Éric Zemmour, líder de Reconquista
Entrevista al líder del partido francés Reconquista
Éric Zemmour: «Europa está asediada e invadida por el islam y destruida desde dentro por el 'wokismo'»
El político presenta en Madrid su nuevo libro Occidente bien vale una misa (La Esfera de los Libros), en el que aboga por una resurrección identitaria y religiosa de Occidente en torno a sus raíces judeocristianas
Éric Zemmour (Montreuil, 67 años) es un periodista curtido en mil batallas como comentarista en los medios franceses. En 2021 decidió dar el gran salto a la arena política y fundó el partido Reconquista, que pretende ocupar el espacio político a la derecha de la formación de su mayor rival, Agrupación Nacional (RN), de Marine Le Pen. En las elecciones presidenciales de 2022 se presentó como candidato por Reconquista y se alzó hasta la cuarta posición, acumulando casi dos millones y medio de votos. A tan solo un año de los próximos comicios, Zemmour se niega a desvelar, en entrevista con El Debate, si volverá a postularse para la Presidencia de la República en 2027. «No voy a presentar mi candidatura en España», zanja.
El político presenta en Madrid su nuevo libro Occidente bien vale una misa (La Esfera de los Libros), en el que explica que la decadencia europea y occidental no es solo una cuestión demográfica, militar o industrial, sino que es, ante todo, una cuestión filosófica. Aboga por una resurrección identitaria y religiosa de Occidente en torno a sus raíces judeocristianas. El líder de Reconquista, muy polémico en su país por abrazar la teoría del gran reemplazo, denuncia una «invasión musulmana» y defiende fervientemente la necesidad de acabar con la inmigración descontrolada que llega a Europa.
–En su libro habla de la necesidad de defender la laicidad de Francia para defender su cristiandad ¿cómo explica esta aparente paradoja?
–No defiendo la laicidad, explico que la laicidad, al estilo francés, es la separación entre lo espiritual y lo temporal, y eso es una invención del catolicismo. No existe en otras religiones. Ni en el judaísmo, ni en el islam, ni en las religiones antiguas, especialmente en el islam. El cristianismo inventa esa separación. A partir de ahí, junto con el hecho de que la religión cristiana se basa en la fe, permitió la invención del individuo libre, que es una creación del Occidente cristiano. Con el paso de los siglos, ese individuo libre, forjado por la civilización cristiana, se volvió contra la Iglesia y contra el cristianismo, reclamando incluso la libertad respecto a la religión, Dios y la Iglesia. Ahí es donde la laicidad se volvió contra la Iglesia, con la separación entre Iglesia y Estado y el confinamiento de la religión al ámbito privado.
Hoy se nos dice, especialmente en Francia, que la laicidad consiste únicamente en la libertad religiosa. Pero no es solo eso. La libertad religiosa existía antes de la laicidad. Por tanto, la laicidad debe combatir cualquier religión que niegue la separación entre poderes. Lo hizo contra el judaísmo, el protestantismo y la propia Iglesia católica en las grandes batallas de principios del siglo XX entre la República y la Iglesia. Y hoy debe hacerlo frente al islam, que no conoce esa separación y que se expande en el espacio público mediante velos, salas de oración, reivindicaciones religiosas... No se trata de una discriminación. Las demás religiones pasaron por lo mismo. Por eso hoy el islam debe estar sometido a reglas estrictas de separación entre lo espiritual y lo temporal, entre lo privado y lo público.
–Plantea un panorama bastante pesimista para Europa plegada al wokismo y a la islamización ¿cree que aún hay tiempo para revertir esta tendencia?
–Europa está al mismo tiempo asediada e invadida por el islam y destruida desde dentro por el wokismo. La conjunción de ambos fenómenos es lo que llamo el pacto germano-soviético: dos enemigos que se alían para destruirnos antes de enfrentarse entre ellos. Hay que combatir ambas cosas.
Hay que combatir el islam deteniendo primero la inmigración, que alimenta permanentemente la máquina demográfica, y aplicando las reglas de la laicidad que relegan el islam al ámbito privado. Y también hay que combatir el wokismo recuperando el control de las universidades, hoy dominadas por esta ideología, y librando una batalla cultural contra la deconstrucción y la fascinación por las minorías, ya sean LGBT, raciales o de otro tipo.
Éric Zemmour, líder de Reconquista
–¿Qué medidas aplicaría si llega a la Presidencia de Francia?
–Es bastante sencillo. En primer lugar, convocaría un gran referéndum sobre inmigración para cerrar todas las vías de entrada en Francia: reagrupación familiar, derecho de asilo, permisos de estudiante, acceso sanitario y también limitar drásticamente la inmigración laboral, que además ya es reducida. ¿Por qué un referéndum? Porque actualmente, si se pasa por el Parlamento, el Consejo Constitucional bloquea cualquier medida seria de restricción de la inmigración. Por eso hay que acudir directamente al pueblo.
En segundo lugar, pondría en marcha un gran plan de ahorro presupuestario. Francia está sobreendeudada. Tiene más de 3,4 billones de euros de deuda. Debemos hacer lo que hizo España hace diez años: reducir masivamente el gasto público y bajar impuestos para devolver vitalidad al tejido económico francés, que está asfixiado por la presión fiscal.
El islam y el 'wokismo' son dos enemigos que se alían para destruirnos antes de enfrentarse entre ellosLíder de Reconquista
–Habla de frenar los flujos migratorios, pero ¿qué ocurre con la inmigración que ya está asentada en Francia?
–Es una muy buena pregunta. Los demógrafos distinguen entre el flujo y el stock. El flujo es la inmigración que llega; el stock son las personas que ya están presentes en el país. Respecto a quienes están legalmente en Francia y trabajan con un permiso de residencia, podrán permanecer hasta el final de dicho permiso. En cuanto a los extranjeros delincuentes o encarcelados, serán expulsados y enviados a sus países de origen. Y si esos países se niegan a aceptarlos, serán enviados a otros países financiados para acogerlos. La Unión Europea ya autoriza este tipo de medidas.
Después están las personas con doble nacionalidad: franco-argelinos, franco-marroquíes, franco-tunecinos, franco-malienses, etcétera. Conservan la nacionalidad de sus padres y abuelos. Por tanto, si cometen delitos graves como tráfico de drogas, violaciones o asesinatos, se les retirará la nacionalidad francesa y serán expulsados como extranjeros. Además, tenemos un problema de asimilación. Desde hace cuarenta años, las autoridades francesas han renunciado a hacer nada al respecto. Nosotros restableceremos las normas de la asimilación.
Esto es convertirse en francés, apropiarse de la cultura, las costumbres y las tradiciones francesas, y abandonar aquellas prácticas incompatibles con ellas. Llevo años defendiendo la obligación de dar nombres franceses a los hijos. No es una medida discriminatoria, sino un principio de asimilación. Prohibiremos el velo en la calle, limitaremos las grandes mezquitas y cerraremos las mezquitas salafistas y vinculadas a los Hermanos Musulmanes. Si las poblaciones arabo-musulmanas quieren quedarse en Francia, deberán aceptar la asimilación francesa. Si desean practicar rigurosamente la sharía, tienen cincuenta países donde pueden hacerlo. La práctica estricta de la sharía es incompatible con Francia. Quienes acepten el Código Civil francés y la asimilación serán bienvenidos.
Llevo años defendiendo la obligación de dar nombres franceses a los hijosLíder de Reconquista
–En España, el debate sobre identidad nacional y unidad territorial sigue muy presente. ¿Qué paralelismos encuentra entre la situación española y la francesa?
–Si España no hace nada y continúa con la política actual de los socialistas, terminará viviendo lo mismo que Francia. Los españoles deberían mirar a Francia para entender los peligros de las políticas actuales. Respecto a la preferencia nacional, consiste en dar prioridad a los ciudadanos nacionales frente a los extranjeros. Es la propia razón de ser de la nación. Si los ciudadanos de un país no tienen ventajas respecto a los extranjeros, la nación deja de existir.
En Francia no se puede ser funcionario siendo extranjero, y eso no escandaliza a nadie. No veo por qué habría que conceder viviendas sociales o ayudas públicas a extranjeros que no han contribuido al sistema. Esas ayudas deberían reservarse a los franceses. Si no existe preferencia nacional, acabaremos con una preferencia extranjera. En Francia, cerca del 50 % de los argelinos, marroquíes, africanos en general, viven en viviendas sociales, mientras que los franceses modestos apenas acceden a ellas. Esa desigualdad me parece escandalosa.
Los españoles deberían mirar a Francia para entender los peligros de las políticas actualesLíder de Reconquista
–El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de aprobar la regularización de medio millón de inmigrantes….
–Este tipo de regularización es incompatible con las reglas del espacio Schengen. Cuando se creó Schengen en 1985, la libre circulación estaba pensada únicamente para los ciudadanos de los países miembros, no de los extranjeros. Más tarde, con el Tratado de Ámsterdam, ese derecho se extendió. Eso permite que alguien a quien Francia niega un visado pueda obtenerlo en España, donde las políticas son más laxas, y después entrar en Francia gracias a Schengen. Es escandaloso.
Por ello, debe suprimirse el visado Schengen tal y como funciona hoy. Y si eso no basta, habrá que volver a las fronteras nacionales. De hecho, Alemania y Francia ya están recuperando parcialmente sus controles fronterizos. He leído –aunque no sé si es exacto– que el 80 % de esos inmigrantes regularizados [en España] son hispanoamericanos. Si es así, existe una diferencia respecto a la inmigración arabo-musulmana y africana que recibe Francia. Prefiero inmigrantes hispanoamericanos, porque son católicos y culturalmente más cercanos, antes que inmigrantes musulmanes con costumbres que considero antagonistas respecto a la sociedad francesa.
Eso no significa que no haya problemas con estos inmigrantes. Siempre existen tensiones entre pueblos distintos. Ya las hubo entre italianos y franceses en el siglo XIX. Pero no es comparable con una civilización que lleva mil años en oposición a la civilización occidental y cristiana.
Éric Zemmour, líder de Reconquista
–Comparte buena sintonía con Donald Trump, ¿cómo ve la guerra en Irán?
–Distingo entre la política interior y exterior de Trump. En política interior, Trump encarna un movimiento ideológico más amplio: el despertar de los pueblos occidentales, que descubren que son mortales y que no quieren desaparecer, sino recuperar su identidad, especialmente la basada en el cristianismo. En ese sentido, Trump está muy cerca de mí. Yo defendía esas ideas antes incluso de conocerlo. Coincidimos en muchos temas, especialmente en inmigración y cuestiones culturales, y estoy satisfecho con muchas de las medidas que ha tomado en ese ámbito.
En política exterior, cada uno defiende los intereses de su país. Trump es un patriota estadounidense; yo soy un patriota francés. Respecto a Irán, Francia es más bien un observador. Intento comprender las motivaciones de cada actor. Entiendo el papel de Estados Unidos y su rivalidad con China, ya que China es el principal comprador del petróleo iraní.
De momento nadie ha ganado. Irán resiste y, en una guerra asimétrica, quien no pierde ya ha ganado parcialmente. Ustedes, en España, inventaron la guerrilla moderna durante las guerras napoleónicas, y eso sigue siendo válido hoy. Creo que ahora son los iraníes quienes tienen más prisa para llegar a un acuerdo, porque si su petróleo deja de salir al mercado, eso podría destruir su capacidad petrolera y arruinar el país.