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La reforma electoral provoca un vivo enfrentamiento entre Meloni y la izquierda

La oposición teme que la jefa del Gobierno pueda seguir gobernando después de 2027 con menos votos y más escaños

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en Roma

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en RomaEFE

La Cámara de diputados de Italia fue el escenario un durísimo enfrentamiento entre los partidos de la mayoría que apoya al Gobierno de Giorgia Meloni y los de la oposición en torno a la reforma de la ley electoral.

La tensión en el Palacio de Montecitorio llegó hasta el punto de que la presidenta de sesión, Anna Ascani, del Partido Democrático, de centro izquierda, se vio o obligada a expulsar del hemiciclo al líder de la formación centrista Europa +, Riccardo Magi; pese a que ambos se han posicionado en contra de la reforma. Le había formulado, previamente, tal y como indica el reglamento, tres advertencias. La última fue la definitiva.

Magi, durante su intervención, no se había parado en barras: tras utilizar duras palabras en contra de la reforma impulsada por Meloni, exhibió un cartel en el que se podía leer el eslogan «tu voto no cuenta». Fue este gesto el que agotó la paciencia de Ascani. Magi permaneció en el hemiciclo, durante unos minutos, sin abandonarlo, a pesar de haber sido expulsado. Después, se marchó.

Ya en los pasillos de Montecitorio, el político reformista explicó por qué asemejaba el proyecto de reforma electoral nada menos que a un «golpe de Estado». «Llamémoslo un golpe burocrático leve, pero un golpe de Estado al fin y al cabo», dijo. «Se ha ido demasiado lejos al aceptar que el Parlamento se convierta en un órgano elegido a costa de imponer su voluntad a su líder, y eso es inaceptable».

El motivo de su actitud –primero la exhibición del cartel y después sus exabruptos– tiene que ver con el contenido de una reforma que, de aprobarse, sería la quinta desde 1993. Se basa en un sistema proporcional con una bonificación por mayoría de 70 escaños en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado (hasta un máximo de 220 escaños en la Cámara de Diputados y 113 en el Senado) para la coalición que obtenga al menos el 42% de los votos. Si ninguna coalición alcanza este porcentaje, se aplica un sistema puramente proporcional.

Además, se excluyen las preferencias –es decir la capacidad del votante de tachar y aprobar candidatos dentro de una candidatura–, una tradición muy arraigada en Italia, por lo que la votación se basa en listas cerradas. Después, el premio se otorgaría según las listas de distritos con los nombres que aparecen en la papeleta. Los candidatos deben presentarse tanto para la lista como para el distrito.

Otro punto controvertido son los umbrales para que las listas entren en el Parlamento. Siguen siendo los mismos que los establecidos por la anterior ley electoral, hoy en vigor: 10% para las coaliciones y 3% para las listas. La nueva opción es la repesca una segunda para el mejor miembro de la coalición más votada.

En tercer lugar figura la propuesta más deseada por Meloni: la elección directa del presidente del Consejo de ministros. Al presentar su formulario de candidatura, las listas y coaliciones deben indicar el nombre del candidato que propondrán para encabezar el Gobierno así como su programa político. Durante el examen de la candidatura del Presidente del consejo por parte de la comisión parlamentaria, se especificó, por indicación de Meloni, parte de la salvaguarda del artículo 67 de la Constitución, que contempla la ausencia de un mandato vinculante, y del artículo 92, relativo a la prerrogativa del Jefe de Estado para nombrar al presidente del Consejo.

Ni estas excepciones satisfacen a la oposición. Especialmente el punto relativo a la obtención del 42% de los votos de cara a beneficiarse de la bonificación. «Teniendo en cuenta», se puede leer en Avanti -que ya no es diario de masas, pero sí un foco intelectualmente influyente del centro izquierda italiano- «que en las últimas elecciones generales participó poco más del 60% de los votantes elegibles, esto significa que aproximadamente 12 millones de votos (precisamente la misma cantidad que recibió el centroderecha en las elecciones generales de 2022) serían suficientes para asegurar un control del poder que podría mantenerse sin problemas hasta el final de la legislatura, sin que la oposición pueda causar demasiadas perturbaciones».

En suma, lo que teme la oposición es que Meloni pueda seguir gobernando con menos votos tras las elecciones generales previstas para 2027, aunque con más escaños. Pero esas críticas también rezuman la incapacidad de la oposición para garantizar un «sorpasso» a la actual jefa de Gobierno, que sigue siendo favorita pese a la perdida de apoyo en las encuestas. La votación del texto en la Cámara tendrá lugar entre el 7 y el 10 de julio antes de pasar, después del verano, al Senado.

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