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La «rebeldía» de Evo Morales: se refugia en su trinchera boliviana donde ni el Ejército puede entrar

Por segunda vez, un tribunal ha ordenado su arresto, pero el expresidente, declarado en rebeldía, está blindado en la región cocalera del Chapare por los movimientos indígenas

Evo Morales, expresidente de Bolivia y líder cocaleroAizar Raldes / AFP

Bolivia sigue siendo Bolivia, que es lo mismo que decir que Evo Morales es caudillo de un Estado dentro del Estado donde no se atreve a entrar ni el Ejército. El expresidente se ha puesto, una vez más, al margen de la ley y ha tenido que ser declarado en rebeldía.

Un tribunal de Bolivia le había citado para que respondiera a la acusación de abuso de menores y trata de personas, por su relación con una mujer menor de edad con la que presuntamente tuvo un hijo.

El antiguo jefe del MAS (Movimiento Al Socialismo) se ha negado, como en otras dos ocasiones anteriores, a asistir a la audiencia. La justicia ha sido incapaz de obligarle por la fuerza porque los efectivos policiales y hasta el Ejército se sienten incapaces de penetrar en la espesura del Chapare, su fortín cocalero en el Trópico de Cochabamba.

El Tribunal de Tarija, donde se celebra el juicio, dictó una orden de busca y captura del líder sindical que controla las federaciones de producción y distribución de hojas de coca. Llegado este punto, en teoría, la Policía está obligada a hacer cumplir la orden, pero ejecutarla llevaría a un baño de sangre casi seguro.

Evo Juan Morales, nombre de pila del hombre que pasó de ser pastor de llamas a sindicalista y luego presidente de Bolivia, ha recurrido a las redes sociales para tratar de descalificar la decisión del Tribunal. En un texto muy extenso asegura: «No busco la impunidad, solo exijo un proceso imparcial, legal y apegado a la Constitución y al Derecho Procesal. Ningún ciudadano puede ser condenado jurídica y mediáticamente, sin el respeto del Debido Proceso y la Presunción de Inocencia».

El Tribunal fue claro en su resolución, la segunda que declara en rebeldía al cocalero. «Como Ministerio Público hemos hecho todo el proceso de investigación, tenemos más de 128 pruebas y 39 testigos». Morales las ignora todas.

El expresidente convirtió la Constitución –la suya– en humo para tratar de perpetuarse en el poder y casi lo logra. Se presentó a otra reelección cuando no estaba autorizado para hacerlo, cometió un fraude descomunal en 2019 y dimitió. Se refugió –también en el Chapare–, y luego hizo escala en Buenos Aires y Ciudad de México.

Más tarde denunció que le habían dado un golpe de Estado y trató, sin éxito, de sacar rédito de una denuncia interesada, apoyada por los suyos y la internacional bolivariana de la época. Desde entonces, Evo Morales no levanta cabeza y sus actuaciones se han traducido en intentos de dinamitar el sistema y el MAS del que, finalmente, tuvo que salir por la puerta de atrás.

Cuando «el Evo», como le siguen llamando los suyos, gobernaba, lo hacía siguiendo una filosofía confesada: «Si algún jurista me dice: 'Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal', bueno yo le meto nomás y les digo: métanle nomás y después lo legalizan, para eso han estudiado».

En la cabeza de Morales esa filosofía no ha cambiado. Lo que sucede es que ya no tiene el poder que tuvo. El problema para Bolivia es que lleva demasiado tiempo demostrando al mundo que el control de todo el territorio es una ilusión. La fórmula para detener al «rebelde» es asunto de las fuerzas policiales, pero que por segunda vez se libre de una orden de captura no dice nada bueno en favor de un país que ahora tiene un presidente tradicional.

Dicho de otro modo, que Rodrigo Paz sí entiende lo que es una democracia y un Estado de Derecho donde la ley debe cumplirse y lo de «métanle nomás» no puede valer. Por eso, resulta imperativo que Evo Morales cumpla con la justicia y lo detengan.