figuras reconocidas del aparato político y militar iraní como Mohammad Pakpour, comandante de las Fuerzas Terrestres del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica; Alí Shamjaní, jefe del Consejo Nacional de Defensa; Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán; Mohamed Shirazi, jefe de la Oficina Militar del líder supremo; Aziz Nasirzadeh, jefe de Defensa de Irán, o Saleh Asadi, oficial de Inteligencia militar. Las primeras horas de la bautizada como «operación Furia Épica» resultaron fatales para la cúpula de la teocracia islamista.
El golpe, además, puso en evidencia la capacidad de las agencias de Inteligencia estadounidenses e israelíes de acceder a información clave y rastrear los movimientos de los líderes del régimen de la República Islámica. Según han publicado medios tanto estadounidenses como hebreos, el Mosad –agencia de Inteligencia de Israel– utilizó el extremo celo de control del propio régimen en su contra, hackeando las cámaras de tráfico de Teherán para vigilar los movimientos diarios del líder supremo y poder establecer un «patrón de vida». El 28 de febrero, la CIA, además, recibió información sobre una reunión de altos cargos convocada esa mañana en la residencia oficial de Jamenei.
En ese momento, los bombardeos se sucedieron contra el corazón del poder en la capital de la República Islámica. Los servicios de Inteligencia israelíes, además, lograron infiltrarse en los teléfonos móviles de los guardaespaldas del líder supremo y otros altos cargos y dejarlos inoperativos –dando la sensación de que comunicaban– para evitar que estos dieran la voz de alarma de un ataque. Ese primer día fue el más letal de la guerra, pero desde entonces tanto Israel como Estados Unidos no han dejado de asestar otros golpes contra el núcleo del poder del régimen de los ayatolás.
El pasado 17 de marzo, Israel anunciaba la muerte del 'número dos' y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, en un ataque nocturno contra una de sus viviendas en Teherán. En este caso, Israel recibió un chivatazo sobre la ubicación de Larijani –que cada noche dormía en una casa diferente para precisamente no ser localizado– y su Ejército aprovechó el momento.
Ese mismo día, además, en otra ofensiva también eliminó al comandante de los Basij, Gholamreza Soleimani, cuando se encontraba en una tienda de campaña establecida por el grupo para proteger a los milicianos de los ataques contra sus cuarteles. Soleimani era considerado uno de los principales responsables de la brutal represión contra civiles, sobre todo durante las últimas protestas de diciembre y enero, donde las Fuerzas de Seguridad del Estado asesinaron a unos 7.000 manifestantes, según datos de organizaciones de derechos humanos, aunque se presume que esa cifra puede llegar a los 30.000.
Unas 24 horas después, caía Ismail Khatib, ministro de Inteligencia iraní, en otro bombardeo en Teherán. «Tras los contundentes asesinatos de altos funcionarios del régimen, el líder de facto de Irán y jefe de la organización Basij, (Ali) Larijani, y (Gholamreza) Soleimani, anoche también fue asesinado el ministro de Inteligencia iraní, (Ismail) Jatib, quien estaba a cargo del sistema interno de asesinatos y represión del régimen», anunciaba el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz.
El último alto cargo iraní en sumarse a esta lista ha sido el comandante de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Alireza Tangsiri, en un ataque israelí nocturno el 26 de marzo contra la ciudad portuaria de Bandar Abbás, en el que también murieron el jefe de Inteligencia naval, Behnam Rezae, y otros altos mandos. Tel Aviv responsabiliza a Tangsiri de ser el artífice del bloqueo del estrecho de Ormuz como represalia a la ofensiva contra su país. La República Islámica, cuatro días después, confirmó finalmente este lunes su fallecimiento, a la vez que ha advertido de que su muerte no supondrá la detención de los esfuerzos militares de Irán y ha amenazado con atacar con una «fuerza mayor» a sus enemigos.