El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el excomandante del CGRI Mohammad Bagher Zolghadr
Mohammad Bagher Zolghadr, el poder en la sombra en Irán que afianza a la Guardia Revolucionaria
El pasado 24 de marzo, Mohammad Bagher Zolghadr, de 72 años y excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI), fue nombrado secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional tras la muerte, el 17 de marzo, de Alí Larijani en un ataque israelí en Teherán. Larijani era considerado el 'número dos' del régimen, tan solo por debajo del líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei. Su muerte, por tanto, supuso un duro golpe para el aparato de poder de la teocracia islamista. Larijani, además, había asumido y acaparado todas las decisiones militares, especialmente desde el inicio de la guerra contra Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero.
El hombre destinado a rellenar ese vacío se convertiría automáticamente en uno de los hombres fuertes del régimen. El elegido para ello fue Zolghadr, miembro del CGRI y perteneciente al ala más radical del arco político iraní. Su nombramiento, así como lo que significa para el funcionamiento de la República Islámica, ha pasado desapercibido en medio de la vorágine de noticias sobre el día a día del conflicto y la atención que ha adquirido el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, por ser el interlocutor de la Casa Blanca. Sin embargo, para Vali Nasr, experto en Irán de la Johns Hopkins, «el nombramiento del exgeneral del CGRI Zolghadr merece mayor atención. Puede que Qalibaf sea la apuesta estrella para la Casa Blanca, pero Zolghadr es la realidad sobre el terreno».
Nasr apuntaba, en una reciente publicación en su cuenta de X, antes Twitter, que el nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional «es un hombre de Mojtaba, y su elección demuestra que Mojtaba lleva las riendas». Asimismo, el experto aseguraba que «todo lo que ha conseguido la estrategia de 'decapitación' de Israel es transferir el poder en Teherán a la facción más belicista del CGRI». Nasr cuenta que Zolghadr era «tan extremista como subcomandante de la Guardia Revolucionaria que [Qasem] Soleimani –abatido por Estados Unidos en 2020– decidió abandonar el CGRI, y [el anterior líder supremo, Alí] Jamenei lo llamó personalmente para que regresara y lo puso al mando de la Fuerza Quds».
Zolghadr, denuncia, participó en la represión de las protestas de 1999 y 2009 y desempeñó «un papel fundamental» en la elección del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad como presidente. «Su nombramiento para sustituir a Larijani no sugiere que vaya a haber conversaciones con Estados Unidos, sino más bien una postura iraní mucho más agresiva», presagiaba el analista el pasado 24 de marzo. La República Islámica ha mantenido una política ambigua ante las negociaciones, anunciadas a bombo y platillo por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En un primer momento, el régimen iraní negó ningún contacto para, días después, confirmar que había recibido la propuesta de 15 puntos de Washington, rechazarla y proponer su propio acuerdo con demandas maximalistas.
Así, con Zolghadr al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, se consolida en la República Islámica un núcleo de poder de línea dura. El excomandante de la Guardia Revolucionaria se ha desempeñado, además, como viceministro del Interior para Asuntos de Seguridad durante la presidencia de Ahmadineyad (2005-2013), así como responsable de la milicia islámica Basij, uno de los pilares de la represión del régimen y al que se le atribuyen los asesinatos de más de 7.000 manifestantes –aunque se cree que pueden ser muchos más–, según datos de organizaciones de derechos humanos, durante las protestas de los meses de diciembre y enero en Irán.
En 2007, la ONU incluyó a Zolghadr entre los 15 responsables iraníes implicados en los programas nucleares y balísticos y, por tanto, tiene prohibido viajar, además de haber emitido una orden para congelar todas sus cuentas en el extranjero. Aun así, a diferencia de Qalibaf, el nuevo secretario del Consejo de Seguridad Nacional prefiere mantener un perfil bajo y ejercer su poder en la sombra.