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Bomberos ucranianos trabajando para extinguir un incendio en el lugar de un ataque con misiles rusos en KievAFP

¿Cómo puede hacer frente Ucrania a la escasez de misiles Patriot y a los masivos bombardeos rusos?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el pasado miércoles en los márgenes de la cumbre de la OTAN en Ankara que otorgaba a Kiev la licencia para que fabricara estos proyectiles en su territorio

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, no ceja en su empeño por lograr que los aliados le suministren misiles interceptores Patriot. Kiev se está quedando sin suministros y Rusia está aprovechando esta situación de debilidad –mientras se estanca en el frente–, para lanzar bombardeos masivos con misiles balísticos contra las ciudades ucranianas, incluida la capital. Los datos ponen en evidencia esta desventaja. La semana pasada, las defensas ucranianas no pudieron interceptar ninguno de los 28 misiles balísticos que lanzó Moscú contra Kiev, lo que dejó decenas de muertos.

Zelenski, desde el altavoz que le concedió la cumbre de la OTAN, advirtió a Occidente de que esta es la única ventaja que le queda a Rusia. Lejos de estos ataques, el país dirigido por Vladimir Putin no avanza en su conquista del Donbás y, además, se enfrenta a una grave crisis de suministros por la campaña ucraniana contra su infraestructura energética. Al parecer, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dejó seducir por los cantos de sirena del ucraniano y, el pasado miércoles, al margen de la cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara, anunció que permitirá al país invadido fabricar los misiles Patriot en su territorio.

Sin duda, para Ucrania se trata de una gran noticia, pero la producción de esta munición es extremadamente lenta, por lo que no soluciona el problema actual. Los aliados europeos tampoco tienen la capacidad de suministrar Patriot a Kiev: sus arsenales están prácticamente vacíos. Estados Unidos, por su parte, los ha consumido a una velocidad alarmante en su reciente guerra contra Irán, por lo que el estamento militar tiene que pensar en estrategias alternativas para hacer frente a los cada vez más habituales bombardeos masivos rusos contra sus núcleos urbanos.

Entre las tácticas de las Fuerzas Armadas ucranianas destaca el impulso a su propia industria de defensa y la búsqueda de alternativas a los Patriot. La empresa de defensa Fire Point, con sede en Kiev, trabaja ya en un sistema antimisiles de fabricación totalmente nacional, el FP-7, que se someterá a sus primeras pruebas de vuelo este mismo verano. Además, Ucrania está valorando otras opciones, como los sistemas THAAD, de fabricación estadounidense; el SAMP/T, de fabricación franco-italiana; o incluso recurrir a tecnología israelí o sistemas navales británicos y franceses.

Apuntar contra la industria militar rusa, tal y como han hecho Israel y Estados Unidos en Irán, es otra de las cartas con las que cuenta Zelenski. El país invadido ya está utilizando sus misiles de crucero FP-5 'Flamingo' para este tipo de ataques contra objetivos bien protegidos, como las instalaciones de producción militar, aunque, por el momento, el Ejército no tiene grandes arsenales de estos proyectiles. No todo consiste en buscar alternativas; también es importante la gestión de los Patriot que todavía conserva. Por ello, Ucrania está dosificando su uso, así como utilizándolos de la forma más eficiente posible.

En esta línea, Kiev ha creado un sistema de defensa aérea de múltiples capas, en el que diferentes sistemas se encargan de distintas amenazas. El Ejército reserva sus misiles interceptores Patriot para los misiles balísticos, con el fin de evitar malgastarlos en drones de largo alcance y misiles de crucero, tal y como explica Justin Bronk, investigador sénior del Royal United Services Institute, en declaraciones a The Wall Street Journal. Entre los grandes éxitos de la campaña militar ucraniana contra Rusia destacan sus ataques contra la infraestructura petrolera y energética.

Esta ofensiva ha dejado a Putin en una situación extremadamente complicada, viéndose obligado a importar petróleo de terceros países ante la crisis de suministros que sufre el país. Zelenski busca presionar al inquilino del Kremlin para que se siente en la mesa de negociaciones y pacte un alto el fuego que ponga fin a los ataques aéreos de largo alcance por ambas partes. Sin embargo, por ahora, el autócrata ruso se niega a aceptar los términos de Ucrania y exige su absoluta rendición. Mientras tanto, los rusos de a pie empiezan a sufrir en sus carnes lo que llevan soportando los ucranianos durante más de cuatro años de invasión.

En su habitual tono directo y sin rodeos, el mandatario ucraniano resumía este lunes, desde París, donde tuvo lugar la Cumbre de la Coalición Antibalística, la agresión contra su país: «Contar con capacidades antibalísticas sólidas y suficientes es esencial para poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania». «Cuantos más medios tenga Ucrania para derribar los misiles balísticos rusos, mayores serán las posibilidades de que Putin se siente a la mesa de negociaciones, ya que su último argumento en esta guerra dejará de ser válido», auguró.