La guerra entre Estados Unidos e Irán amenaza con disparar los precios en España
El abaratamiento de la energía permitió a Estados Unidos registrar la mayor caída mensual de la inflación desde 2020, pero la escalada con Irán amenaza con llevar el petróleo del campo de batalla al bolsillo de los españoles
Imagen aérea del cortejo fúnebre del líder espiritual de Irán, Alí jamenei
La inflación ha dado una tregua a Estados Unidos. Puede ser muy breve. Y el último dato publicado en Washington contiene una advertencia directa para España: cuando baja la energía, los precios pueden reducirse rápidamente; cuando una guerra vuelve a disparar el petróleo, el golpe empieza en el surtidor y puede terminar en la cesta de la compra.
El Índice de Precios al Consumo (IPC) de Estados Unidos cayó un 0,4 % en junio, el mayor descenso mensual desde abril de 2020. La inflación interanual se moderó hasta el 3,5 %, frente al 4,2 % de mayo. El motivo principal fue la energía: sus precios retrocedieron un 5,7 % en un solo mes y la gasolina se abarató un 9,7 %, según la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense. Pero el dato de junio cuenta la historia de una tregua energética que puede haber terminado ya.
La guerra amenaza la tregua de la inflación
La reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán ha devuelto al petróleo al centro de la crisis. El descenso de la inflación estadounidense refleja la caída de los precios energéticos durante la breve distensión del conflicto. La vuelta de los combates en el Golfo amenaza ahora con invertir el proceso y volver a alimentar la inflación.
Tras los ataques de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero con la eliminación del entonces líder supremo Alí Jamenei, cuando empezó la guerra, los ayatolás lanzaron una operación en cinco frentes ante su inferioridad militar: atacar el estrecho de Ormuz, golpear la industria de petróleo, arremeter contra la del gas, atacar las estructuras civiles de los países del golfo Pérsico y sus centros de datos. ¿Su estrategia? Afectar a la comunidad internacional para que presionaran a Washington, y esta capital a su vez al Gobierno del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Estados Unidos sirve así como una fotografía casi perfecta de la relación entre guerra, petróleo e inflación tras los últimos datos revelados. En junio, la gasolina cayó un 9,7 % y ayudó a provocar el mayor descenso mensual del IPC en seis años. Si el crudo vuelve a subir de forma sostenida, el mecanismo puede funcionar en dirección contraria.
El problema no termina en las fronteras estadounidenses. Europa importa buena parte de la energía que consume y vuelve a enfrentarse a un shock geopolítico concentrado precisamente en el petróleo. El Banco Central Europeo (BCE) ya ha revisado al alza sus previsiones de inflación por la guerra en Oriente Medio y espera que la tasa general alcance el 3,4 % en el tercer y cuarto trimestre de 2026. La inflación energética podría llegar al 12,5 % en el tercer trimestre. Para España, la pregunta es inmediata: ¿Cuánto tarda una guerra con Irán en llegar al bolsillo?
Del Golfo Pérsico al surtidor español
La respuesta es: mucho menos de lo que parece. Los primeros en notar una subida persistente del petróleo han sido los conductores. El BCE señala que los aumentos del crudo y de los productos refinados se trasladan de forma rápida a los combustibles líquidos pagados por los consumidores. En el actual shock, concentrado especialmente en el petróleo, Fráncfort espera que la inflación energética esté impulsada principalmente por los carburantes. Gasolina y diésel son, por tanto, la primera línea del impacto.
El precio final en una gasolinera española no depende exclusivamente del barril de Brent. También influyen el euro frente al dólar, los costes de refino, la distribución, los márgenes comerciales y los impuestos. Pero una escalada sostenida del crudo empieza a presionar rápidamente el precio del combustible. Es el primer viaje del petróleo: de Oriente Medio al surtidor.
El segundo golpe llega por carretera
Después comienza un proceso menos visible. España mueve buena parte de sus mercancías por carretera. Cuando aumenta el precio del diésel, transportar alimentos, productos industriales y bienes de consumo resulta más caro. Las empresas de logística pagan más. Los distribuidores soportan costes mayores. Las aerolíneas se enfrentan a una factura de combustible más elevada.
Durante un tiempo, las compañías han podido absorber parte del golpe reduciendo sus márgenes. Pero cuando el petróleo permanece caro durante semanas o meses, aumenta la presión para trasladar el coste al consumidor.
Ahí empieza el segundo viaje del crudo. El petróleo ya no aparece únicamente en el precio marcado en una gasolinera. Se esconde en el coste de transportar una caja de tomates, refrigerar alimentos, llevar productos hasta un supermercado, entregar un paquete o fabricar y distribuir determinados bienes. El BCE ya ha contemplado que el encarecimiento energético termine trasladándose, aunque de forma gradual, a los alimentos, los bienes y los servicios.
¿Qué subiría primero en España?
El orden del impacto es relativamente claro: primero, gasolina y diésel; después, transporte, logística y aviación; y, si la guerra y el petróleo caro persisten, alimentos, bienes y determinados servicios.
La cesta de la compra no sube automáticamente porque el Brent se dispare durante varios días. La clave es la duración de la crisis.
Una subida brusca y breve puede ser parcialmente absorbida. Pero un petróleo persistentemente caro eleva simultáneamente los costes de transporte, refrigeración, procesamiento, envases y distribución. Cuantos más eslabones de la cadena pagan más por la energía, más difícil resulta evitar que una parte de la factura llegue al consumidor.
Por eso, el verdadero riesgo para España no es únicamente hasta dónde suba el petróleo por la guerra con Irán. Es cuánto tiempo permanece caro. En los últimos meses, hemos visto que los mercados han reaccionado de forma positiva a los anuncios de tregua y reapertura del estrecho de Ormuz. Mientras, han subido los precios cada vez que se reanudaban los bombardeos y sobre todo cuando se han atacado cargueros en su intento de atravesar por este punto estratégico vital para los mercados energéticos.
EEUU enseña a Europa lo rápido que puede cambiar la inflación
El dato estadounidense de junio demuestra hasta qué punto la energía puede cambiar la inflación en apenas un mes. Estados Unidos pasó de una subida mensual del IPC del 0,5 % en mayo a una caída del 0,4 % en junio. La energía, que había aumentado durante los tres meses anteriores, se desplomó un 5,7 % y fue el principal factor detrás del descenso general de los precios.
Pero la inflación es una fotografía del pasado reciente. El dato publicado por Estados Unidos a mediados de julio explica lo que ocurrió cuando la energía se abarató. No recoge todavía plenamente el riesgo de una nueva escalada del petróleo provocada por el regreso de la guerra.
España y Europa observan ahora el mismo mercado energético desde el otro lado del Atlántico. Si el crudo continúa subiendo, el recorrido del impacto será previsible: del Golfo Pérsico a las gasolineras españolas; de los surtidores a los camiones; de los camiones a las empresas y, finalmente, de los costes empresariales al precio que paga el consumidor.
La guerra con Irán puede estar a miles de kilómetros de España. Su factura, sin embargo, puede terminar mucho más cerca. En el surtidor primero. Y, si el conflicto se prolonga, también en el supermercado.