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El jefe del ejército pakistaní y mariscal de campo Syed Asim Munir (derecha) reuniéndose con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a su llegada a Islamabad.

El jefe del Ejército pakistaní y mariscal de campo Syed Asim Munir junto al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en IslamabadAFP

Amir Munir, jefe del Estado Mayor de Pakistán, el verdadero muñidor de las negociaciones entre Irán y EE.UU.

El «mariscal favorito» de Donald Trump se ha blindado como hombre fuerte del país gracias a una polémica reforma constitucional

No se sabe cuándo se retomaran las conversaciones cara a cara entre Estados Unidos e Irán en Islamabad, cuya primera tanda, fallida, se celebró el 11 de abril; pero sí se sabe quien será, una vez más, su verdadero anfitrión: el mariscal Asim Munir, jefe de Estado Mayor de la Defensa de Pakistán desde noviembre de 2022. De 57 años, nacido en Rawalpindi, un signo anunciador, pues es la ciudad cercana a la capital que hace las veces de sede de las Fuerzas Armadas desde su independencia, duramente arrancada al Reino Unido en 1947.

Detestado por la mayoría de la opinión pública por haber encarcelado a Imran Khan, su enemigo, quien lo había destituido como jefe de los poderosos servicios de Inteligencia en 2019, Asim Munir se vio reforzado por la Operación Sindoor, lanzada en mayo de 2025 por el primer ministro indio, Narendra Modi, para vengar un ataque mortal en Cachemira contra hindúes. Las dos fuerzas aéreas se enfrentaron durante cuatro días e Islamabad afirmó haber derribado cinco aviones indios.

Finalmente se alcanzó un alto el fuego, en gran medida bajo la presión de Donald Trump. Desde entonces, el presidente estadounidense ha elogiado constantemente al oficial militar pakistaní, su «mariscal de campo favorito». Lo ha recibido dos veces en Washington. La primera el pasado 18 de junio en la Casa Blanca para un almuerzo cara a cara. Una deferencia reservada a muy pocos.

Se piense lo que se piense del uso que Trump hace del protocolo, no se puede cuestionar que ha acertado al designar a Munir como su interlocutor en Pakistán: nadie, ni el presidente de Estados Unidos ni el resto de los mandatarios internacionales dudan ya de que es el hombre fuerte de Pakistán. Empezando por Modi.

Ni el presidente de la República, Asif Ali Zardari –viudo de Benazir Bhutto y con fama de ser uno de los políticos más corruptos del planeta–, ni el primer ministro, Shebaz Sharif –hermano de Nawaz, que también encabezó el Gobierno en tres ocasiones– pintan ya gran cosa en la gestión diaria de Pakistán. Así es desde la vigésimo séptima enmienda, incorporada a la Constitución en noviembre de 2025.

Esta enmienda otorga inmunidad vitalicia a Zardari y a Munir. La reforma estipula que cualquier oficial militar ascendido al rango de mariscal de campo conservará su rango y los privilegios asociados de por vida, además de estar protegido de un proceso penal. Munir obtuvo este ascenso tras el breve conflicto con la India. Solo existía un precedente en la historia de este joven Estado, surgido de la partición con la India en 1947: el exdictador Ayub Khan (1958-1969), quien dio un golpe de Estado en 1958, se había autoproclamado con este mismo rango. Desde esa posición, Munir asegura su permanencia en el cargo hasta 2030, lo que implica que supervisará los comicios previstos para el año anterior.

Antes, la hegemonía de Munir corre el riesgo de exacerbar aún más las tensiones en la región. Pakistán e India están ahora dominados por dos hombres autoritarios que se consideran adversarios y que utilizan la religión como herramienta política. Todos los discursos de Munir están plagados de referencias al Corán y amenazas contra la India. De ahí a tratarle de «militar yihadista», como se ha podido leer en algún que otro sitio, media un trecho.

Mas es probable que esta retórica esté relacionada con el momento delicado por el que atraviesa Pakistán en materia de seguridad. El primer país islámico del mundo ha de bregar con tres frentes de modo simultáneo gestionar tres frentes: su frontera con Afganistán, su frontera con la India y el frente terrorista, representado por los insurgentes baluches, pero sobre todo por los talibanes paquistaníes, que atacan a las fuerzas de seguridad y al Ejército, tanto soldados como oficiales. Desde principios de año, 1.300 hombres han perdido la vida.

El resultado es que Pakistán ocupa el segundo lugar en el Índice Global de Terrorismo de 2025. Este desafío, tal vez el más grave al que se enfrenta Munir, podría ser algo más salvable ahora que su país ha recuperado su lugar en la escena internacional por su rol como potencia mediadora entre Estados Unidos e Irán.

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