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Composición de delfines, robots y drones submarinos

Composición de delfines, robots y drones submarinosDavid Díaz/IA

La Armada de Estados Unidos recurre a robots, drones submarinos y delfines para desminar el estrecho de Ormuz

En tiempo muerto para las negociaciones, la flota estadounidenses ya tiene a su disposición las capacidades para despejar el estrecho de Ormuz

La guerra en el golfo Pérsico comienza a parecerse a una montaña rusa entre negociaciones interrumpidas, treguas ampliadas y anuncios contradictorios.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró el viernes pasado que Irán había accedido a liberar totalmente el paso marítimo por el que navega el 20 % de petróleo del mundo.

Los mercados parecían felices y el precio del barril de Brend se desplomaba, pero pronto llegaría el jarro de agua fría: el sábado el régimen daba marcha atrás y anunciaba que cerraba Ormuz.

Irán argumentó que había aceptado la reapertura después de que Estados Unidos se comprometiera a retirar su flota del Golfo. Washington negó la mayor y Teherán respondió ejecutando su amenaza.

La decisión tuvo consecuencias inmediatas: dos buques de mercancías fueron atacados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria que es el que tiene el control de la zona. Las decenas de barcos que hacen cola para atravesar el estrecho se replegaron y aquellos que habían intentado cruzarlo sin la autorización de Irán se dieron la vuelta.

El peaje impuesto a las navieras volvió a regir y Donald Trump advirtió que ese «chantaje» no lo iba a tolerar. El ultimátum, en esta ocasión, tenía este miércoles como fecha límite para liberar las aguas internacionales de Ormuz, si Teherán no quería volver a sufrir una lluvia de bombas. Pero Trump, a petición de Pakistán, concedió la madrugada del martes una prórroga después de que el vicepresidente JD Vance renunciara a viajar a Islamabad a una segunda ronda de negociaciones.

En esta calma tensa, Irán abrió ayer fuego contra tres buques. No hubo víctimas que lamentar, pero sí daños materiales cuantiosos.

La situación preocupa y resulta desconcertante. The Wall Street Journal (WSJ) publica que de los 27 grandes buques mercantes que han cruzado el estrecho desde el 13 de abril, unos 15 utilizaron la ruta impuesta por los ayatolás, que bordea la costa iraní, según Lloyd's List Intelligence.

Por otra parte, la naviera Clarkson les informó que, en el mes de marzo, había no menos de 1.129 buques en la zona que habían realizado al menos una escala en un puerto fuera del Golfo durante el último año.

Drones submarinos y robots

En este contexto las luces de alarma se encendieron en el Pentágono que, según el periódico, ha facilitado a la flota de la Armada desplegada en la zona drones submarinos y robots para despejar el estrecho de las minas que supuestamente ha sembrado Irán.

«Si Estados Unidos puede empezar a revisar si hay minas y a mover sus propios barcos por el estrecho, los iraníes empezarán a ver que su control en este enclave se debilita y podrían estar más dispuestos a negociar», afirma al WSJ Bryan Clark, ex alto funcionario de la Armada estadounidense.

Clark, en la actualidad investigador principal del Hudson Institute, sospecha que Irán probablemente colocó menos minas de las que tenía previstas. Lo habría hecho así por la presión militar estadounidense que impidió a Teherán utilizar grandes buques minadores.

«Probablemente –reflexiona Clark– se trate de un pequeño número de minas que se podían desplegar desde embarcaciones pequeñas, como barcos de pesca o pequeños cargueros que navegan por el estrecho».

Tras localizar las minas, la Armada enviaría los robots para dinamitarlas directamente o por control remoto

Las capacidades o recurso de la Armada en el estrecho de Ormuz, según las fuentes consultadas por el WSJ, incluyen el uso de delfines (como hace Rusia), robots y drones submarinos. Entre estos últimos destaca el Common Uncrewed Surface Vessel que incorpora un sistema de sonar flotante llamado AQS-20, que escanea el fondo del mar en busca de minas y puede peinar franjas de unos 100 pies –aproximadamente 30 metros– de ancho en cada incursión.

Estos drones submarinos están alimentados por baterías y pueden ser desplegados en el agua desde una embarcación pequeña y luego escanean en busca de minas siguiendo un patrón. Tras localizarlas, una segunda oleada de robots marinos podría enviarse para destruirlas, ya sea mediante explosivos o activándolas de forma remota.

«Se puede inspeccionar un pequeño canal en esa zona en días, no en semanas, utilizando vehículos submarinos no tripulados», afirmó Kevin Donegan, ex vicealmirante de la Marina de Estados Unidos y antiguo comandante de la Quinta Flota de EE. UU., con base en el Golfo.

Tras despejar un carril, añadió: «El tráfico podría comenzar a fluir por este canal más pequeño, que podría ampliarse con el tiempo». Eso supondría arrebatarle a Irán el último cartucho que tiene para imponer algunas normas en esta guerra.

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