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Andres de Inglaterra

Andres de Inglaterra en una foto de archivoredes sociales

Isabel II presionó para que Andrés, su hijo favorito, fuera designado embajador comercial

La Reina, según The Times, estaba preocupada por la vida que llevaba su hijo, Andres Mountbatten-Windsord y movió sus hilos en el año 2000 para favorecerle con ese cargo de representación

Todo el mundo sabía que Isabel II sentía verdadera debilidad por su hijo Andrés. La Reina estaba muy bien informada de su vida licenciosa y la preocupación resultaba evidente. Así las cosas, decidió intervenir para hacer lo que suele hacerse con los hijos problemáticos, conseguirle un cargo que le tenga fuera del país el mayor tiempo posible.

El diario The Times publica una información donde desvela que han salido a la luz documentos que demuestran las presiones de la Reina para colocar al ex detenido y ex miembro de la familia real.

Según el matutino, el director ejecutivo del departamento Comercio Británico Interional, David Wright, explicó así los deseos de Isabel II: «La reina desea que al duque de Kent (entonces en ese cargo) lo suceda el duque de York (Andrés en aquel momento). Esto encajaría muy bien para poner fin a la carrera naval en activo del duque de York».

«La reina tiene mucho interés en que el duque de York asuma un papel prominente en la promoción de los intereses nacionales. Ningún otro miembro de la familia real estaría disponible para suceder al duque de Kent. La adopción de ese papel por el duque de York parece una opción natural», insistía Wright.

The Times no duda en calificar estos argumentos como una «presión» de la reina sobre el Gobierno para que su hijo asumiera ese cargo, destinado a promover los intereses comerciales británicos en el mundo.

El entonces príncipe Andrés fue finalmente nombrado para el cargo en 2001 y lo mantuvo hasta 2011, cuando se desvelaron por vez primera sus contactos con Epstein así como las relaciones que había desarrollado con representantes de distintos países implicados en presuntos casos de corrupción, como Túnez, Kazajistán o Azerbayán.

Su cargo no incluía un salario preciso, pero Andrés incurrió entonces en numerosos gastos relacionados con sus viajes y alojamientos mientras preparaba encuentros con sus interlocutores extranjeros. Su afición por el lujo en estos viajes, con cargo al erario público, también ha sido desvelada en los últimos tiempos. Conforme se iban conociendo sus vínculos con Epstein, Andrés fue despojado de sus distintos títulos.

El pasado octubre, el rey Carlos III le suprimió el último que le quedaba, el tratamiento de «príncipe», y desde entonces solo puede presentarse con sus apellidos, Andrés Mountbatten-Windsor. El rey le ordenó, además, desalojar la enorme mansión que ocupaba en los dominios de Windsor, lo que finalmente llevó a cabo a fines de año.

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