Avigdor Liberman, miembro del Knesset de Israel
Entrevista
Avigdor Liberman: «Israel olvidó los objetivos del islam radical y pagamos un precio histórico»
El líder de «Israel Beiteinu» opina que «Sánchez premia al terrorismo sin exigir el desarme de Hamás ni garantías de seguridad para Israel»
Avigdor Liberman es uno de los más duros críticos del gobierno de Netanyahu y seguro integrante del futuro gabinete si triunfa la coalición opositora en octubre, como indican todas las encuestas. Es el líder del partido nacionalista laico «Israel Beiteinu» (Israel Nuestro Hogar). Oriundo de la desaparecida URSS, inicialmente su movimiento estaba dirigido a los inmigrantes, pero hace años es un partido clave del sistema político, abarcando al conjunto del electorado.
En diálogo con El Debate Liberman aborda las lecciones aprendidas tras el ataque del 7 de octubre, sus expectativas sobre las próximas elecciones en Israel y los retos en materia de Defensa ante la amenaza nuclear de Irán.
–Casi tres años después del 7 de octubre, ¿cuál fue la principal lección de aquella tragedia?
–La lección central es que Israel no puede permitirse vivir bajo ilusiones estratégicas. Durante años, distintos gobiernos creyeron que Hamás podía ser contenido mediante incentivos económicos, acuerdos temporales y respuestas limitadas. El 7 de octubre demostró que los enemigos de Israel interpretan la moderación como debilidad, cuando no está respaldada por una capacidad de disuasión contundente. El fracaso no fue únicamente militar o de inteligencia; fue conceptual. El Estado dejó de comprender las verdaderas intenciones del islam radical y terminamos pagando un precio histórico.
–Usted sostiene que Netanyahu ya no puede liderar el país. ¿Por qué?
–La discusión no debe centrarse en la trayectoria personal de Netanyahu, sino en la responsabilidad política. Ningún líder puede permanecer ajeno a las consecuencias del mayor fracaso de seguridad en la historia de Israel. La prolongación de la crisis política ha debilitado la confianza pública y profundizado las divisiones internas. Necesitamos una nueva generación de dirigentes capaces de reconstruir las instituciones y tomar decisiones estratégicas, sin estar condicionados por cálculos egoístas de supervivencia política personal.
–Sus críticas a los partidos jaredim (ultraortodoxos) son duras y constantes. ¿Cuál el problema principal?
–Israel es un estado judío y democrático, no teocrático como Irán o Arabia Saudí. Cada ciudadano es libre de practicar la religión judía –u otra– según el modo que decida, incluso no practicarla. El problema no es la religión, sino la utilización política de la religión.
El problema no es la religión, sino la utilización política de la religión
Durante décadas se consolidó un sistema en el que ciertos partidos transformaron su poder parlamentario en una herramienta para lograr exenciones militares, transferencias presupuestarias y privilegios que ningún otro sector social posee. La situación se volvió moralmente insostenible después de la guerra. Mientras cientos de miles de reservistas fueron movilizados durante largos períodos, decenas de miles de jóvenes se excluyeron del esfuerzo nacional. Ningún Estado puede exigir sacrificios extraordinarios a una parte de la población mientras permite que otra permanezca al margen de las obligaciones comunes.
Los dirigentes jaredim radicales defienden una visión que debilita la unidad nacional, y no tiene ningún fundamento en el judaísmo. Es una excusa lamentable. Hasta el rey David salía a combatir junto al pueblo. Ellos han creado una política basada en la dependencia económica, la resistencia a la integración laboral y el rechazo al servicio militar. Se trata de una amenaza estratégica de largo plazo, porque erosiona tanto la capacidad defensiva como la producción del país.
–¿Cómo evalúa la situación del Tzahal (Fuerzas de Defensa de Israel) en este momento?
–Hay que diferenciar entre la dirigencia política y el ejército. Los soldados, reservistas y comandantes demostraron una capacidad de sacrificio excepcional. Sin embargo, el sistema de defensa necesita reformas profundas. Entre ellas el fortalecimiento de las fuerzas terrestres, una mayor inversión en inteligencia, la preparación permanente y ampliar su base de reclutamiento. Israel no puede seguir dependiendo de una minoría para sostener todo el peso de la defensa nacional.
–Usted insiste en que Irán sigue siendo la principal amenaza. ¿Por qué?
–Hamás, Hezbolá y los hutíes son diferentes brazos de una misma estrategia dirigida desde Teherán. El régimen iraní busca desgastar a Israel mediante una guerra prolongada de múltiples frentes, evitando una confrontación directa porque sabe, a pesar de sus fanfarroneadas, que podemos destruirlos.
El régimen iraní evita una confrontación directa porque sabe, a pesar de sus fanfarroneadas, que podemos destruirlos
Cualquier análisis que se limite a Gaza o al Líbano resulta incompleto. La cuestión central continúa siendo el programa nuclear y la capacidad iraní para financiar y coordinar organizaciones terroristas. Mientras esa infraestructura permanezca intacta, la estabilidad seguirá siendo frágil.
–¿Cómo imagina la relación entre Israel y Estados Unidos en los próximos años?
– La alianza con Estados Unidos constituye un activo estratégico irremplazable. Sin embargo, Israel debe evitar convertirse en una cuestión partidista dentro de la política estadounidense. El consenso bipartidista tradicional debe mantenerse y debemos trabajar simultáneamente con republicanos y demócratas. También hay que hacer una fuerte campaña de esclarecimiento para recuperar el tradicional apoyo del público americano. La cooperación militar y de inteligencia con Washington seguirá siendo un componente esencial de la seguridad israelí.
¿Qué opina de la actual política del Gobierno español respecto a Israel?
–El gobierno español es el principal promotor de una campaña diplomática contra Israel en Europa. Sánchez premia al terrorismo sin exigir el desarme de Hamás ni garantías de seguridad para Israel.
Sánchez premia al terrorismo sin exigir el desarme de Hamás ni garantías de seguridad para Israel
Su política exterior está guiada por intereses políticos internos y su alianza con la izquierda radical, más que por un análisis objetivo. Se nota además una antipatía personal. Su retiro de Eurovisión por nuestra participación fue algo tan ridículo que se comenta por si mismo. Confío que las relaciones volverán a la normalidad tras las elecciones, como ocurrió ahora con Chile y Colombia.
–¿Cómo definiría el ataque jaredi a un café el pasado sábado en Jerusalén?
–Bueno, yo fui personalmente al lugar después de que manifestantes jaredim protestaran contra el café abierto durante Shabat. Tomar una taza de café un sábado por la mañana no puede convertirse en un acto de heroísmo. Como usted sabe yo defiendo la libertad de los ciudadanos laicos para vivir según sus convicciones. Nadie puede imponer normas religiosas al conjunto de la sociedad. Israel debe seguir siendo un Estado judío, pero también liberal y democrático. Los jaredim no pueden imponer por la fuerza su visión a la mayoría. Vamos a terminar con esos privilegios y presiones.
–¿Qué reformas económicas considera prioritarias?
–Israel no podrá sostener un gasto militar creciente si una parte importante de la población permanece fuera del mercado laboral. Hay que aumentar las tasas de empleo, fortalecer la educación tecnológica, reducir subsidios que fomentan la dependencia y mejorar la productividad. La fortaleza económica es una condición indispensable para la fortaleza militar. Ambas dimensiones forman parte de una misma realidad estratégica.
–Finalmente, ¿cómo ve a Israel en la próxima década?
–Como un Estado más cohesionado, menos dependiente de partidos sectoriales y más enfocado en el interés nacional. Una sociedad en la que todos los ciudadanos compartan tanto derechos como obligaciones fundamentales; donde el servicio militar o nacional sea una responsabilidad común; donde la economía esté impulsada por la innovación y el trabajo productivo; y donde las decisiones estratégicas no dependan del chantaje de pequeños grupos de presión.
Israel no podrá enfrentar los desafíos externos si antes no resuelve sus desequilibrios internos. La seguridad, la economía, la integración social y la gobernabilidad forman parte de una sola batalla por un futuro mejor. Y estoy seguro que lo lograremos.