Se consuma el naufragio del socialismo bipartidista alemán
La Alternativa por Alemania (AfD) es segura ganadora de las elecciones del 6 de septiembre en el estado de Sajonia-Anhalt y cada día se hace más probable una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario
En este mes de agosto, la angustia y el nerviosismo han pasado a ser conmoción e histeria en los cuarteles generales de los partidos del gobierno federal alemán, la Unión Democristiana (CDU/CSU) del canciller Friedrich Merz y el Partido Socialdemócrata (SPD) del vicecanciller Lars Klingbeil. Sus valores en los sondeos se hunden literalmente y los líderes de CDU y SPD muestran una patética impotencia para frenar el naufragio.
A dos semanas de las elecciones en el estado de Sajonia-Anhalt, el 6 de septiembre se anuncia una catástrofe para ambos partidos. Y con ella un cataclismo para el sistema político alemán. La Alternativa por Alemania (AfD), ese partido que surgió como respuesta a la cada vez mayor deriva hacia la izquierda de la CDU, es segura ganadora de las elecciones y cada día se hace más probable una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario.
Eso podría llevar a la caída del gobierno federal, incluso a una fractura de la CDU entre los partidarios de seguir abrazados a la izquierda y quienes quieren formar de una vez la mayoría natural conservadora que hoy entre AfD y CDU contaría con una amplia mayoría de gobierno.
Con este resultado histórico de incalculables consecuencias para toda Europa, se hunde toda la estrategia de los viejos partidos del sistema alemán de marginar, perseguir, acosar, criminalizar y reprimir a la AfD como «ultraderechista», «fascista» o hasta «nazi». Callar la boca al prójimo e intentar descalificar verdades con el epíteto de nazi o fascista es algo que ha hecho la izquierda siempre en todos los países europeos, quizás donde más en Alemania y España.
En los pasados lustros, con el surgimiento de alternativas fuertes realmente conservadoras en su programa y sus fundamentos y la paralela deriva izquierdista de los partidos de centroderecha, estos se unieron a esa forma de negar el debate y demonizar a las únicas fuerzas que plantean alternativas a unas políticas socialdemócratas, altamente ideologizadas por el «climatismo» y el wokismo. Pero la diferencia entre la realidad y el discurso socialdemócrata es ya tan colosal que estos mecanismos de intimidación han dejado de funcionar.
Todo indica que en Alemania estamos ante el fin de una era
Todo indica que en Alemania estamos ante el fin de una era y que se hunde para siempre la capacidad de la izquierda de imponer su hegemonía cultural y política, gobernara quien gobernara. Se vio en la entrevista política concedida por Klingbeil el miércoles, en la que, a juicio de propios y extraños, solo farfulló palabrería inane, incapaz ya siquiera de formular alguna hipotética reacción ante el hundimiento. A Friedrich Merz no le ha ido mejor en sus últimas comparecencias y está ya claro que ha sido arrollado por su propia falta de honradez al traicionar todas y cada una de sus promesas electorales.
La quiebra total del proyecto socialdemócrata de CDU/SPD es irreversible. Aún más espectacular síntoma incuestionable de quiebra, si cabe, es la noticia que saltó el miércoles y aún mantiene estupefacta a la cúpula de la CDU. Un alcalde de la CDU de una pequeña localidad de Sajonia-Anhalt y representante de la CDU en su distrito ha anunciado en una carta que él es el misterioso miembro de la CDU que es generoso donante para la campaña del candidato de la AfD a la presidencia del estado federado, Ulrich Siegmund.
En la carta, Bernd Prange, alcalde y miembro de la CDU «desde siempre», proclama que ha dado no una donación de 5.000 sino dos a la campaña de la AfD, que piensa votar por la AfD en las elecciones del día 6 de septiembre para ver si la CDU despierta de una vez y deja de hacer alianzas con la izquierda y las hace con la derecha. Prange llama a todos los votantes de la CDU a votar a la AfD para que una mayoría absoluta contundente en Sajonia-Anhalt haga primero caer a Friedrich Merz, al que descalifica duramente, y traiga una renovación de la CDU como fuerza conservadora. Ya nada sale bien cuando se está en caída libre como esta última alianza del bipartidismo, la célebre «große Koalition» que ya no tiene nada de grande; cada día es más pequeña en cuanto a apoyo y se jibariza día a día.
El SPD, que podría caer a cifras de un dígito en toda Alemania, y la CDU por debajo de su mínimo histórico del 19 %, suelo que alcanzó tras irse Angela Merkel, una de las grandes culpables de la deriva izquierdista de todo el espectro político tradicional alemán.
Frente al éxito de la AfD los demás partidos muestran su impotencia volcados en el debate de cómo prohibir al partido con diferencia mayoritario
Frente al éxito de la AfD, que lleva en su programa mejor definidos y adaptados al momento todos los puntos que eran programáticos en la CDU hace tres décadas, como la defensa de las fronteras, de la seguridad, de la familia, de la libertad religiosa, la libertad de expresión, el fomento del empresariado y la bajada de impuestos, los demás partidos muestran su impotencia, volcados en el debate de cómo prohibir al partido con diferencia mayoritario, al que vota ya un tercio de todos los alemanes y que en algunos estados va a conseguir muy pronto la mayoría absoluta, como es Sajonia-Anhalt, pero también Mecklemburgo-Antepomerania un par de semanas después.
Los partidos del sistema, minoritarios y algunos ya ridículos en su falta de apoyo, pretenden criminalizar al partido de la mayoría alemana solo para conservar primero sus privilegios y después un derecho de admisión según el cual, la experiencia nos lo muestra, han sido marginados y perseguidos el sentido común, la libertad de expresión y, ante todo, la verdad sobre una Alemania en rápido naufragio por daños autoinfligidos. Eso se ha acabado. En septiembre quedará muy claro que la única forma ya de impedir que los alemanes sean gobernados por fuerzas conservadoras, patriotas y nacionales es una dictadura.