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Luis Guillermo Echeverri Vélez
AnálisisLuis Guillermo Echeverri VélezCundinamarca (Colombia)

Si Cepeda gana las elecciones, Colombia entra de inmediato en el modelo castro-chavista

También es previsible que, si gana alguno de los candidatos de derecha, esa izquierda obre de la misma forma en que lo hicieron Petro y Cepeda que trataron de tumbar el gobierno en 2021

Iván Cepeda, candidato presidencial de la izquierda colombiana

Iván Cepeda, candidato presidencial de la izquierda colombianaRaul Arboleda / AFP

Dice el adagio popular: «Más vale camino conocido que sendero desconocido e incierto por recorrer». Después de la traición a la seguridad democrática y al electorado colombiano, aquí puede pasar de todo antes, durante y después de unas elecciones, pero suponiendo que se surtan normalmente los comicios, hay que hacerse algunas consideraciones y preguntas.

Nos preside un revolucionario desquiciado que está violando la ley de garantías mediante el aparato propagandístico del Estado sin reparo judicial alguno. Está la democracia entrampada y asediada por quienes ejercen el poder en nombre del mal llamado progresismo o Pacto Histórico afiliado al Socialismo del Siglo XXI, cómplices de la violencia de las grandes organizaciones subversivas narcoterroristas conectadas con el terrorismo internacional.

Petro es capaz de cualquier cosa fuera de la ley con tal de que no lo metan en la cárcel después de auspiciar todo tipo de crímenes y acciones tendientes a la destrucción económica e institucional del Estado, del sector productivo y del capital humano del país. El Gobierno insiste en la realización de una Asamblea Nacional Constituyente que imponga el cambio del modelo de libertades democráticas por la consolidación y ejercicio del poder bajo una dictadura constitucional totalitaria, y Cepeda, que cuenta con una fuerza política parlamentaria propia, trata de deslindarse de las FARC-EP, y ahora le propone al país productivo y a los gremios la «gran trampa chavista»: que consiste en la extensión de su falsa «Paz Total» al empresariado por medio de un «Acuerdo Nacional vinculante».

Si ganan Petro y Cepeda, Colombia entra de forma inmediata en la consolidación del modelo Castro-chavista que generó el ALBA sobre las bases ideológicas que llevaron a Cuba, Nicaragua y Venezuela a la miseria. Pero veamos qué puede pasar en el país si pierde el progresismo.

Es previsible que, si gana alguno de los candidatos que compiten en representación de la democracia, ese progresismo obre de la misma forma en que lo hizo en 2018 cuando Petro, Bolívar y Cepeda no reconocieron la victoria democrática de Duque, tuvieron a su Gobierno y a la sociedad asediados durante todo el mandato y trataron de tumbar el gobierno en 2021, con la diferencia de que ahora van a tener manejo de los organismos de control, las cortes y otras instituciones del Estado. Y en estas condiciones y considerando que las Fuerzas Armadas constitucionales están desmotivadas, mal dotadas, sin armamento adecuado y no tienen inteligencia, transporte, ni supremacía aérea, hay que preguntarse:

¿A cuál candidato les queda más difícil sacar del poder democrático a los violentos neocomunistas? ¿Al que representa una extrema derecha que no ha existido desde los años 50, que no tiene experiencia política ni representación parlamentaria, ni en las cortes y en los entes de control; o a una mujer transparente e insobornable, con experiencia parlamentaria, respaldada por la credibilidad del expresidente Uribe como el líder regional que más ha defendido la democracia latinoamericana contra la destrucción Castro-chavista sistemática de nuestras naciones, y que además tiene un partido consolidado con amplia representación política?

¿Quién puede llevar más fácil al país a entrar en una autocracia o una dictadura de extrema, lo cual puede desembocar en una nueva forma de guerra civil? o ¿a quién le queda más fácil buscar respaldo de Washington e internacional para llegar a una solución democrática por la vía política contando con el respaldo de la credibilidad de Uribe?

AME3662. BOGOTÁ (COLOMBIA), 13/03/2026.- El expresidente Álvaro Uribe Vélez (i) reacciona junto la senadora y candidata presidencial por el partido uribista Centro Democrático, Paloma Valencia (d), durante la inscripción de la candidatura a la Presidencia de la República de Colombia de Valencia y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo en la Registraduría Nacional del Estado Civil en Bogotá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

El expresidente Álvaro Uribe Vélez y la candidata presidencial por el partido Centro DemocráticoMauricio Dueñas Castañeda / EFE

Colombia tiene una tradición democrática defendible de más de 200 años, y una cosa es tener una presidenta respaldada por la credibilidad internacional de Uribe que se sume al grupo de mujeres transparentes como María Corina Machado, Cayetana Álvarez de Toledo, Laura Fernández, Isabel Díaz Ayuso y otras líderes valientes que están dando la batalla cultural por la libertad de las democracias occidentales; y otra muy distinta, es luchar sin una credibilidad acreditada contra los enfrentamientos y disputas de poder por los territorios donde operan el narcotráfico y la minería ilegal que de manera casi inevitable ocurrirán después de las elecciones entre más de una docena de organizaciones criminales narcoterroristas.

Este es un llamado a reflexionar y a votar con cabeza fría, sin fanatismos, a apoyar al gran contradictor político del progresismo internacional, al guerrero probado más consistente en la lucha sin tregua contra el terrorismo, la insurrección, el narcotráfico y toda la corrupción y criminalidad que de estas actividades ilegales se desprenden, a quien siempre ha demostrado con su lucha que a pesar de que todos los pronósticos le sean adversos «no hay causa perdida».

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