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El presidente de EE.UU. Donald Trump y el presidente de China Xi Jinping en PekínBrendan Smialowski / AFP

Trump no se pone de perfil y hablará con el presidente de Taiwán aunque le moleste a Xi Jinping

China expresa su malestar por la decisión y reclama al presidente de Estados Unidos que «honre sus acuerdos» de Pekín y no envíe «señales erróneas»

Taiwán fue la única línea roja que Xi Jinping le marcó con determinación a Donald Trump durante su visita de la semana pasada a Pekín. Apenas unos días más tarde de abandonar el país, el presidente de Estados Unidos parece dispuesto a cruzarla y hablar sin intermediarios con el presidente William Lai.

La decisión, anunciada este miércoles por el republicano, ha provocado hondo malestar en ese peculiar régimen comunista que aprovecha, según dónde y cómo, las virtudes del capitalismo.

China no ha tardado mucho en enviar un mensaje a la Casa Blanca para que se abstenga de enviar «señales erróneas» a las fuerzas favorables a la «independencia» de Taiwán.

Pekín no está para ambigüedades y antes de que se produzca lo que parecería inevitable advirtió a la Casa Blanca que tenga la «máxima prudencia» a la hora de gestionar lo que ambos países consideran «un problema».

Donald Trump, poco permeable a presiones, mostró su disposición ayer a charlar por teléfono con Lai. «Hablo con todo el mundo, por qué no lo voy a hacer con él», declaró el presidente de Estados Unidos al ser abordado sobre este asunto. Su tono fue conciliador al añadir: «Tenemos esa situación bien controlada. Tuvimos una gran reunión con el presidente Xi. Fue fantástica y vamos a trabajar en el problema de Taiwán», destacó Trump. Sin embargo, sus palabras tuvieron una réplica severa en Tokio menos de 24 horas después.

El portavoz de Exteriores Guo Jiakun en rueda de prensa, como recoge Efe. dejó claro que Pekín se opone a los contactos oficiales entre Washington y Taipéi, así como a la venta de armas al estrecho, una posición que calificó de «consistente, clara y firme».

Guo no parece que interpretara positivamente las palabras de Trump y reclamó a Estados Unidos respetar los consensos alcanzados durante su reciente reunión con Xi Jinping. Dicho esto, le instó a «honrar los compromisos y declaraciones» sobre Taiwán.

En paralelo Taipéi expresó su «disposición» –y satisfacción–a mantener conversaciones con el presidente Trump. Estados Unidos ha sido históricamente el gran valedor de la independencia de Taiwán a pesar de haber roto relaciones diplomáticas hace décadas para establecerlas con China, que exige esa condición a todos los países.

Taiwán, principal productor mundial de semiconductores del mundo, tomó nota de la victoria de Donald Trump y de su avalancha de aranceles en esta segunda legislatura del republicano y fue de los primeros países en aceptar instalar una fábrica de dispositivos electrónicos y chips en territorio estadounidense.

China considera a Taiwán una «parte inalienable» de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para hacerse con su control. El Gobierno taiwanés por su parte sostiene que los 23 millones de habitantes de la isla son los únicos con derecho a decidir su futuro político y advierten que su territorio jamás ha sido parte de la República Popular China.

70 años lleva Estados Unidos en medio de las disputas entre ambas partes. Washington es el principal vendedor de armas a Taipéi y la política de Estado respecto a Taiwán no se ha modificado en los sucesivos presidentes demócratas y republicanos. Con frecuencia y ante maniobras militares de China en la zona Estados Unidos ha desplegado su fuerza naval en el estrecho.

No es habitual que el presidente de Estados Unidos mantenga una conversación directa con su homólogo taiwanés. Evitar levantar ampollas en Pekín también ha sido una política estadounidense sostenida en el tiempo. Sin embargo, en diciembre de 2016 Trump rompió esa tradición y charló por teléfono con la entonces presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen. Es cierto que en ese momento era presidente electo, pero ahora lo es en ejercicio del cargo y si en aquella ocasión desató la irá de China, en esta, de repetirse la escena con Lai, no habría que descartar consecuencias.