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AnálisisZoé Valdés

Elecciones presidenciales en Francia: una carrera abierta para suceder a Emmanuel Macron

La campaña de 2027 promete centrarse en varios temas decisivos: el crecimiento económico, la inflación, la inmigración-invasión, la seguridad, el papel de Francia dentro de la Unión Europea, la política exterior y la transición energética

El presidente francés, Emmanuel Macron, en el ElíseoAFP

Las elecciones presidenciales francesas de 2027 serán unas de las más importantes de las últimas décadas. Por primera vez desde 2017, el presidente Emmanuel Macron no podrá presentarse a un nuevo mandato consecutivo debido al límite constitucional de dos mandatos seguidos. Esta situación abre un escenario político muy competitivo, con candidatos procedentes de la derecha acomplejada, la derecha patriótica, el centro-cobardón, la islamo-izquierda y los movimientos ecologistas-jetas compitiendo por liderar la segunda economía de la Unión Europea. Según el calendario previsto, la primera vuelta tendrá lugar el 18 de abril de 2027 y la segunda el 2 de mayo de 2027.

La ausencia de Macron ha provocado una reorganización completa del panorama político francés. Mientras algunos partidos buscan consolidar sus posiciones tradicionales, otros intentan aprovechar el desgaste de las fuerzas existentes y el descontento de parte del electorado ante cuestiones como el poder adquisitivo, la inmigración, la seguridad, la transición energética o el papel de Francia en Europa.

Entre los nombres más destacados figura Marine Le Pen (probable ganadora, si es que se lo permiten), líder histórica del Rassemblement National (RN, Reagrupación Nacional). Tras haber alcanzado la segunda vuelta en 2017 y 2022, Le Pen aspira nuevamente a la Presidencia y sigue siendo una de las figuras más influyentes de la política francesa. Diversos análisis la sitúan como una de las favoritas para superar la primera vuelta, gracias a una base electoral consolidada y al crecimiento de la derecha patriótica en los últimos años.

Dentro del mismo espacio político también destaca Jordan Bardella, presidente del RN y una de las figuras emergentes de la política francesa. Aunque la candidatura principal del partido parece orientada hacia Le Pen, Bardella continúa siendo una figura clave y ha sido considerado en distintos momentos como una alternativa potencial.

En el bloque centrista aparece Édouard Philippe, antiguo primer ministro de Emmanuel Macron y líder del partido Horizons. Philippe anunció hace tiempo su intención de competir por la Presidencia y muchos observadores lo consideran uno de los candidatos más sólidos del espacio moderado (hacia la izquierda) y liberal. Su perfil combina experiencia de gobierno, una imagen de gestión pragmática y una posición favorable a la integración europea; o sea, Agenda 2030 a pulso.

Otra figura relevante del centro es Gabriel Attal, ex primer ministro y dirigente del partido Renaissance. Representa la renovación generacional del macronismo y busca atraer tanto a votantes moderados como a sectores de centro-derecha. Su juventud y notoriedad mediática lo convierten en uno de los nombres más observados por los analistas políticos. En una época tuvo posibilidades, porque se recostaba más hacia la derecha, pero ya ha perdido mucho de su élan vital.

En la derecha tradicional destacan varios posibles aspirantes. Entre ellos se encuentra Bruno Retailleau, figura destacada de Los Republicanos, que defiende una línea conservadora centrada en la autoridad del Estado, el control migratorio y el equilibrio presupuestario. A mi juicio sería un bien presidente, pero los mismos suyos no simpatizan tanto con él. Continúan apareciendo, como posibles candidatos personalidades como Éric Zemmour, líder de Reconquête!, que ya participó en las elecciones de 2022 y mantiene una presencia significativa en el debate público francés. Su segunda Sarah Knafo, también tendría posibilidades. Ambos forman parte de la élite intelectual francesa de derechas, ambos son brillantes.

En la izquierda, el nombre más conocido es el comunista aspirante a ser el Hugo Chávez de Francia –dicho por él mismo–, Jean-Luc Mélenchon. Fundador de La France Insoumise, Mélenchon ha sido candidato presidencial en varias ocasiones y continúa defendiendo un programa basado en la justicia social, la redistribución económica y una profunda reforma institucional. Aunque su figura genera división, conserva una importante capacidad de movilización entre los votantes progresistas.

Junto a Mélenchon aparecen otros perfiles de izquierda como François Ruffin, diputado y antiguo aliado de La France Insoumise, que intenta construir una alternativa más centrada en las clases trabajadoras y los territorios periféricos. Asimismo, el socialista Raphaël Glucksmann –con menos carisma que un chayote– ha ganado protagonismo gracias a su perfil europeísta y reformista, convirtiéndose en una de las opciones más competitivas dentro de la izquierda moderada –lo que es un oxímoron.

El movimiento ecologista también quiere desempeñar un papel importante en 2027. Marine Tondelier –la madre de los chayotes–, líder de Los Ecologistas, ha expresado su voluntad de convertir la lucha contra el cambio climático en uno de los ejes centrales de la campaña presidencial. Su desafío será ampliar el apoyo ecologista más allá de los votantes tradicionales de este sector. Y empezó a hacer campaña embarazada, lo que seguramente le dará alguna ventaja; no entre los invasores.

Además de estos candidatos principales, existen otros aspirantes declarados o potenciales como Nathalie Arthaud (Lutte Ouvrière), François Asselineau (UPR), Delphine Batho (Génération Écologie), Nicolas Dupont-Aignan, Fabien Roussel o incluso figuras políticas experimentadas como Dominique de Villepin y François Hollande, cuyos nombres aparecen regularmente en las especulaciones sobre la carrera presidencial. Menos François Hollande –Monsieur Flamby– y Dominique de Villepin –le raté de la famille– y Nicolas Dupont-Aignan, todos más perdidos que pedo en un baile.

La campaña de 2027 promete centrarse en varios temas decisivos: el crecimiento económico, la inflación, la inmigración-invasión, la seguridad, el papel de Francia dentro de la Unión Europea, la política exterior y la transición energética. También será una prueba para medir el impacto del relevo generacional en la política francesa y la capacidad de los partidos tradicionales para adaptarse a un entorno cada vez más fragmentado.

Aunque todavía faltan meses para la celebración de la primera vuelta y la lista definitiva de candidatos debe ser validada oficialmente mediante el sistema de avales de cargos electos, una cosa parece clara: Francia se dirige hacia unas elecciones especialmente abiertas e impredecibles, que pudieran naufragar en la truculencia ambiental. La ausencia de Emmanuel Macron garantiza una competición sin un presidente saliente como favorito natural, lo que convierte la elección presidencial de 2027 en una de las más inciertas y decisivas de la historia reciente del país. Aunque ya se está observando a la izquierda maniobrar, y cuando la izquierda maniobra, caen cabezas, y no siempre las que debieran caer.