Estados Unidos ataca la línea de flotación de Cuba: pone fin al «servicio exterior» de médicos cubanos
Miles de millones de dólares recibió el Estado cubano por toda la red de contratos a nivel mundial. Altísimas ganancias, a costa de esos seres humanos que no encontraban otra alternativa que aceptar, o continuar el día a día dentro de Cuba, soportando peores condiciones de vida
Interior de un hospital en La Habana
El presidente Donald Trump ha ordenado el cierre del grifo internacional a la dictadura cubana por la prestación de servicios médicos. Por décadas, un ejército de instructores de arte, deportivos, pero sobre todo de servicios médicos –enfermeras, estomatólogos, técnicos y especialistas de salud– conformaron el frente ideológico en tantísimos países, más de 50, que pagaban las colaboraciones.
Desde siempre, la metodología represiva fue la misma. Los profesionales de la salud dentro de la Isla no tienen derecho a emigrar al estar «regulados» como política oficial. No tienen derecho a gestionar el pasaporte en las oficinas migratorias, aun cuando lleven años sin trabajar para el Ministerio de Salud. Es como una condena tácita. Una vez que se gradúan, pasan a ser propiedad de los Castro.
Los elegidos a viajar, luego de una investigación por parte de la policía política y de dar el «visto bueno», tienen que dejar a su familia detrás, parejas e hijos. Es la manera de chantajearlos para obligarlos a regresar. En dos años, que es el mínimo del tiempo para la colaboración, se malograron cientos de parejas por infidelidades desde ambas partes.
Una vez que llegan a los lugares asignados, se les retira el pasaporte por lo que se convierten en indocumentados
Una vez que llegan a los lugares asignados, se les retira el pasaporte por lo que se convierten en indocumentados. Así pueden asegurarse de evitar que escapen a terceros países. La mensualidad a recibir como salario es una cifra ínfima que apenas les alcanza para el alimento. También para impedir que puedan ahorrar y paguen a los coyotes el cruce de fronteras, y su posible instalación en países vecinos. Pero 250 dólares que reciben en la misión, es más que los 25 mensuales que ganan dentro de Cuba.
El objetivo profundo de todo contratado cubano y el más importante, es el de ser carismático y amables con los pacientes, para facilitar la manipulación y convencerlos del voto en las elecciones, a favor del partido que los había aceptado. Así podían garantizar la permanencia de los convenios, por varios años más. Algo que los partidos, en su mayoría de izquierda, lo hacían conscientes de tener entre la población a tales aliados ideológicos. Por eso los presidentes de esos países que aceptaban la colaboración, miraban hacia otra parte, con respecto a los salarios de los profesionales. Todo era beneficio, tanto la atención y aceptación social como la complicidad política e influencia en los sufragios.
Donde más se hizo esta labor fue en Venezuela. Los colaboradores cubanos comenzaron a hacer el trabajo de comisarios políticos. A los antichavistas, se les negaba la atención con la entrada a las consultas. Y cuando eran recalcitrantes, estaban obligados a delatarlos ante sus jefes de misión, los cuales avisaban a la policía secreta.
Por todas las carencias que vivían los médicos, se veían obligados a dar un esfuerzo extra, una atención más personalizada, a cambio de regalos que luego podían enviar a Cuba para ayudar a sus familiares. La corrupción tomó niveles insospechados. Piratas con patente de corso.
No obstante, la deserción ha sido masiva. Miles de médicos han abandonado las misiones para comenzar desde cero una vida nueva. Y olvidarse de Cuba y de poder ver a sus familiares, que es el castigo que reciben por desertores, por un mínimo de ocho años.
A partir de la presión internacional por «mano de obra esclava», muchos países comenzaron a rescindir los contratos. Con denuncias en foros internacionales, la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE), la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros, donde acudían esos cubanos explotados –una vez que se encontraban a salvo en países de acogida–, para denunciar y demandar a Cuba por haber sido usados como «mano de obra barata y esclava».
Miles de millones de dólares recibió el Estado cubano, por toda la red de contratos a nivel mundial. Altísimas ganancias, a costa de esos seres humanos que no encontraban otra alternativa que aceptar, o continuar el día a día dentro de Cuba, soportando peores condiciones de vida. Era algo así como mantenerte hundido en el agua hasta la entrada de la nariz, o permitirte dejar sacar la cabeza hasta la altura del cuello.
Cuba exporta sus médicos, mientras el servicio de atención de salud para los cubanos, cada vez es más difícil
Cuba exporta sus médicos, mientras el servicio de atención de salud para los cubanos, cada vez es más difícil. Con la cruzada de presión de Washington contra el régimen de La Habana, ha instado a los gobiernos a que terminen con esas «prácticas abusivas», y los insta a contratar a los médicos de manera directa, y no a través de los funcionarios del régimen.
Esta campaña contra el programa médico de La Habana, tomó mayores fuerzas apenas asumió Trump la Presidencia. El secretario de Estado Marco Rubio aseguró medidas de suspender visas a los funcionarios extranjeros que persistan en esos contratos abusivos.
El régimen no les paga a estos médicos, les quita los pasaportes y, básicamente, se trata de trabajo forzosoSecretario de Estado
En su gira por el Caribe en marzo pasado, Marco Rubio mantuvo conversaciones con los presidentes de la región, para que fueran conscientes de la complicidad de sus gobiernos con los planes de «trabajo forzoso disfrazado de ayuda humanitaria». El gobierno norteamericano no permitirá que esa práctica abusiva continúe. «El régimen no les paga a estos médicos, les quita los pasaportes y, básicamente, en muchos sentidos, se trata de trabajo forzoso», dijo Rubio al primer Ministro de Jamaica Andrew Holness.
Holness no tuvo otra opción que finalizar los convenios con la isla de los Castro, rompiendo así una colaboración de 50 años. Otros países como Guatemala, Bahamas y Honduras, hicieron lo mismo. Aunque se niegan a hacerlo Santa Lucía, Guatemala, México, Venezuela, Antigua y Barbuda, Ghana y San Vicente y las Granadinas.
Puede que muchos piensen, y así se escudan, en que el contrato de sus países a los médicos cubanos son necesarios porque salvan vidas. Como si en el mundo no existieran los suficientes médicos, y hasta en sus países propios. Lo cierto es que esos gobiernos también se benefician con los pagos, al ahorrarse una buena parte si tuvieran que pagarle a los nacionales, protegidos por los colegios médicos de sus localidades que exigen los pagos y atenciones que merecen.
Los médicos cubanos no responden a sindicatos. No van a huelga ni exigen más de lo que les toca. Trabajan más y cobran menos.
Un nuevo informe de abril pasado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) documenta denuncias que implican violaciones laborales y de derechos humanos contra el personal médico contratado.
Testimonios de 71 profesionales de la salud hacen referencia a estas constantes violaciones en condiciones «restrictivas y coercitivas»; se expone abiertamente las carentes condiciones de estos trabajadores en condición de miseria, en comparación a las altas ganancias que cobraba el Gobierno de Cuba.
Por supuesto, los funcionarios cubanos catalogan de inaceptable tales acusaciones. Mientras aseguran que las misiones son «programas voluntarios en el marco de la solidaridad internacional y la expansión del modelo socialista en el sur global».
El turismo es casi inexistente en el archipiélago cubano, acosado por enfermedades, virus, escasez alimentaria y una crisis social donde prolifera la delincuencia y la violencia.
Las exportaciones de bienes y servicios están en su escala mínima. La retirada de grandes aerolíneas, compañías hoteleras, petrolíferas y de minerales, asfixia al régimen e insta a que libere a los más de 1.200 presos políticos que, de manera pacífica, han perdido sus libertades individuales, así como que abandone de una vez el poder, después de 67 años de férrea dictadura, y permita las elecciones libres y democráticas, como demanda el pueblo de Cuba.