Rocha: el embajador de EE.UU. y espía cubano que maniobró para llevar al poder a Chávez, Evo y Kirchner
El ex diplomático que había representado a EE.UU. en diferentes cargos en varios países de Hispanoamérica cumple condena de 15 años en una prisión federal de Miami
Manuel Rocha, exembajador de Estados Unidos en Bolivia y los expresidentes Kirchner (Argentina) Morales (Bolivia) y Chávez (Venezuela)
A Víctor Manuel Rocha, de 75 años, exembajador de Estados Unidos en Bolivia –previa escala con otros cargos en Dominicana, Cuba, Honduras, México y Argentina–, el FBI le tenía en la mira.
En el Departamento de Estado causaba alarma que en los destinos a los que llegaba el diplomático, –nacido en Colombia y nacionalizado estadounidense–, los gobiernos terminasen dando un giro a la izquierda y se conformara en Hispanoamérica lo que el expresidente George W. Bush, –en alusión a Irak, Irán y Corea del Norte–, llamó por extensión: el eje del mal.
En la región conocían bien su trayectoria e influencia. En Washington ya no tenían dudas de que el diplomático que llevaba 40 años dando vuelta por el mundo era un traidor, un agente de La Habana donde había ejercido de jefe de la sección de Intereses de EE.UU. En la isla y el resto de sus destinos había realizado un excelente trabajo de inteligencia para el régimen de Fidel Castro y puesto en evidencia a la CIA.
«Era el crítico más furibundo de Castro de todo el cuerpo diplomático extranjero», observa un colega suyo que lo trató a fondo durante años.
En diciembre de 2023, tras dos años de seguimiento y de ponerle a prueba, la Oficina Federal de Investigación, le detuvo en Miami.
Manuel Rocha, exembajador de Estados Unidos
Las pruebas contra el también expresidente de la Barrick Gold, (la minera a cielo abierto de oro más grande de mundo) pesaban como ladrillos. Había imágenes, grabaciones, testigos y dobles agentes ficticios que le señalaron.
Rocha confesó todo a cambio de una rebaja en la condena. Ofreció nombres, fechas, lugares e identificó modus operandi y afectados. La pena, tras alcanzar un trato con la Fiscalía, fue de 15 años de cárcel que cumple en una prisión federal de Estados Unidos, el FDC de Miami, un Centro de Detención Federal de Seguridad Administrativa.
Lo que confesó Rocha en el juicio, y en privado, arrojó luz a algunos procesos que en esos años de principios de siglo no terminaban de explicarse bien. El episodio más sorprendente fue el que protagonizó en las elecciones de Bolivia en 2002.
En plena campaña electoral se descolgó con unas declaraciones contra el por entonces líder cocalero y candidato del MAS (Movimiento Al Socialismo) Evo Morales que, como era previsible, causaron el efecto contrario al aparentemente deseado.
Evo Morales es el Bin Laden andino y los cocaleros [que cultivan la hoja de coca] son los talibanesEx embajador en Bolivia condenado por espionaje
«Quiero recordar al electorado boliviano que si votan por aquellos que quieren que Bolivia vuelva a exportar cocaína, eso pondrá en serio peligro cualquier ayuda futura a Bolivia por parte de Estados Unidos». Y otra más impactante cuando todavía echaban humo las Torres Gemelas: «Evo Morales es el Bin Laden andino y los cocaleros [que cultivan la hoja de coca] son los talibanes».
Javier Viscarra, diplomático, periodista y abogado no dudó sobre las intenciones de Rocha cuando se enteró de su condena: «Tenía muy estudiado que sus palabras tendrían el efecto contrario» al que supuestamente buscaban. La prensa estaba desconcertada y la Casa Blanca más.
Hasta entonces, la contienda electoral boliviana se disputaba entre el exmilitar y actual alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa y Gonzalo Sánchez de Lozada, un magnate boliviano educado en Estados Unidos con un acento «gringo» imposible de disimular hasta el día de hoy. Ironías de la historia, exiliado desde 2003 en Miami.
Evo Morales admitió que cuando vio que el escrutinio se disparaba a su favor casi le da un ataque de pánico. «No estoy preparado para gobernar», exclamó aliviado ante un par de periodistas de medios internacionales.
El resultado de aquellas elecciones fue: 22 % para «Goni», como se conocía popularmente a Sánchez de Lozada y 21 % para «el Evo», como se referían y se refieren en el Chapare, –la región cocalera que es su feudo– al expresidente que más tarde intentaría perpetuarse en el poder.
Evo Morales se salvó por un punto de tener que hacerse con las riendas de Bolivia, pero la semilla de la victoria ya estaba sembrada y el jardinero había sido Rocha. El MAS (Movimiento Al Socialismo) del primer presidente indígena se impondría en las elecciones de 2006.
Usted tiene el petróleo y yo el Ejército que le permitirá ser presidente toda la vida
En Venezuela las urnas le habían dado la victoria, de forma legítima, a Hugo Chávez. Néstor Kirchner, todavía en rodaje de una Presidencia que –ahora se sabe– también le debió en buena medida a Manuel Rocha, se lo contaba a la fuente consultada con detalle. «Chávez me dijo que le llamó Fidel Castro: comandante, usted tiene lo que yo no tengo y yo lo que necesita. Usted tiene el petróleo y yo el Ejército que le permitirá ser presidente toda la vida».
La declaración, a efectos prácticos, se tradujo en que Venezuela comenzó a suministra petróleo a la isla y centenares de militares cubanos desembarcaron en Caracas. Distintas estimaciones calculan que llegó a haber 2.000 soldados y altos cargos en la tierra de Bolívar para blindar el palacio de Miraflores y el poder del líder golpista que llegó a la presidencia por los votos tras fracasar en el intento de hacerlo por las botas. Rocha había cumplido.
En 2003 la llegada de Kirchner a la Casa Rosada fue una novedad que descolocó a la mayoría de los argentinos. Tanto como que el efímero presidente, Eduardo Duhalde, le eligiera para sucederle.
Tras la caída del radical Fernando de la Rúa el peronismo, repartido en diferentes siglas, tenía candidatos potentes. El país, en expresión local, «estaba en el horno». La segunda economía de Sudamérica se había desplomado, el fin de la ley de convertibilidad (equivalencia entre el peso y el dólar) y los corralitos habían triturado los ahorros de los argentinos. Las calles estaban incendiadas y el grito «¡Que se vayan todos!» aterrorizaba a a los políticos.
Entonces, pasó algo inesperado. Duhalde convocó al exgobernador Carlos Reutemann para que fuera candidato. El «Lole» –como se conocía al ex corredor de Fórmula 1– salió de la Casa Rosada y admitió la conversación sin decir si aceptaría. Más tarde rechazaría la propuesta con una frase enigmática: «Vi algo que no me gustó». ¿Qué fue?
La llamada de Rocha a Reutemann
«Recibió una llamada de Rocha. Le dijo que no podía aceptar ser el candidato de un hombre como Duhalde, vinculado al narcotráfico y que Estados Unidos no lo vería con buenos ojos», afirma la fuente que supo de boca del interesado ese «detalle» que nunca se había publicado hasta ahora.
Eduardo Duhalde siempre negó las acusaciones de narcotráfico, pero en El Otro, el libro de Hernán López Echagüe, se insistía en colocarle en la diana de una red narco.
El sucesor de De la Rúa, –mediante una Asamblea nacional y previa escala de otros dirigentes–, pensó entonces en José Manuel de la Sota, gobernador muy popular en Córdoba. Otra llamada del embajador de Estados Unidos en La Paz arruinaría la opción: «No es de fiar, te va a traicionar y es un ladrón», le alertó.
Rocha elige a Néstor Kirchner
Duhalde estaba desesperado por buscar un sucesor y Rocha, de nuevo, se lo entregó en bandeja. «Néstor Kirchner que privatizó YPF, logró cuantiosos beneficios por las regalías del petróleo y Washington lo ve como un hombre de fiar», le sorprendió.
Palabra más, palabra menos, la fuente que conoce a fondo a Duhalde y trató en profundidad a Kirchner, reproduce la escena tal cual fue. El resto, es historia.
Manuel Rocha, cuando salga de la cárcel y se despida del Centro de Detención Federal de Seguridad Administrativa, quizás amplíe la versión o quizás, lo haga antes y cuente más detalles.