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Luis García CasasBonn

Alternativa para Alemania acaricia una nueva victoria electoral en otro estado y duplicaría sus votos en Berlín

Alternativa para Alemania aspira a replicar el éxito obtenido en Sajonia-Anhalt. Aunque es poco probable que consiga gobernar en la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en la ciudad estado de Berlín, son dos elecciones importantes para ver si toma impulso la carrera del partido hacia la Cancillería federal

Propaganda de AfD en el Estado de Mecklenburg-Occidental Pomerania

Propaganda de AfD en el Estado de Mecklenburg-Occidental PomeraniaJohn Macdougall / AFP

Nunca unas elecciones regionales alemanas habían acaparado tanta atención internacional como las de Sajonia-Anhalt hace dos semanas. Ni siquiera dentro de la propia Alemania. La arrolladora victoria del partido Alternativa para Alemania (AfD) ha hecho que, antes incluso de que se aclare si va a conseguir formar allí gobierno, todas las miradas estén puestas ahora en las siguientes, que tienen lugar este domingo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en el noreste del país, y en la ciudad estado de Berlín.

El éxito de AfD en Sajonia-Anhalt puede dar un impulso al partido en ambas contiendas. Por un lado, por el conocido como efecto «vagón de cola», arrastrando a los indecisos a apostar por un partido que ha demostrado ser una opción ganadora y mayoritaria. Y, por otro, porque la polarización que ha provocado el debate en toda Alemania sin duda impulsará la participación. Y eso puede favorecer a AfD, ya que entre los abstencionistas descontentos con el sistema el partido encuentra muchos adeptos.

Podrían suponer unos peldaños más en el ascenso del partido hacia, según aspira a llegar, la Cancillería federal. Es una meta a la que difícilmente puede llegar sin gobernar en ninguna región. Sería un paso que le permitiría desarrollar sus políticas, ofrecer resultados y ayudar a resquebrajar la las dudas de los otros partidos y de sus potenciales votantes indecisos. Pero si la aplastante victoria en Sajonia-Anhalt no ha garantizado la formación de un gobierno regional encabezado por AfD debido al «cordón sanitario» levantado por el resto de partidos, es poco probable que consiga gobernar estas otras regiones.

En cualquier caso, la situación en los Länder (el nombre que reciben las regiones alemanas, equiparables a las Comunidades Autónomas en España) de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y de Berlín son muy distintos, así que merecen análisis separados.

Mecklemburgo-Pomerania Occidental

Se trata de una zona del tamaño de Valencia, pero con 1,57 millones de habitantes y bañada por las gélidas aguas del Báltico. Es la región con menor densidad de población de Alemania y la que tiene menor porcentaje de extranjeros. También es la segunda con menor renta per cápita, sólo por detrás de Sajonia-Anhalt. Sin embargo, sus playas y sus impresionantes ciudades hanseáticas, como Stralsund, cuyas iglesias medievales un día fueron las torres más altas del mundo, son un destino turístico muy apreciado en Alemania.

Lleva 28 años gobernada por el Partido Socialdemócrata Alemán (PSD), pero todas las encuestas dan por segura una victoria del AfD, con en torno al 35 % de los votos, aunque sin una mayoría suficiente para formar gobierno. Y eso que, en esta región, el partido sacó en las anteriores elecciones mejores resultados que los que le auguraban las encuestas. La actual presidenta regional, Manuela Schwesig, con una intención de voto del 30 %, deja claro cuál es el enemigo a batir al definirse en su eslogan de campaña como «la mujer contra el azul», en referencia al color de la AfD (en unos carteles sobre fondo rojo).

El candidato de AfD, Leif-Erik Holm, es un antiguo locutor de radio que, sin tener el carisma de Ulrich Siegmund en Sajonia-Anhalt, ha sabido conectar con el descontento del público en una campaña centrada en las cuestiones económicas. Su lema de campaña es «preparados para el cambio azul» y su latiguillo constante ha sido que las élites no entienden los problemas de la gente de a pie. «Los de ahí arriba contra nosotros aquí abajo», ha repetido constantemente.

La Unión Cristiano Demócrata, por su parte, sacaría en torno al 8 % de los votos, por detrás incluso de La Izquierda (11 %), profundizando la debacle electoral de Sajonia-Anhalt y metiendo más presión al canciller Friedrich Merz, que atraviesa sus horas más bajas de popularidad, pero que no da señales de estar dispuesto a que los nefastos resultados regionales hagan mella en el gobierno a nivel federal.

«Berlín es pobre, pero sexy»

El caso de Berlín es distinto. Ahí el resultado se antoja mucho más ajustado. Las encuestas otorgan una escasa ventaja al partido La Izquierda frente a la CDU (que gobierna en la actualidad después de una larga serie de gobiernos socialdemócratas), con en torno a un 20 % de intención de voto cada uno. Y un tercer puesto, con el 18 %, para una AfD que, no obstante, aspira a dar el campanazo con un sorpasso doble. El hecho de que, por primera vez la edad para votar sean los 16 años, añade un poco de incertidumbre al resultado.

Si en Sajonia-Anhalt y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental la CDU ha evitado involucrar mucho a Merz en la campaña por si pudiera restar votos, aquí sí que ha participado más el canciller. Y no sólo por una cuestión de ubicación. El jueves participó en el acto central del partido reivindicando cierta mejoría económica (esgrimiendo un exiguo crecimiento económico después de tres años de estancamiento) y rechazando expresamente la xenofobia, en clara alusión a AfD. «Alemania es un país de inmigrantes y seguirá siéndolo», clamó. «Sin los muchos inmigrantes que trabajan en Alemania muchos hospitales no funcionarían», puso como ejemplo.

La candidata de La Izquierda, Elif Eralp, con muchas opciones de llevarse la victoria según las encuestas, tendría también difícil, sin embargo, obtener apoyos para formar gobierno. Demasiado radical, consideran. Ella hace gala de sus orígenes turcos y no oculta que su inspiración es el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. El estado federado de Berlín es de grande como el municipio de Madrid y su cinturón urbano juntos. Tiene 3,7 millones de habitantes, entre los que hay más de ochocientos mil extranjeros y casi setecientos mil alemanes con, como dicen aquí eufemísticamente, «trasfondo migratorio».

Sin embargo, la campaña electoral, a pesar de ese intento por llevar el debate a una cuestión identitaria, ha estado casi acaparada por el problema de vivienda que vive la capital alemana. La Izquierda pretende arreglarlo limitando los precios y los alquileres turísticos, construyendo vivienda social e, incluso, expropiando a los grandes propietarios inmobiliarios. Esta medida fue incluso llevada a referéndum hace unos años y resultó ser bastante popular, pero su ejecución se ha ido postergando.

La receta de la AfD para la escasez y los excesivos precios de la vivienda pasa por la desregulación, las ayudas controladas al alquiler y, por supuesto, el rechazo a las expropiaciones. Su candidata, Kristin Brinker, que es arquitecta, ha sabido construir un argumentario juntando ambos temas de campaña: «Vivienda primero para los berlineses», exige.

Un alcalde-gobernador de la capital, el socialdemócrata Klaus Wowereit, popularizó hace más de veinte años la expresión «Berlín es pobre, pero sexy», que se ha convertido casi en un eslogan de la ciudad. Los partidos tratan aquí de cortejar a los votantes a través del principal problema que tiene el bolsillo de la gran mayoría de ellos. Pero, aunque Berlín sea un termómetro político importante, sobre todo para medir el apoyo que todavía le resta a Merz, más allá del efecto propagandístico que tendría una victoria de AfD no resulta decisivo a nivel federal. De hecho, pocas veces gana en las elecciones generales el partido que gobierna en la capital.

Así que la principal incógnita de estas elecciones, tanto en Berlín como en Meklemburgo-Pomerania Occidental, es comprobar si el ascenso de AfD continúa imparable como hasta ahora o se estanca. Quizá no consiga gobernar en ninguna región todavía, pero ha empezado una ola azul que, si mantiene su fuerza, podría acabar barriendo al final al gobierno de Merz. Pero, desde luego, no parece que vaya a ser este fin de semana.

¿'Derecha', 'ultraderecha' o 'extrema derecha'?

No está de más aclarar que los medios alemanes se refieren a AfD como un partido «populista de derechas» o de «ultraderecha», lo que en español suena más radical que «extrema derecha». Sin embargo, este último término tiene en Alemania una connotación que no tiene en otros países, porque una designación así puede situar a una organización fuera de la legalidad. La Oficina Federal de Defensa de la Constitución (BfV) designó al partido AfD en Sajonia-Anhalt como organización «extremista de derecha confirmada», no así en Berlín ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Esa designación, que le atribuyó en Sajonia-Anhalt por considerar que su forma de concebir a los nacionalizados con origen extranjero como alemanes de segunda vulnera los principios fundamentales de la Constitución alemana, le otorga a los servicios secretos internos la potestad de vigilar de cerca a la organización. De espiarla, vamos, con agentes infiltrados y pinchazos telefónicos incluidos. Y, llegado el caso de que se considere que pone en peligro el sistema democrático, incluso se puede plantear una ilegalización.

Ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental ni en Berlín el partido tiene esa consideración, por eso en este caso no se refieren a AfD como de «extrema derecha», sino como «ultraderecha», que aunque nos suene más fuerte, en Alemania simplemente significa que está más a la derecha que la CDU, pero dentro del espectro político constitucional. Es decir, no es sólo un debate de adscripción política, sino también jurídico.

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