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Advertencia de un posible ataque aéreo en Vilna

Advertencia de un posible ataque aéreo en VilnaAFP

Alerta por drones en los países bálticos mientras Rusia hace maniobras nucleares en Bielorrusia

Las alarmas aéreas en Lituania y Letonia, las maniobras nucleares rusas en Bielorrusia y la crisis política en Riga revelan hasta qué punto la guerra de Ucrania está desbordando sus fronteras

Por primera vez desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, amplias zonas de los países bálticos empiezan a convivir con escenas que hasta hace poco parecían reservadas al frente ucraniano: alertas masivas en teléfonos móviles, suspensión del tráfico aéreo, activación de cazas de la OTAN, órdenes para permanecer en refugios y drones militares cruzando fronteras de la Alianza Atlántica.

Lituania y Letonia han activado sus alertas de seguridad aérea tras detectar posibles incursiones de drones en sus espacios aéreos. Aunque ninguno de los dos gobiernos considera que se trate de un ataque directo contra la OTAN, el clima político y militar en la región se ha deteriorado rápidamente.

La situación coincide además con un endurecimiento del discurso ruso hacia los países bálticos, maniobras nucleares rusas y bielorrusas junto a las fronteras orientales de la OTAN y una creciente preocupación por la capacidad de Moscú para utilizar la guerra electrónica como instrumento de presión regional.

El episodio más grave ha tenido lugar este 20 de mayo en Lituania. Las autoridades emitieron una alerta aérea nacional después de detectar un dron procedente de Bielorrusia. El aviso afectó especialmente a la región de Vilna y a varios distritos orientales próximos a la frontera. Según confirmó el Gobierno lituano, durante aproximadamente una hora se suspendieron operaciones en el aeropuerto de Vilna y también parte del tráfico ferroviario en la zona. El sistema de emergencias envió mensajes de alerta a la población y se recomendó buscar refugio inmediatamente.

En colegios y guarderías de la capital, los niños fueron trasladados a espacios interiores considerados seguros. También se activaron protocolos de protección en el Parlamento lituano.

La Alianza desplegó cazas a primeras horas de la mañana para localizar los aparatos y el Ministerio de Defensa lituano confirmó que el incidente fue tratado como una potencial amenaza aérea. Horas después, el Gobierno rebajó el nivel de alarma. Sin embargo, el episodio dejó una imagen inédita en el país: población civil pendiente de refugios y alarmas aéreas en plena capital de un Estado miembro de la Unión Europea.

Alerta en Letonia

En el día de ayer, Letonia vivió una situación similar. Las autoridades emitieron dos alertas de amenaza aérea en regiones del este próximas a la frontera rusa. Los avisos afectaron principalmente a las zonas de Krāslava, Ludza, Balvi y Rēzekne. La población recibió instrucciones para permanecer en interiores mientras aviones de combate de la OTAN eran desplegados hacia el área. También se suspendieron temporalmente conexiones ferroviarias en varias localidades orientales.

A diferencia de Lituania, las autoridades letonas afirmaron posteriormente no haber podido confirmar con certeza la entrada efectiva del dron en su espacio aéreo. Aun así, el incidente fue suficiente para activar protocolos de emergencia.

La ministra letona de Exteriores en funciones, Baiba Braže, insistió públicamente en que estos episodios «no constituyen una amenaza militar» directa, aunque reconoció que generan gran inquietud entre la población civil.

La presión generada por estos episodios ya ha tenido consecuencias políticas directas. La primera ministra letona, Evika Siliņa, presentó su dimisión el pasado 14 de mayo tras una crisis gubernamental provocada por la gestión de las incursiones de drones. La polémica se desató después de que varios drones penetraran en territorio letón sin ser detectados adecuadamente por los sistemas de vigilancia aérea. Siliņa destituyó al ministro de Defensa, Andris Sprūds, pero la medida provocó fracturas internas en la coalición de Gobierno y terminó precipitando su caída política.

Amenazas de Moscú

En paralelo a los incidentes, Rusia ha endurecido notablemente su retórica. El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR) lanzó una amenaza pública contra Letonia acusando al país báltico de colaborar con ataques ucranianos contra territorio ruso. Moscú aseguró conocer las «coordenadas de los centros de decisión de Letonia» y afirmó que pertenecer a la OTAN «no protegerá a los cómplices de los terroristas de una respuesta justa».

Las declaraciones llegaron después de varios ataques ucranianos con drones contra objetivos rusos, incluidos ataques en la región de Moscú durante el fin de semana.

El presidente letón, Edgars Rinkēvičs, respondió acusando a Rusia de mentir sobre una supuesta utilización del territorio letón para lanzar operaciones ofensivas contra Rusia. Mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha escrito hoy en su perfil de X un mensaje especialmente duro dirigido a Moscú y Minsk. Von der Leyen afirmó que las amenazas públicas rusas contra los Estados bálticos eran «completamente inaceptables» y subrayó que «una amenaza contra un Estado miembro es una amenaza contra toda la Unión».

El mensaje refleja la creciente preocupación en Bruselas por el hecho de que la guerra de Ucrania esté empezando a generar incidentes militares recurrentes dentro del espacio OTAN.

¿De quién son los drones?

Ésta es la cuestión central y también la más delicada políticamente. A día de hoy, las investigaciones apuntan mayoritariamente a drones ucranianos desviados por interferencias electrónicas rusas, aunque no todos los casos están plenamente esclarecidos.

Las autoridades de Estonia confirmaron este 19 de mayo que un caza F-16 rumano integrado en la misión de la OTAN derribó un dron presuntamente ucraniano sobre espacio aéreo estonio. Según Tallin y Kiev, el aparato habría sido desviado por sistemas rusos de guerra electrónica mientras participaba en operaciones contra objetivos situados dentro de Rusia.

Ucrania negó haber dirigido deliberadamente drones hacia territorio de la OTAN y acusó a Moscú de utilizar técnicas de interferencia GPS y bloqueo electrónico para alterar las trayectorias. Además, el pasado 17 de mayo las autoridades lituanas localizaron un dron militar estrellado cerca de la localidad de Samane, a unos 55 kilómetros de Bielorrusia. Tampoco llevaba explosivos.

En Letonia, varios incidentes recientes han tenido orígenes distintos. El 7 de mayo, dos drones procedentes de Rusia cayeron en territorio letón y uno de ellos provocó un incendio menor en una instalación petrolera en Rēzekne.

Detrás de estos incidentes hay un fenómeno militar menos visible, pero cada vez más importante: la guerra electrónica.

Rusia ha desplegado en Kaliningrado, Bielorrusia y el noroeste ruso algunos de sus sistemas más avanzados de interferencia GPS y bloqueo de comunicaciones. Según distintos análisis, estos sistemas estarían alterando las rutas de drones ucranianos de largo alcance dirigidos contra infraestructuras militares rusas. Eso explicaría por qué varios aparatos terminan penetrando accidentalmente en espacio aéreo de Estados miembros de la OTAN.

El problema es que cada nuevo incidente incrementa el riesgo de un error de cálculo político o militar.

Esta misma mañana el ministro de Defensa polaco, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, ha pedido a Ucrania que revise sus protocolos de envío de drones y defina sus objetivos con mucha más precisión en Rusia para no representar una amenaza de seguridad para los países de la Alianza, ya que estos incidentes podrían «interpretarse como una provocación rusa» y servir a Rusia para «fines propagandísticos».

Maniobras nucleares junto a la OTAN

La tensión coincide además con el inicio de simulacros nucleares rusos. El Ministerio de Defensa ruso anunció este martes ejercicios de tres días destinados a reforzar la preparación del Ejército para un escenario de confrontación atómica y a demostrar la capacidad de disuasión del país.

Estos ejercicios se desarrollan en Bielorrusia e incluye simulaciones relacionadas con armas nucleares tácticas desplegadas por Moscú en territorio bielorruso.

Las autoridades de Minsk han intentado rebajar la alarma asegurando que las maniobras «no van dirigidas contra terceros países» y que «no representan una amenaza para la seguridad regional». Sin embargo, para los gobiernos bálticos y de Polonia el mensaje político resulta evidente: Rusia quiere demostrar capacidad de escalada mientras aumentan los incidentes fronterizos.

En este contexto el subjefe del Servicio de Seguridad de Ucrania, Víktor Yagun, ha alertado del cierre parcial de 19 distritos forestales en Bielorrusia, muchos de ellos próximos a las fronteras con Polonia, Lituania, Letonia y Ucrania. Y se ha viralizado la imagen de un mapa que sugiere posibles preparativos militares y plantea hipótesis sobre el llamado corredor de Suwałki, el estrecho paso terrestre que conecta Polonia con los países bálticos y separa Bielorrusia del enclave ruso de Kaliningrado.

Por ahora no existe evidencia pública concluyente de que Bielorrusia esté preparando una ofensiva militar contra países de la OTAN. Las restricciones de acceso a zonas forestales son reales, Minsk las justifica por motivos de seguridad, ejercicios militares, prevención de incendios o actividades operativas del ejército. Sin embargo, el mapa que se ha hecho viral en redes sociales, refleja escenarios hipotéticos de análisis militar.

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