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Embajada de Rusia en VienaAFP

Austria expulsa a tres empleados de la embajada rusa por espionaje

En los tejados de la legación diplomática habían instalado una red de antenas con la que se apropiaban de datos e información de sedes de organismos internacionales y otras instituciones

El Gobierno tripartito de Austria, (Partido Popular conservador (ÖVP), los socialdemócratas (SPÖ) y los liberales de Meinl-Reisinger), parece haber agotado su paciencia y reaccionado para evitar que Viena siga siendo algo parecido a la capital del espionaje internacional.

Una vez más ha descubierto que miembros de la embajada rusa en realidad eran agentes de inteligencia que se estaban aprovechando de su destino para hacerse con miles de datos de organismo internacionales y de instituciones establecidas en Viena.

La ministra de Asuntos Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger calificó de «inaceptable que se utilice la inmunidad diplomática para cometer espionaje». Asimismo, informó que «los tres miembros del personal de la embajada rusa ya habían abandonado el país».

«Hemos comunicado esto a la parte rusa sin rodeos, incluso en lo que respecta a la gran cantidad de antenas en la misión rusa», declaró Meinl-Reisinger. El espionaje era un problema para Austria, continuó, pero el gobierno ha emprendido un «cambio de rumbo» y está «adoptando medidas consecuentes».

El equipo de siete rusos había instalado un juego de antenas en los tejados del edificio, que goza de inmunidad diplomática, para intervenir y apropiarse de datos de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petroleo), la OIEA (Organismo Internacionales de Energía Atómica) o entre otros, el de cooperación en Europa.

Las quejas de Rusia

Los funcionarios rusos fueron deportados de inmediato pese a las protestas de la embajada que calificó la decisión de «indignante», «injustificada», «políticamente motivada», «categóricamente inaceptable», además de amenazar on con «una dura» represalia contra Austria.

En Austria, como publica el diario británico The Guardian, hay 17.000 diplomáticos acreditados y según sus cálculos unos 7.000 se dedican a tareas de inteligencia sobre un terreno seguro, siempre y cuando sus actividades no afectan a la seguridad del país.

Tras la II Segunda Guerra Mundial el país se convirtió en un hervidero de espías. El Código Penal, que ahora quiere modificar el Gobierno, penaliza las actividades de espionaje exclusivamente si estas afectan a los intereses nacionales. Esa premisa es a la que se aferran los espías y la rendija por la que se cuelan los servicios de inteligencia destacados en el país.

La coalición de Gobierno ha redactado un proyecto de ley que modifica o cubre la laguna existente, donde se expresa claramente que cualquier actividad que afecte a la seguridad de la Unión Europea y a organizaciones internacionales con sede en Viena se considerará espionaje contra Austria. de este modo, pretende poner fin a la fama y la realidad de Viena como capital de los espías del mundo.