Los últimos 20 años del Mosad: cambios y acciones hasta hoy
Israel no ha buscado simplemente información: utiliza el espionaje como instrumento activo de guerra, moldeando el entorno estratégico mediante operaciones encubiertas que, en muchos casos, han modificado la realidad regional
Benjamín Netanyahu y jefe del Mosad, David Dadi Barnea
El Mosad es la más conocida agencia de Inteligencia israelí, responsable de la recopilación de datos, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo en el mundo. Se creó en 1949. El primer ministro Ben Gurión quería un organismo central para mejorar la cooperación entre los servicios de seguridad existentes. En 1951, fue reorganizado e incorporado a la oficina del premier, informándole directamente y solo rindiendo cuentas directamente a él.
El mayor departamento es el de Información, que se encarga de dirigir los espías en el extranjero. El departamento de Acción Política y Enlace es responsable de trabajar con los servicios de inteligencia aliados y de asuntos en países que no tienen relación diplomática con Israel. Además, el Mosad cuenta con un departamento de Tecnología, que se encarga del desarrollo de aparatos avanzados para sus misiones. Los oficiales de campo se denominan Katsa. Los sayanim son los ciudadanos extranjeros que voluntariamente ayudan al Mossad.
Acciones cinematográficas
El Mossad se ha ganado fama de gran eficacia. Entre sus operativos más sonados se encuentra la captura de Ulrich Schnaft, exmilitar israelí, quien fue miembro de las SS alemanas y se hizo pasar por judío después de la guerra. Inmigró a Israel y más adelante se convirtió en agente de Egipto. También fue famosa la captura en Argentina del criminal nazi Adolf Eichmann, llevado a Jerusalén, juzgado y colgado.
La Operación Entebbe fue la liberación de los pasajeros secuestrados en un vuelo de Air France y retenidos en dicho aeropuerto de Uganda, con la colaboración del entonces dictador Idi Amin. Allí cayó Ioni Netanyahu, hermano mayor del actual primer ministro. Cólera de Dios consistió en el asesinato de los terroristas palestinos –autores y cómplices– de la masacre de Múnich, ejecutada por el grupo Septiembre Negro durante las Olimpíadas de 1972. En los años 80, Israel creó un complejo turístico de buceo en el Mar Rojo, en Sudán, que funcionó durante años como pantalla para salvar a los judíos etíopes, la Operación Moisés.
En los últimos 20 años, el espionaje israelí –centrado en el Mosad, la Inteligencia Militar (Aman) y el Shin Bet– evolucionó desde operaciones puntuales clásicas hacia un accionar múltiple, más amplio, donde convergen sabotajes, guerra cibernética, penetración humana profunda y eliminaciones selectivas. Los resultados muestran una de las organizaciones de inteligencia más eficaces del mundo contemporáneo.
Aclaremos que todo servicio secreto actúa de modo similar en cuanto a obtener información y eliminar terroristas –si es una democracia– o críticos del régimen, cuando es una dictadura. Un caso extremo fue la masacre de más de 40 mil opositores por parte de la teocracia iraní este año.
El virus Stuxnet entre 2005 y 2010 dañó las centrifugadoras nucleares iraníes
Mucho antes de que Hasán Nasrala, líder de Hezbolá, se decantara por el uso de beepers para garantizar «mayor seguridad» en las comunicaciones de su cúpula, Israel ya había diseñado una red de sociedades pantalla. Esa capacidad de anticipación le permitió infiltrar los aparatos y controlar todo el proceso de fabricación y distribución. De la unidad 8200 depende la gestión de la inteligencia avanzada y el descifrado de todo tipo de códigos, cubriendo la guerra cibernética. Entre sus actuaciones clave vale destacar la puesta en marcha del virus Stuxnet que, entre 2005 y 2010, dañó las centrifugadoras nucleares iraníes.
Prioridad absoluta
La prioridad estratégica hebrea ha sido constante: impedir que enemigos existenciales –principalmente Irán y su red de proxis– adquieran capacidad nuclear o militar decisiva. Desde mediados de los años 2000, esta doctrina se tradujo en una campaña de desgaste contra el programa nuclear iraní. Vale recordar que un objetivo central de Teherán, anunciado sin disimulo, es la destrucción del Estado hebreo. Algo insólito como objetivo de un país, y solo explicado por una ideología islámica fanática. Su ambición expansionista no termina ahí, porque «todo territorio que fue gobernado por el Islam debe volver a su control». España, por ejemplo, como sabe –obviamente– Pedro Sánchez.
Entre 2010 y 2025, varios científicos nucleares iraníes fueron eliminados mediante métodos que iban desde bombas magnéticas hasta armas automáticas remotas. La lógica –explicada por antiguos jefes del Mossad– era clara: eliminar conocimiento crítico genera desorganización estructural, induce miedo y retrasa programas estratégicos sin necesidad de una guerra abierta. Esta campaña alcanzó su máxima sofisticación en operaciones recientes dentro del propio territorio iraní.
En 2025, una ofensiva coordinada combinó drones introducidos clandestinamente, comandos infiltrados y ataques aéreos para destruir infraestructuras y eliminar mandos militares y científicos clave. La operación evidenció una penetración profunda: redes logísticas internas, inteligencia humana y control previo del terreno. La guerra encubierta dejó de ser periférica para convertirse en el teatro principal.
Paralelamente, Israel ha perfeccionado la llamada «decapitación estratégica»: la eliminación de líderes enemigos como herramienta de disuasión y desorganización. La muerte del jefe terrorista de Hezbolá Hassan Nasrallah en 2024 ilustró el grado de infiltración alcanzado. La operación requirió inteligencia precisa sobre movimientos, comunicaciones y refugios profundamente protegidos. No fue un acto aislado, sino la culminación de años de penetración sistemática.
Aún más reveladora fue la operación de los bipers o dispositivos explosivos infiltrados en la red de comunicaciones de Hezbolá. Durante años, el Mosad diseñó equipos aparentemente seguros que en realidad eran caballos de Troya capaces de espiar y, llegado el momento, explotar simultáneamente. El episodio simboliza una constante israelí: convertir la tecnología del adversario en su vulnerabilidad.
Poder tecnológico
En el ámbito tecnológico, el desarrollo y exportación de herramientas como Pegasus refleja otra dimensión de poder: la coordinación entre inteligencia estatal y sector privado. Pegasus permitió la intrusión en teléfonos móviles a escala global, siendo utilizado por múltiples gobiernos. Aunque rodeado de polémica, consolidó a Israel como potencia en ciberinteligencia ofensiva y vigilancia digital.
Los aliados en esta arquitectura han sido principalmente Estados Unidos –en especial la CIA– y, de forma más discreta, servicios de países árabes del Golfo, unidos por la percepción común de Irán como amenaza. La cooperación incluye intercambio de inteligencia, desarrollo tecnológico y, en algunos casos, operaciones conjuntas.
Los enemigos configuran un eje bien definido: Irán, Hezbolá, Hamás y milicias chiíes. Este «eje del mal» ha sido el objetivo central de la inteligencia israelí. Sin embargo, la relación es bidireccional. Irán ha intentado responder con sus propias operaciones, incluyendo ciberataques e infiltraciones en Israel, en una guerra de sombras constante, aunque lejana a los logros israelíes.
Factores de su eficacia
La calidad del espionaje israelí reside en varios factores estructurales. Primero, la integración total entre inteligencia, fuerzas armadas y sector tecnológico. Segundo, una cultura operativa basada en iniciativa y descentralización. Tercero, la disposición a asumir riesgos políticos elevados mediante acciones encubiertas que otros estados evitan. Y cuarto, una combinación eficaz de inteligencia humana (HUMINT) y tecnológica (SIGINT, CYBER), que permite operaciones de precisión quirúrgica.
En términos comparativos, el espionaje israelí ha generado una mezcla singular de eficacia operativa y prestigio internacional. Admirado por su audacia y precisión, criticado por su agresividad, se ha consolidado como un modelo de inteligencia ofensiva en el siglo XXI.
En estos veinte años, Israel no ha buscado simplemente información: utiliza el espionaje como instrumento activo de guerra, moldeando el entorno estratégico mediante operaciones encubiertas que, en muchos casos, han modificado la realidad regional.