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CrónicaDaniela Brik

Netanyahu se juega su futuro en las primeras elecciones tras el 7 de octubre

La verdadera batalla empezará al día siguiente de votar, cuando los partidos intenten construir una mayoría parlamentaria. ¿Habrá un alternativa sólida a Netanyahu? Esa será la gran pregunta

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una rueda de prensa en JerusalénAFP

Israel afronta en octubre unos comicios trascendentales que medirán el respaldo al primer ministro, Benjamín Netanyahu, quien ha completado su primera legislatura íntegra desde 1988. Las urnas serán también un barómetro de la fortaleza del bloque político más derechista que ha gobernado el país durante uno de los períodos de mayor convulsión de su historia reciente.

La Knéset (Parlamento israelí) ha sido disuelta recientemente y las elecciones fijadas para el 27 de octubre, la última fecha prevista por la ley para celebrar unos comicios ordinarios. Israel entra oficialmente en campaña.

El mayor examen político de su carrera

Con más de 18 años acumulados en el cargo a lo largo de tres etapas distintas, Netanyahu se enfrenta probablemente a la cita electoral más decisiva de su larga trayectoria política, después de haber logrado completar contra todo pronóstico su primera legislatura íntegra.

Y es que apenas unos meses después de las elecciones legislativas de noviembre de 2022, cientos de miles de israelíes se echaron a las calles para protestar contra la reforma judicial promovida por su Gobierno. A aquella crisis institucional que amenazaba con seccionar el país, siguieron los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 con la mayor captura de rehenes incluida, la guerra más larga de Israel en décadas y las constantes tensiones de una coalición integrada por el Likud, partidos ultraortodoxos y otras formaciones nacionalistas judías.

Por primera vez desde el 7 de octubre, los israelíes tendrán la oportunidad de expresar en las urnas su valoración política de ese y otros acontecimientos. No sólo juzgarán la gestión militar del Gobierno, sino que se pronunciarán sobre el rumbo político de un país profundamente transformado por una guerra en varios frentes y la movilización constante de reservistas, las divisiones internas, el repunte de la criminalidad en algunos sectores y el desgaste institucional.

La campaña estará inevitablemente condicionada por las consecuencias de la guerra en Gaza, Líbano e Irán, pero también por el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Tribunal Supremo, y la creciente polarización política que ha jalonado toda la legislatura.

Israel llega a estas elecciones con 10,18 millones de habitantes y un censo previsto de algo más de siete millones de electores. Los comicios se celebran, además, tras dos años consecutivos con los mayores saldos migratorios negativos de las últimas décadas, según la Oficina Central de Estadísticas (CBS). Aunque la última cifra oficial sobre israelíes residentes en el extranjero corresponde a 2021, diversas estimaciones demográficas sitúan ya esa población por encima de las 700.000 personas.

La trascendencia de la cita ha llevado incluso a muchos israelíes residentes en el extranjero a plantearse regresar expresamente para votar, ya que no pueden hacerlo desde el exterior. En este contexto, han surgido iniciativas como Fly&Vote, impulsada por la organización AID Coalition, para ayudar a financiar y coordinar los viajes de los expatriados. Miles ya se han inscrito y las reservas de vuelos hacia Israel para la semana de los comicios han aumentado de forma considerable.

Con todo, reducir las elecciones a un referéndum sobre Netanyahu sería simplificar un escenario mucho más complejo. Y es que en un sistema parlamentario tan atomizado como el israelí y de una única circunscripción, los comicios son el punto de partida. Quien logra formar una coalición robusta y superar la barrera de los 61 escaños (de un Legislativo compuesto por 120) será el que consiga gobernar, ya que los gobiernos en minoría no tienen apenas oportunidad de sobrevivir.

En ese sentido, también estará en juego la continuidad del bloque que ha dirigido Israel durante esta legislatura y el equilibrio de una coalición construida sobre la base del conservador Likud, donde Netanyahu tiene un rol central, y el apoyo de los partidos ultraortodoxos y sus socios de la derecha nacionalista.

La reciente aprobación de varias leyes impulsadas por la coalición antes de la disolución de la Knéset –entre ellas, una que congela el arresto de ultraortodoxos que eluden el servicio militar y reformas para restringir poderes de la fiscal general y el sistema audiovisual– pone de manifiesto hasta qué punto Netanyahu ha buscado consolidar el respaldo de sus aliados antes de acudir a las urnas.

Pese al desgaste acumulado, pocos dirigentes han demostrado una capacidad de supervivencia política comparable a la de Netanyahu. Tras casi tres décadas dominando la política israelí, sigue siendo un adversario al que nadie da por derrotado de antemano.

Por otra parte, Israel continúa siendo una sociedad donde las cuestiones de seguridad siguen centrando buena parte del debate político y desde hace dos décadas el desplazamiento hacia la derecha parece haberse convertido en una tendencia estructural.

Según el Israel Democracy Index 2025, del Israel Democracy Institute (IDI), el 64% de los judíos israelíes se identifica con la derecha. Un sondeo reciente del instituto demoscópico Midgam, difundido por Canal 12 de la televisión israelí, sitúa en torno al 75% el apoyo a partidos de ese bloque entre los nuevos votantes de 18 a 22 años, un indicio de que el relevo generacional podría reforzar aún más esa mayoría.

Eisenkot, la gran novedad de la campaña

La principal sorpresa de las últimas semanas tiene nombre propio: Gadi Eisenkot. El exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí (2015-2019) y considerado durante años una de las figuras militares de mayor prestigio del país, ha irrumpido con fuerza en la carrera electoral tras lanzar su formación Yashar (íntegro o recto, en hebreo).

De perfil sobrio, alejado de la retórica partidista y con una imagen asociada al consenso y a la seguridad nacional, Eisenkot aspira a atraer tanto al electorado centrista como a votantes moderados desencantados con el Likud.

Bennett y Lapid seguirán siendo actores decisivos en cualquier negociación para formar gobierno

Su ascenso ha alterado un tablero político que hasta hace poco parecía girar en torno al eventual regreso de Naftali Bennett, exprimer ministro entre 2021 y 2022, mientras Yair Lapid –quien fue socio en su Gobierno– continúa siendo una figura clave dentro del bloque alternativo. Aunque el protagonismo mediático se haya desplazado hacia Eisenkot, tanto Bennett como Lapid seguirán siendo actores decisivos en cualquier negociación para formar gobierno.

Las primeras encuestas publicadas por los medios audiovisuales Kan, Canal 13 y el agregador de sondeos del digital Globes coinciden en reflejar esa tendencia. Algunos estudios sitúan incluso a Eisenkot ligeramente por delante del Likud en intención de voto, mientras otros muestran un empate técnico entre ambos.

Pero, más allá de las diferencias de los resultados y de que aún queda campaña por delante en un país donde cada acontecimiento geopolítico o interno puede alterar las expectativas electorales, queda patente que la irrupción del exgeneral ha movido el suelo y convertido en menos previsible una contienda que hoy parece mucho más abierta.

La verdadera batalla, después de las urnas

Como recordó el profesor Ofer Kenig, investigador principal del Israel Democracy Institute, en una reciente sesión informativa, en Israel ganar las elecciones no supone gobernar: «No gobierna necesariamente quien obtiene más escaños, sino quien tiene mayores posibilidades de formar una coalición».

Tras conocerse los resultados, será el presidente del Estado, Isaac Herzog, quien consulte a los partidos representados en la Knéset antes de encargar la formación de gobierno al dirigente con más opciones de reunir una mayoría parlamentaria.

Kenig introduce además otro elemento de reflexión respecto al lapso de tiempo que resta hasta la apertura de urnas en una región especialmente volátil y donde los tambores de guerra no parecen cesar nunca.

Aunque durante el período de gobierno en funciones las instituciones deberían actuar con mayor contención, considera que «las normas y convenciones políticas que durante años sostuvieron la democracia israelí son hoy mucho más frágiles».

Un veredicto sobre toda una etapa política

Israel se encamina hacia unas elecciones legislativas que marcarán el primer gran examen político de la era posterior al 7 de octubre. Durante casi tres años el liderazgo de Netanyahu se ha medido principalmente en el campo de batalla.

El 27 de octubre comenzará a medirse también en las urnas. Pero, como tantas otras veces en la política israelí, el resultado electoral será solo el primer acto. La verdadera batalla empezará al día siguiente, cuando los partidos intenten construir una mayoría parlamentaria. ¿Habrá un alternativa sólida a Netanyahu?, esa será la gran pregunta.