Donald Trump y Keiko Fujimori: el principio de una nueva amistad y la suma de Perú al Escudo de las Américas
Perú se suma al bloque de Trump, que ha puesto sus ojos más allá del río Potomac y entiende que América es un continente que debe estar unido e identificarse con los criterios e intereses del republicano
La presidenta de Perú Keiko Fujimori y el presidente de Estados Unidos Donald Trump
La mujer que a la cuarta intentona ha logrado convertirse en presidente de Perú no es aquella aprendiz de político que, siendo una adolescente, acompañaba a su padre en los viajes oficiales y ejercía –como hizo en Argentina Carlos Menem con Zulemita– de primera dama. La hija de Alberto Fujimori llega al poder 20 años después de que «el chino», como se presentaba en campaña el expresidente, lo dejara y apenas año y medio después de su muerte.
Keiko Fujimori, aparte de sus estudios internacionales (Administración de Empresa en Boston y un MBA en Columbia), ha tenido dos décadas para curtirse en la cosa pública. Lo ha hecho en tiempos turbulentos, con cambios de presidentes de forma espasmódica –varios por intervenciones interesadas suyas– y con un Perú inestable en caída libre.
El único país que llegó a tener presos a la totalidad de los expresidentes vivos –más Alan García suicidado– como efecto del escándalo Odebrecht comienza ahora una nueva etapa con visos de ser más prometedora que todos los experimentos de los últimos años. Dicho de otro modo, Perú tiene otra oportunidad.
La investidura de Keiko Fujimori el pasado martes supone un nuevo amanecer –a la derecha– para Perú, aunque no está exento de nubarrones y tormentas, en esta legislatura donde se recupera el Senado, institución dinamitada por su padre en el histórico autogolpe del 5 de abril de 1992.
El nuevo Perú llega predispuesto a abrirle los brazos a la Casa Blanca. En este segundo periodo, Donald Trump ha puesto sus ojos más allá del río Potomac y entiende que América es un continente que debe estar unido e identificarse con los criterios e intereses del republicano.
La pérdida de influencia de Estados Unidos en «el patio trasero» durante estos años se ha traducido en un avance silencioso, pero firme de China, el narcotráfico y organizaciones terroristas que encontraban terreno abonado en territorios sin ley o con la ley del narco y la corrupción por bandera. Mención aparte, aunque estrechamente ligadas, son las tres dictaduras de la región que, cada una a su manera, aún subsisten: Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Trump, con todas sus excentricidades y laxitud de opinión, tiene algunos objetivos claros y alinear y «desintoxicar» el continente es uno de ellos. El Escudo de las Américas es la expresión concreta de por dónde van los tiros. Dicho a modo de George Bush, los vecinos del sur deciden si están con él o contra él y, naturalmente, ganan los que quieren ser sus aliados.
Keiko lo ha dejado claro desde el minuto uno de su investidura y Perú, que estaba en la cuerda floja para caer a un lado u otro de la red en función de las elecciones –lo mismo le sucedía a Chile–, ya ha elegido la compañía que quiere: a Donald Trump y estar dentro de El Escudo de las Américas.
Keiko Fujimori es la novena presidente en apenas una década, tras vencer en balotaje a Roberto Sánchez, testaferro político de Pedro Castillo (también entre rejas), por una diferencia de apenas 50.000 votos. En su discurso de investidura del martes anunció que gobernará manu militari.
«Durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control interno» hasta «devolver esos territorios a los ciudadanos», proclamó la presidente para alivio de buena parte de la sociedad y preocupación de otra que teme que se repita la historia y pueda surgir otra versión de Vladimiro Montesinos con la consiguiente corrupción en la cúpula militar.
Pero son tiempos nuevos y en este ciclo del siglo XXI la Fujimori mujer jamás se animaría a hacer algo parecido a lo que hizo su padre. No cree en ello ni le hace falta.
La inseguridad es la principal preocupación de la sociedad peruana. En Perú, los homicidios pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025 y las denuncias por extorsión, de 3.200 a 26.500. Si Keiko consigue que los ciudadanos puedan volver a salir a la calle sin miedo ni temor a tener que pagar «peajes» a las organizaciones criminales, tendrá un futuro soñado.
La reelección no puede ser inmediata; hace falta un periodo intermedio, y ahí volvería a tener otra oportunidad, pero antes tiene que cumplir y, de paso, hacer que la economía recupere el brío perdido. Fujimori cuenta con mayoría propia en el Congreso, pero no absoluta, y eso puede ser un problema.
La presidente, a diferencia de su padre, que nació en Japón, es peruana de cuna y estadounidense de formación; además de haber estado casada con el estadounidense Mark Vito Villanella, padre de sus hijas Kiara Sofía y Kaori Marcela, coincide ideológicamente con el presidente de Estados Unidos.
Donald Trump, hasta ahora, no le había prestado demasiada atención, pero las cosas van a empezar a cambiar por razones de seguridad hemisférica y de negocios, en el fondo, la palabra favorita del republicano, muy por encima de la de aranceles.